Juan Antonio recibe el aplauso de sus alumnos mientras va camino de la salida del colegio.

Juan Antonio recibe el aplauso de sus alumnos mientras va camino de la salida del colegio. Facebook

La Jungla

La genial despedida de un colegio de Huelva a uno de sus maestros tras 32 años de trabajo

En la Jungla. Los alumnos y profesores del Sutefie, el único colegio de Zufre, un pueblecito de poco más de 800 habitantes, se organizaron para rendir un último homenaje a uno de sus mejores docentes.

José Andrés Gómez

Zufre es un pueblecito situado en la Sierra de Aracena (Huelva) que, con poco más de 800 habitantes, tiene un único colegio público, el Sutefie. Juan Antonio González, uno de sus maestros, ha dedicado 32 años de su vida a formar a los chavales que un día llegaron hasta sus aulas. El pasado 9 de enero fue su último día de clase. Juan Antonio se jubilaba y sus compañeros y alumnos perpetraron un plan para rendirle un genial homenaje justo en el momento de encarar, por última vez, la puerta de salida.

"Serían las dos menos cuarto de la tarde cuando decidí salir. De repente, comienzo a encontrar chavales en la puerta de la biblioteca. Los alumnos ya me habían pasado algunos textos muy bonitos de despedida pero no esperaba nada de esto", cuenta Juan Antonio, aún emocionado al otro lado del teléfono. "Cuando pensaba que todo había terminado, bajé las escaleras y me encontré ese enorme pasillo con los alumnos aplaudiéndome en el patio. Giré a la izquierda y aún había más gente. No terminaba de creérmelo. Ahí me empecé a derrumbar. Menos mal que el trayecto no era muy largo y no pude ni pararme", bromea.

Según sospecha este zufreño de adopción, que llegó al pueblo "antes de que muriera Franco", el plan fue ideado por su hermano Santiago y el actual director del centro, Diego Meca, al que él mismo dio clase en el Sutefie cuando era un chaval y al que, años después, se ha encontrado en el mismo centro, ya como docente. Una cadena de mensajes de Whatsapp entre alumnos, maestros y vecinos del pueblo hizo el resto. 

Juan Antonio, una semana después del eterno aplauso que aún resuena en su cabeza, sigue pensando que no hizo nada más allá de dedicarse a los chavales de una forma absolutamente vocacional. "Siempre dije que para mí lo primero eran mis alumnos. He vivido por y para la enseñanza. Y los mejores momentos de mi vida los he pasado como maestro en el Sutefie, organizando salidas con ellos o intentando trasladar el aula a la calle", confiesa.

En 32 años de carrera profesional, ha hecho de todo: "Habré sido director del colegio unos 18 años. Como docente he impartido prácticamente todas las asignaturas: Matemáticas en Secundaria, Dibujo y hasta Música. Últimamente, y en vistas a mi jubilación, estaba adscrito a Primaria como maestro de apoyo".

Sentía que tenía que dar paso a toda una generación que viene detrás con nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas

Juan Antonio, que también fue alcalde de la localidad durante cuatro años, tomó la decisión de marcharse de las aulas antes del verano. Lo tenía perfectamente meditado. "Sentía que tenía que dar paso a toda una generación que viene detrás con nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas". Y así lo hizo. Llevó a cabo los trámites burocráticos pertinentes y mandó una carta de despedida a las familias de Zufre. 

El pasado lunes fue el último día en el que este maestro se manchó las manos de tiza y contó a sus alumnos uno de sus habituales chistes con los que amenizaba las clases. Cogió su maletín negro y salió por la puerta. Sin embargo, le aguardaba una última sorpresa. El vídeo que narra sus últimos pasos por el centro ha sido reproducido más de 240.000 veces en una semana y lo han compartido alrededor de 2.500 personas. 

Mientras habla con EL ESPAÑOL, Juan Antonio se sincera y reconoce que también lo han llamado de una televisión para contar su historia. "Había estado dándole vueltas porque el tema de la imagen no me hace mucha gracia, pero creo que lo voy a hacer. No puedo hacerle un feo a la gente que estuvo ahí". Esa gente que aprendió con él que, más allá de las Matemáticas o el Dibujo, la mejor lección, a veces, es el más sincero de los aplausos.