Francesca Antonia Sedano Alcalá, de 22 años, y su amiga Jéssica Quezada Santos, de 19, desaparecieron el pasado viernes en Madrid.

Francesca Antonia Sedano Alcalá, de 22 años, y su amiga Jéssica Quezada Santos, de 19, desaparecieron el pasado viernes en Madrid.

Grandes Historias CUATRO DÍAS SIN DAR SEÑALES

Las dos jóvenes desaparecidas en la noche de Madrid dicen que fueron secuestradas y drogadas

Se les perdió el rastro el viernes pasado, cuando salieron a tomar algo por el centro de la capital. El novio de una de ellas, el magnate petrolífero Edward J. Hadeed, ha confirmado a EL ESPAÑOL que ambas han aparecido esta madrugada. 

David López Frías Andros Lozano

Jéssica Quezada Santos y Francesca Antonia Sedano Alcalá, las dos jóvenes con pasaporte británico desaparecidas la noche del pasado viernes en Madrid, han aparecido vivas esta pasada madrugada.

El novio de Jéssica, el magnate petrolífero Edward J. Hadeed, denunció en comisaría la desaparición de su pareja y la amiga de ésta. Hadeed ha confirmado a EL ESPAÑOL que las dos jóvenes, de 19 y 22 años, llegaron anoche al hotel en el que se hospedaban, ubicado en la Gran Vía de Madrid.

Jéssica Quezada Santos, una de los dos desaparecidas.

Jéssica Quezada Santos, una de los dos desaparecidas.

Las chicas, que presentan varios arañazos en distintas zonas del cuerpo, han explicado que alguien las drogó, las secuestró e, incluso, que intentaron violarlas. También han dicho que no recuerdan bien lo que les ha sucedido durante los cuatro días que no han dado señales de vida. Una versión con muchas lagunas

SALIERON SOLAS A DAR UNA VUELTA POR MADRID

Tenían que ir a presenciar un espectáculo de acrobacias en Alcobendas: el magnate petrolífero Edward J. Hadeed, de 51 años, su novia Jéssica de 19 y Francesca, una amiga de 22 años que pasaba junto a ellos las vacaciones en Madrid. Pero las chicas prefirieron irse de compras. Edward se marchó solo. A la vuelta, ellas ya no estaban. 

Jéssica Quezada Santos nació en República Dominicana, pero tiene pasaporte de Antigua y Barbuda, la isla donde vive desde hace 4 años. Francesca nació en la isla de Montserrat pero tiene pasaporte británico. A las dos jóvenes se les perdió el rastro el pasado viernes tras salir de un céntrico bar de copas de Madrid.

Ese día, en torno las doce de la noche, salieron de la cervecería madrileña La Cruz de Malta, próxima a la Puerta del Sol. Iban solas.

Edward J. Hadeed, magnate petrolífero.

Edward J. Hadeed, magnate petrolífero.

Era la primera vez que visitaban Madrid. Los tres se hospedaban en la habitación 106 del Hotel Tryp de la Gran Vía: Edward J. Hadeed, un rico empresario del sector petrolífero de 51 años, su novia Jéssica, y una amiga llamada Francesca que vive cerca de Mánchester (Inglaterra).

Llevaban cinco días de vacaciones en Madrid. El sábado tenían que volver a sus respectivos países. Pero todo se truncó la noche del viernes: "Teníamos entradas para un espectáculo de acrobacias en Alcobendas sobre las nueve de la noche. Pero ellas tardaron en arreglarse. Llegó la hora de marcharnos y las chicas aún no estaban listas. Me dijeron que me fuese yo solo y así lo hice", recordaba Edward.

CON 35 EUROS EN EL BOLSILLO

Poco después, las dos mujeres escribieron a Edward. Le dijeron que ellas se marchaban de compras por el centro de Madrid. Él les advirtió de que al día siguiente tenían que despertarse a las cinco de la madrugada para coger el avión de vuelta a casa. Pero ellas desoyeron las advertencias y salieron a quemar la noche. Sólo llevaban 35 euros y se dejaron los pasaportes en la habitación del hotel.

A la mañana siguiente, el sábado 24 de junio, Edward J. Hadeed presentó una denuncia en una comisaría madrileña. 

Jessica es poco menos que una celebridad en redes sociales. Es modelo, tiene 19 años, mide 1,60 metros, pesa 55 kilos, luce varios tatuajes en su cuerpo y tiene 330.000 seguidores en Instagram. 

Su amiga Francesca tiene 22 años y dos hijos. Mide 1,65 m., tiene el mismo peso que Jéssica y también luce tatuajes en la piel. Vestía una blusa azul con estampado de flores blancas. Ambas jóvenes son "mulatas" y tienen acento sudamericano. 

Los dos jóvenes salieron del bar y, a los pocos minutos, las dos chicas hicieron lo mismo. Ahí se les perdió la pista. Edward insistía en que a su novia y a su amiga las drogaron: "Ellas trabajan en el mundo de la noche. Están muy acostumbradas a beber alcohol. Son capaces de beberse tres botellas de vino y seguir caminando. Es imposible que se emborrachen con dos sangrías. Eso es zumo para ellas".