Vecinos de la calle Alcalde Sainz de Baranda, donde vivió Maricarmen durante más de siete décadas.

Vecinos de la calle Alcalde Sainz de Baranda, donde vivió Maricarmen durante más de siete décadas. EE

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La otra vida de Maricarmen según sus vecinos de Retiro: tardes de bingo, "malas formas" y "compras que dejaba a deber"

Aunque algunos vecinos cuestionan el relato sobre su desahucio, otros celebran que Maricarmen pueda regresar a la casa en la que vivió 71 años.

Más información: Los acampados en Sol se niegan a irse hasta que no se apruebe el decreto "de forma íntegra": "Va a ser imposible que nos muevan"

A. I. Ruiz
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"De pobre Maricarmen, nada. Se ha pegado unos viajes…".

La frase sale detrás del mostrador de Céspedes, la pastelería y bombonería que ocupa el local situado justo a la izquierda del portal número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda.

Quien la pronuncia es Juanjo y dice conocer a Maricarmen desde hace décadas, cuando el negocio todavía era de sus abuelos y mucho antes de que su nombre apareciera en pancartas, manifestaciones y titulares.

En esta calle del barrio del Retiro, donde el nombre de una mujer de 87 años ha dejado de ser el de una vecina más para convertirse en el de un conflicto nacional sobre la vivienda, no todos comparten el relato que ha llevado a miles de personas a la Puerta del Sol.

EL ESPAÑOL ha pasado el día frente al portal del que Maricarmen fue desalojada el pasado 23 de septiembre, hablando con vecinos, comerciantes e incluso con personas que, curiosas, se han acercado atraídas por la nueva placa colocada en la fachada.

Juanjo, dueño de la pastelería situada al lado del portal de Maricarmen.

Juanjo, dueño de la pastelería situada al lado del portal de Maricarmen. EE

Casi todos prefieren contar lo que piensan sin que aparezca su cara. Fernando y Carmen han terminado posando de espaldas y sólo Juanjo, el pastelero, accede a posar ante la cámara y contar, delante de su negocio, cómo recuerda a la mujer cuya vuelta a casa divide ahora al barrio.

Como publicó EL ESPAÑOL, tras el desahucio de Maricarmen, Urbagestión y los representantes de la mujer alcanzaron un acuerdo mediado por la EMVS para que pudiera regresar a la vivienda cuando reciba el alta, con un nuevo contrato de ocho años y una renta que no superará el 30% de sus ingresos netos, una cantidad que se sitúa en torno a los 500 euros mensuales.

El Sindicato de Inquilinas aseguró ayer que la anciana continúa en planta en el Gregorio Marañón sometiéndose a pruebas y que su estado de salud sigue siendo "realmente complicado".

Lejos de Sainz de Baranda, la acampada de la Puerta del Sol encara ya su sexta noche y mantiene centenares de personas en sus tiendas.

El Sindicato de Inquilinas ha anunciado que continuará la protesta y que este jueves habrá caceroladas frente a los ayuntamientos, con nuevas movilizaciones el fin de semana.

Este 1 de octubre, además, entra en vigor el primero de los nuevos reales decretos de vivienda aprobados esta semana por el Gobierno, bautizado ya como el 'Decreto Maricarmen'.

Sin embargo a unos kilómetros de Sol, la conversación era otra.

Cuentas a deber

Isabel está delante del portal 46 mirando la placa. La lee, vuelve a mirarla y niega con la cabeza.

En ella se puede leer: "Aquí fue desahuciada Maricarmen, de 87 años, vecina de esta casa desde 1955, gracias a Ricardo Alonso Fernández y a Fernando Alonso Fuentes, dueños de Urbagestión, el día 23 de septiembre de 2026".

La inscripción ha convertido esta fachada en una suerte de lugar de memoria improvisado del desahucio, lo que ha provocado más de una discusión en la calle.

"La gente trabaja como una negra y ahora parece que aquí todo el mundo tiene que colocarse de parte de Maricarmen porque es una anciana, cuando las cosas son bastante más complicadas que eso", dice esta vecina, que considera que la movilización alrededor del portal ha distorsionado lo que, desde su punto de vista, ha ocurrido realmente.

Cuando recuerda el día de la manifestación debajo del portal, insiste en la distancia entre los cientos de personas que llegaron desde fuera y quienes viven realmente en la finca.

"Ninguna persona del edificio salió a apoyarla. Aquí se ha montado todo esto con gente que ha venido de fuera, pero los que vivimos aquí sabemos cómo ha sido la convivencia y tenemos nuestra propia opinión”, asegura.

"Es una déspota. Tiene machacado al portero y a mí me sienta mal que vuelva, porque parece que aquí los de fuera son los que tienen derecho a decidir quién tiene razón y quién no", sostiene.

Isabel considera especialmente grave que aparezcan los nombres de los propietarios. "Nombrar en la placa a esos dos señores es levantar el odio. Una cosa es contar que aquí hubo un desahucio y otra señalar con nombre y apellidos a dos personas en la puerta de su casa o de su negocio", sentencia.

El pastelero de Céspedes tampoco quiere que la placa permanezca allí. "Eso hay que quitarlo, de hecho, hemos llamado esta mañana a la policía para que la retire. No puedes convertir ahora la fachada en una pancarta contra dos personas”, explica.

