E.E.

Reportajes 10 años de la aplicación

Historias de Tinder para no dormir: del horror de la chica que era chico al chantaje sexual con fotos

"Para encontrar lo bonito, antes hay mil historias de horrores", dice Carmen. Ella y otros 7 usuarios cuentan sus experiencias más nefastas.

24 septiembre, 2022 03:03

Una semana como ésta, pero de 2012, los norteamericanos Sean Rad, Justin Mateen y Jonathan Badeen lanzaban al mundo una aplicación que, diez años después, ha revolucionado en gran medida el modus operandi del ligoteo al poder hacerlo a través de una pantalla de móvil. Tinder sirve para ligar, bien sea para una única cita, esporádicas o, llegado el caso, para crear relaciones afectivas duraderas.

En una década, la aplicación Tinder ha monopolizado el sector de las citas en línea. Tiene más de 50 millones de usuarios en 2022, su principal público son los jóvenes de entre 18 y 25 años y según Forbes, en septiembre del pasado año facturó 33,8 millones de dólares en la tienda virtual de iPhone. La millonada la catapultó hacia las apps que más ingresos genera en todo el mundo.

Pero lo mismo que aporta ingresos, más que relaciones duraderas, Tinder sobre todo genera decepciones. "Muchas. Porque, para encontrar lo bonito, antes hay mil historias de horrores", cuenta a El ESPAÑOL Carmen, una usuaria de 45 años, soltera y sin compromiso.

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Para amateurs, el funcionamiento de esta aplicación es sencillo: introduces nombre, sexo, edad, ubicación y foto. Ahí es donde tiene un cometido fundamental la triquiñuela. Usar filtros para las fotos, o utilizarlas con un tiro de cámara tan favorecedor que es capaz de regalar 50 centímetros de altura al usuario, disminuir peso o, simplemente, poner una foto antigua, de las que quitan actualmente años, o poner una que no pertenece a la persona real. Así es como suelen darse las decepciones más comunes. Aquí, por tanto, no cuentan las rarezas, que se suelen detectar a la primera, la segunda o tercera cita, e incluso más tarde. 

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Eso fue lo que le ocurrió a Carmen, a Sergio, a Manuel, a Elena*... EL ESPAÑOL desgrana ocho casos de usuarios y usuarias de Tinder que mantuvieron citas, e incluso relaciones más continuadas, con contactos a través de la aplicación... y que acabaron horrorosamente mal.

Sergio y la chica-chico

Sergio es usuario de Tinder y tiene una máxima: huir de las fotos de las chicas que parecen modelos, "porque no existen, suelen ser perfiles falsos". ¿La experiencia más surrealista? Contactó con una chica de aspecto agradable y fotos reales. Tras hablar durante varios días "de lo divino y lo humano. Conectamos mucho y decidimos quedar en un bar".

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Llegó a la hora acordada y se sentó a esperar, pero su cita no aparecía por ningún lado. "Y de pronto se me acerca un hombre y me dice que es ella, que se había hecho pasar por una mujer". Su estupor fue mayúsculo, pero hubo más. "Me empezó a decir que todo lo que me había escrito era real, y que no importaba si él era hombre o mujer porque lo importante es el alma y el interior de las personas". Sergio pagó su consumición y se fue.

Un usuario, seleccionando a una chica que le gusta en Tinder.

Un usuario, seleccionando a una chica que le gusta en Tinder.

Elena, con un crédito

Elena era hasta hace cuatro o cinco años usuaria de Tinder. Lo dejó porque conoció a su actual pareja a la antigua usanza: de marcha en un bar. La aplicación que hacía años había borrado de su móvil volvió a su cabeza hace unos meses, cuando recibió una notificación del juzgado, en la que le reclamaban el pago de un crédito solicitado en 2018. Se quedó estupefacta, porque ni era cliente ni había pedido nada jamás a esa entidad bancaria.

"Los llamé, les mandé correos electrónicos y me dieron los datos. Un correo electrónico a mi nombre, mi DNI, y un teléfono que no era el mío", cuenta. Habían pasado tantos años que no recordaba que coincidiendo aproximadamente con la fecha de la petición del préstamo le había desaparecido el ordenador portátil de su casa. "En 2018, cuando lo eché en falta, llamé al chico con el que había quedado varias veces por Tinder y me juró y perjuró que él no había sido. Pero al llamar años después al teléfono con el que solicitaron el préstamo, y que ascendía ya a más de 700 euros, reconocí su voz".

