Rafael Vergara, director del IES La Campiña.
Rafael, director del colegio con más solicitudes que plazas y un 13,95 en la PAU: "Tienen que estudiar lo que les gusta y sirva"
Rafael Vergara, jefe del equipo directivo del IES La Campiña, considera que la Selectividad, lejos de evaluar el talento del alumnado, "sirve para homologar la Educación".
Más información: Cayetano Barrera, tajante sobre su 13,925 en Selectividad en Sevilla: "Aquí no me han regalado nada"
Rafael Vergara (55) lleva más de dos décadas dedicándose a la enseñanza en la Educación Secundaria y Bachillerato.
Primero fue como profesor de Historia de España e Historia del Arte y luego como director del centro público en el que trabaja, el IES La Campiña, en Sevilla.
Fue en este instituto en el que estudió Cayetano Barrera, el joven que sacó la tercera mejor nota de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en la citada provincia en 2025. Un 13,925 concretamente.
Ahora, Vergara habla con EL ESPAÑOL sobre las claves de la enseñanza. Sus luces y sombras. También explica la utilidad del modelo de examen implantado tras la pandemia del Covid-19 durante los años posteriores a esta y la presión que impera en la etapa de Bachillerato.
P.— ¿Ha sido la primera vez que un alumno del centro queda entre los tres mejores de Sevilla en Selectividad?
R.— Sí. Otras veces sí hemos tenido los mejores expedientes o las mejores notas de acceso a diversas facultades en la Universidad de Sevilla. Nos ha pasado tres o cuatro veces, pero que quede dentro de los tres primeros es la primera vez.
P.— ¿Cómo recibió el centro la noticia?
R.— La jefatura de estudios y el profesorado de segundo de Bachillerato, sobre todo, se alegraron muchísimo por el chaval porque es muy buenísimo, pero como otros muchos que tenemos.
Al final no deja de ser una anécdota. Muchas veces, la diferencia entre una nota y otra son milésimas. Lo fundamental es que el trabajo está bien hecho.
P.— ¿Cuál es la media de la nota de Selectividad en su centro?
R.— No la sabemos porque ya no sale un ranking unificado de Andalucía sobre las notas.
Ahora mandan datos desagregados por materia y estos sí los comparo con centros similares y con la media de la comunidad. Sé que, en general, en casi todas las materias estamos por encima de las medias.
P.— ¿Cómo trabajan con los alumnos en Bachillerato? ¿Utilizan algún método que los diferencie?
R.— No. Lo que intentamos es que nuestro alumnado, tanto de la ESO como de Bachillerato, se forme en un ambiente cercano, de respeto. Pero también de trabajo codo a codo con el profesorado.
Exigimos, pero de un modo amable. Intentamos llevar a todo el alumnado al máximo de sus posibilidades e intentamos hacerlo con una sonrisa, que es lo difícil. Creo que, en general, lo conseguimos.
Somos un centro que tiene más solicitudes que plazas. A eso se suma que en Bachillerato tenemos los alumnos adscritos del San Albino (alumnos del municipio de Parada). De hecho, Cayetano venía de allí. Esto demuestra que la conexión y el tránsito que hacemos funciona.
P.— ¿Cree que el modelo Covid que se ha implementado durante los últimos años ha perjudicado o beneficiado al alumnado? ¿Por qué?
R.— El modelo Covid daba mayor capacidad de elección al alumnado basada en periodos de formación online con ciertas carencias.
El alumnado ha trabajado y se ha preparado sin estas dificultades y se han encontrado un modelo con más optatividad. Esto ha hecho que las notas suban y los accesos se hayan encarecido. Ahora que se se ha eliminado esa capacidad de elección las notas van a bajar.
Para mí, el modelo Covid tenía sentido en el 2020 y, si me apuras, en el 2021. Pero después yo creo que no. El alumnado ha hecho todo su Bachillerato en igualdad de condiciones.
Quizás nos hemos excedido en el tiempo. Pero eso son decisiones que se toman en otro nivel que no es la dirección de un centro.
P.— ¿Cuál es el gran hándicap del modelo de enseñanza actual en Bachillerato?
R.— Es un tópico, pero la ratio. Estamos en una ratio de 35 y siempre tenemos las aulas llenas.
Son grupos numerosos, con niños que están acostumbrados a participar y hablar mucho. Esto dificulta la atención personalizada.