La historia empieza mucho antes, cuando Maricarmen todavía era una clienta más de la pastelería y la relación con su familia, según su versión, empezó a deteriorarse.

Recuerda especialmente la manera en que, a su juicio, se dirigía a sus padres y atribuye a ese trato buena parte de la mala fama que conserva entre algunos comerciantes de la calle.

"Tenías que ver cómo nos hacía la vida imposible cuando venía a comprar. Llegaba diciendo que era funcionaria y que ella podía hacer lo que quisiera y dejar compras a deber, como si por ser funcionaria tuviese una autoridad especial sobre mis padres”, cuenta.

El relato del pastelero habla además de "ilegalidad" al referirse a un suceso ocurrido el día de la manifestación contra el desahucio.

Explica que parte de su familia vive en el número 44 y que durante las protestas algunos manifestantes utilizaron la azotea de Maricarmen para alcanzar la del edificio contiguo y colgar una pancarta.

"Les dejó la llave para que subieran, saltaron a la azotea de al lado, a la de mis padres, que terminaron cortando la pancarta", asegura.

"Todo esto ha ido generando un malestar que al principio nadie decía nada porque somos educados y por eso nos hemos quedado callados, pero ya no”, afirma.

Según el propietario de Céspedes, esa acumulación de malestar explica también la ausencia de vecinos en las concentraciones.

"No encontrarás a nadie de su bloque manifestándose. Por algo será, ¿no? Si a una persona de verdad le están haciendo la puñeta, yo soy el primero que salgo", concluye.

¿Pobre Maricarmen?

En una calle donde muchos de los edificios tienen décadas de historia, los recuerdos se parecen entre sí.

Así, una mujer que lleva 56 años viviendo en Alcalde Sainz de Baranda cuenta a este periódico que no entiende la conmoción que ha provocado el caso mientras observa la placa.

"Este barrio ha sido siempre caro, pero aquí ha habido pisos de 40 metros cuadrados, como el mío, de 60, de 90 y de 100, y cada uno ha vivido como ha podido. Si quieres vivir aquí, tienes que pagar lo que hemos pagado todas”, sostiene.

Lo que más le molesta, asegura, es que se haya dibujado a Maricarmen como alguien que no tuvo ninguna posibilidad de encontrar una salida.

Recuerda que era "funcionaria", que "vivía con sus padres" y que, según su percepción, "tuvo años para ahorrar".

"Todas nosotras lo hemos hecho poquito a poco: hipotecarnos y no irnos de vacaciones todos los fines de semana como ella ¿Y ahora parece que hay que sentir una pena enorme porque una señora quiere seguir viviendo en un barrio que ha sido caro toda la vida?”, dice.

"Iba bastante al bingo; y ahora tanta pena, tanto 'pobre Maricarmen'... Le han ofertado un piso no muy lejos de aquí y no ha aceptado”, argumenta la señora.

"Debe volver"

No todos hablan así de ella. Antonio, vecino también del barrio desde hace más de 5 décadas, se solidariza con su vecina: “Me parece una barbaridad. Es sólo una anciana. Lo bueno es que ahora se ha arreglado y vuelve otra vez”.

No es el único que opina algo así. "Yo me alegro mucho de que vaya a estar de vuelta", afirma el camarero del bar de la esquina, 'El Paleto'.

Una mujer que sale del mismo portal de Maricarmen después de trabajar en una casa tampoco comparte el tono más duro. Dice que no le gusta la placa porque teme "que pueda generar represalias", pero cree que Maricarmen "debe volver".

Otro vecino, que no quiere dar su nombre, admite que no simpatiza especialmente con Maricarmen, pero considera que el caso ha conseguido sacar a la superficie "una cuestión que afecta a todos".

"Esto ha venido bien porque ha salido el problema gordo: los alquileres están muy altos y ya no los puede pagar ni la gente joven ni la gente mayor”, afirma.

Hay quien se ha acercado de manera curiosa a informarse de primera mano de la situación y a ver la plaza con sus propios ojos. Es el caso del antiguo conserje del portal 43, que se ha acercado al portal de Maricarmen "para intentar entender semejante revuelo".

Recuerda que edificios como este se destinaron en su origen "a funcionarios de cierto nivel" y confiesa que ha venido precisamente para conocer de primera mano la situación "antes de sacar sus propias conclusiones".

Otros, deciden pasarse para hacer la fotografía a la placa e irse.

En la frutería de la misma calle, sin embargo, reconocen ya no quieren saber mucho más del asunto.

Llevan varios días respondiendo a las mismas preguntas, atendiendo a periodistas, curiosos y manifestantes, y la dependienta reconoce que la situación les ha terminado agotando, especialmente "después de las pérdidas" que, según cuenta, les ocasionó "la jornada del desahucio".

"Estamos ya saturados. Hubo muchas pérdidas y precisamente contentos no estamos. Ya está prohibido hablar aquí del tema, porque estamos hartos de que todo el mundo venga a preguntarnos por ella”, explica.

Maricarmen, mientras tanto, sigue ingresada en el Gregorio Marañón y todavía no hay una fecha conocida para su regreso al número 46.

Mientras la mujer espera desde una habitación de hospital, la acampada de la Puerta del Sol afronta ya su sexta noche, el Sindicato de Inquilinas mantiene que "no hay fecha para levantarla" y ha convocado nuevas movilizaciones para este jueves y para el fin de semana.