"Yo a él lo dejé a la cuarta cita, durante una fiesta, porque no me gustaron varias cosas que le vi allí. Al teléfono, me reconoció que sí, que había pedido el préstamo a mi nombre, que me había suplantado la personalidad utilizando dos fotos del DNI y que había pedido un crédito y que se le había olvidado pagarlo. Pero que no lo denunciara, por favor, porque tenía antecedentes: ahora había rehecho su vida y podía ir a la cárcel. Vamos, que me cité con un delincuente".

Manuel y los jabones

Manuel entraba con el AVE en Atocha para pasar el fin de semana en Madrid y activó la geoposición de la aplicación. Contactó con una chica morena, "muy guapa" y quedaron para cenar en una esquina del Santiago Bernabéu. Al llegar en taxi se telefonearon. "Era el doble de grande que en la foto", dice Manuel, "pero quitando eso, era agradable, así que nos fuimos a cenar".

Durante la cena se contaron más o menos sus vidas. "Yo le dije que era autónomo, y ella, que era traductora, pero que lo que más le gustaba era la cosmética natural". Hasta ahí, todo bien. "Pero es que a continuación me dijo de sopetón que hacía jabones naturales con aceites usados, de los de freír... y que se los daba a los sin techo de Madrid para probarlos. Obviamente, no fuimos más allá del postre".

Carmen y el yogui 

Carmen vive en Sevilla y el chico con el que hizo match y que conoció luego en persona a través de Tinder vivía en una casa en la Sierra de Madrid. "Practicaba meditación y yoga, las terapias naturales... y cuando le conocí, no había mentido con su foto, era guapo y alto. Me gustó, me ilusioné, nos ilusionamos. Quedábamos en Sevilla, yo fui a verle a Madrid y me quedaba en un hotel... pasamos juntos unos dos meses, hasta que fui a su casa a quedarme. Ahí me di cuenta de que era un friki".

-¿Por qué? ¿Tenía algo en su casa raro?

-No, no. Porque se ve que ya tenía confianza y empezó a mostrarse tal y como era. Que una cosa es que a mí me guste el yoga y las terapias naturales y otra que me digan que se comunican con los extraterrestres.

"Ese fue el inicio de unas horas un poco angustiosas, porque me fui al día siguiente. Fue una cosa loquísima. Me decía que era como Neo, el de Matrix. Que vivíamos allí, en un mundo paralelo, pero que él era capaz de doblar cucharas y de pasar de un mundo a otro. Que su misión era despertar a la humanidad y que había seres superiores que hablaban a través de él. En resumen, que oía voces".

Al día siguiente cortó con él. "Se enfadó. Y a los pocos días, de madrugada, llamaron a la puerta de mi casa en Sevilla y era él. Al abrir me dijo que había sentido una llamada de las voces para viajar en autobús desde Madrid a mi casa y que las voces le decían que yo era la elegida. De buenas maneras le dije que no podía quedarse y lo llevé en coche a la estación de autobuses, le compré un billete de vuelta y lo despaché. Y le dije que como volviera a hacer algo así llamaría a la Policía".

Lo bloqueó de sus redes sociales, de su teléfono y de todo. Unos meses más tarde le envió un correo electrónico. "Me confesó que estaba yendo a terapia y que todavía me quería", dice Carmen, mientras se agarra los hombros para refrenar un súbito escalofrío. 

Una usuaria, dentro de la aplicación de citas.

Una usuaria, dentro de la aplicación de citas.

Lorena y el 'terrateniente' 

Lorena aún no se explica cómo le pudo suceder, y lo que es más, "cómo se me ocurrió meterme en Tinder". Es soltera, y es notaria. A través de la aplicación conoció a un cordobés que le dijo que era un terrateniente dedicado a la agricultura y la ganadería. "Comenzamos a hablar... y la verdad es que lo hacíamos todas las noches, durante horas, al menos tres meses. Por escrito y al teléfono. Yo no podía ir a Córdoba, ni tampoco quería verlo todavía".