Además, el alumnado está muy acostumbrado a las pantallas, reels cortos y un zapping continuo.
En cuanto a las materias -que también originan debates- estas van cambiando desde que el sistema educativo existe. El alto número de optatividad no está mal. El alumno tiene que estudiar lo que le gusta y le sirva.
P.— ¿Considera que la Selectividad evalúa realmente el talento del alumnado?
R.— El modelo actual de la prueba de acceso es un modelo competencial y, por tanto, se evalúan fundamentalmente las competencias. Pero eso no quita que sea una prueba puntual y que evalúe el rendimiento de un día concreto. No mide realmente la capacidad del alumno.
Tiene que haber algún modelo para uniformar lo que damos y el nivel de exigencia. Porque sabemos que los profesores pueden exigir y facilitar las cosas al alumnado de distintas formas. Las notas pueden ser más asequibles o menos asequibles en unas asignaturas que en otras.
Cada uno tiene unas capacidades o una inteligencia encaminada hacia unas mayores potencialidades. ¿Mide eso la PAU? Yo creo que no, pero de alguna manera hay que homologar a los estudiantes, hay que hacer una prueba común que te sirva para luego acceder. Por eso creo que es necesaria.
P.—¿Se ejerce demasiada presión académica durante el Bachillerato?
R.— Segundo de Bachillerato es un curso estresante en sí mismo, no por la PAU. Lo fundamental es que es superar Bachillerato. Tienes que tener dos años buenos. Es decir, la presión no está en la prueba, sino en el acceso a la universidad.
No intentamos presionar al alumno. Nosotros exigimos para que el alumno termine su Bachillerato y dé lo máximo. Esa es una exigencia normal, natural del curso.
Por lo tanto, presión no, pero un alumno con 17 o 18 años que se presenta a una prueba que va a determinar su futuro tiene presión interna.
P.— ¿Cree que el nivel de exigencia en la enseñanza debe de ir acorde con las exigencias que tendrá el alumnado en su vida profesional?
R.— Evidentemente, salvando distancias. Un alumno de 14 años no es un profesional de 26. El alumno tiene o debe tener la capacidad de equivocarse, el que no se debe equivocar es el profesor, que para eso somos profesionales.
La educación es un arte, no una técnica. La exigencia tiene que ser continua y progresiva. Tienes que ir exigiendo más y enfocando a los chicos hacia las habilidades profesionales.
P.— ¿Cree que el sistema educativo premia más la memoria que el pensamiento crítico?
R.— Depende de la materia. Si hablamos de segundo Bachillerato, que tiene una prueba que consiste en solucionar problemas matemáticos, el pensamiento crítico y memorístico tienen poco que hacer.
En cambio, en otras como la Historia, el pensamiento crítico es fundamental, pero la memoria juega también un papel crucial.
Puedes ser una persona inculta y ser muy crítico, pero con una perspectiva equivocada y que no está basada en la realidad. La memoria y el pensamiento crítico son dos necesidades para cualquier persona con un poquito de formación.
No vale solo leer cuatro cosas. Hay que contrastar. Una cosa sin otra no vale. Si me hablas del sistema educativo, este le da preeminencia al pensamiento crítico, pero basado en la realidad.
P.— ¿Qué habilidades cree que deberían potenciarse más en Bachillerato?
R.— Ser capaz de ir a los clásicos. Leer, escribir y razonar. En ese orden. Los chicos leen poco. Quizás porque es más fácil ver vídeos. Pero leer es básico y fundamental.
Ver vídeos es muy interesante e instructivo. Pero necesitamos potenciar la lectura y en ello estamos. Necesitamos potenciar la capacidad de expresión, de escribir. La expresión oral; la comunicación lingüística en definitiva.
Los alumnos necesitan explicar las cosas bien. Hoy en día no vale solo con saber y repetir memorísticamente una cosa. Tienes que ser capaz de explicar, de convencer. La capacidad de razonamiento es fundamental, más que cualquier otra cosa.
P.— ¿Qué cambios introduciría en la Selectividad si dependiera de usted?
R.— Antiguamente había una prueba que no iba dentro de ninguna materia. Era un comentario de texto abierto. No era ni de Literatura ni de Historia.
Yo volvería a ese comentario. Que todo el mundo tuviera que hacer uno sobre un tema de actualidad.