-Ya le habrías dicho que eras notaria...

-Sí, claro. Se lo había dicho.

-¿Y qué pasó?

-Pues que un día me pidió que le mandara fotos subidas de tono. Y a continuación, me envió una foto de su pene.

"Me quedé de piedra. Le dije que se estaba equivocando. Entonces empezó a exigirme que yo le enviara fotos semidesnuda, o desnuda, de manera muy insistente. Ahí corté todo tipo de vínculo con él. Se lo conté a una amiga que es Policía Nacional y me dijo que así es como actúan los extorsionadores: te engañan, te piden fotos, se las mandas y luego te chantajean con hacerlas públicas a cambio de dinero. Y que sabía de un caso de una chica a la que habían chantajeado y acabó pagando 10.000 euros para que las fotos no se difundieran".

Pablo y sus fotos 

"A ver, yo me estaba divorciando", explica de entrada Pablo, malagueño, a EL ESPAÑOL. 

-Eso da igual. Cuenta qué fue lo que te pasó.

-Quedé con una chica italiana que conocí en Tinder. Comprobé que era real como hace todo el mundo, viéndola en Instagram. Nos liamos. Era muy guapa. Pero yo es que, dada mi situación, no quería nada serio.

El sexo real era fogoso, y cuando no se veían, lo mantenían telefónico. "Nos enviábamos fotos que nos sacábamos en esos momentos". Cuando empezó a pedirle un mayor compromiso, él le dijo que no podía, que no estaba preparado, "así que lo dejamos". En el caso de Pablo, tras lo que le hizo no hubo un interés económico, sino despecho. "Lo que quería era volver conmigo como fuese. Como yo no quise, cogió una de mis fotos y la envió por correo electrónico a mi empresa y a mis contactos de Facebook. Yo no quise denunciarla por no tener más líos, pero cometió el error de que se la mandó a una menor. Ahí intervino mi abogado. Se asustó y no he vuelto a saber de ella".

Begoña y 'el clásico' cirujano 

Begoña cuenta un caso habitual de Tinder: el que se hace pasar por un médico cirujano o un militar veterano de Afganistán -siempre norteamericanos y normalmente viudos- que usan fotos sustraídas de perfiles de redes sociales personas auténticas, y que tras la pantalla del teléfono se ocultan estafadores extranjeros. "En mi caso, decía que era viudo, sí. Escribía mal en español, decía que era médico cirujano, y siempre te entran dando pena porque son viudos. De estos estafadores hay una barbaridad en Tinder, de los que te contactan para enamorarte y luego estafarte. Hay que tener mucho cuidado e indagar".

Por precaución, Begoña coteja a todos los hombres que contactan con ella. "Utilizo el buscador de imágenes de Google. Ahí me saltó que ese cirujano existía, pero con otro nombre en otro perfil. Yo se lo dije abiertamente: este no eres tú, estás suplantando la identidad de otra persona. Me respondió que qué insinuaba. Yo le repliqué que no lo insinuaba, que lo afirmaba, que de norteamericano nada, que era de El Congo".

Amalia y un cabeza rapada

Amalia es habitual de Tinder y cuenta EL ESPAÑOL dos de sus historias más frikis quedando con gente que conoce en la aplicación. Es de las que se asegura que las fotos sean reales, que no hay nadie raro detrás... Por eso, no daba crédito cuando le vio entrar en el restaurante. "Era guapetón, alto...". La conversación era agradable y estaba encantada... "Todo aparentemente normal, hasta que de pronto me cuenta que antes había sido skin head, cabeza rapada de los Ultra Sur, y que salía a dar palizas por ahí... cuando me vio la cara se apresuró a decir tratando de arreglarlo que en esas salidas no le había pegado nunca a nadie".

La segunda cita extraña también transcurrió con normalidad. Un chico mono, educado, con conversación... "Todo iba genial hasta que nos montamos en su coche. Le invité a subir a casa y me dijo que no, porque era del Opus Dei y que no podía mantener relaciones sexuales, pero que pensaba que yo era la mujer de su vida y que se quería casar conmigo". 

*Todas las personas que aparecen en este reportaje aportando sus testimonios han pedido figurar con nombres ficticios.