A la izquierda, Elena Ramallo y su hija Olga y, a la derecha, la carta de despedida.

A la izquierda, Elena Ramallo y su hija Olga y, a la derecha, la carta de despedida. Lina Smith

Reportajes

El infierno de Olga, la niña ignorada por la Justicia: "Mi padre me maltrata. O me mata él o me mato yo"

Olga, de 10 años, fue separada de su madre en 2018 tras numerosas irregularidades judiciales. Denuncia que su padre la maltrata sin que nadie le haga caso.

29 junio, 2022 03:32

"Tengo miedo, tengo mucho miedo. Mi padre me maltrata y yo no quiero estar con él, pero vosotros no me ayudáis. He hablado ya muchas veces con la policía y acaban sacándome a rastras. Llevo así cuatro años. Tengo miedo si estoy con él, quiero estar con mi mamá". Esto es lo que dijo estremecida Olga, una niña de 10 años de Sada (A Coruña), cuando el pasado 17 de mayo fue encontrada por la Guardia Civil en un cementerio. Se había escapado de casa de su madre porque se acercaban las 20:30, es decir, la hora de regresar con su padre. Mientras usted lee esto, Olga está con su padre.

"Lo siento mami, sé que te voy a meter en un lío muy grande, pero no puedo volver con mi padre. Te voy a hacer mucho daño, pero no puedo aguantarlo más". Esto es lo que dijo Olga en la carta de despedida que dejó a su madre Elena antes de escaparse. En el cementerio pasó toda la noche hasta que un matrimonio de la zona la encontró. "Fue a ver si (llora, no se entiende) para decidir qué hacía", dice la transcripción del informe realizado por la Guardia Civil y al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.

En Sada, municipio de la Galicia costera, perteneciente a la Ría de Betanzos -una de las doce Rías Altas-, todos prefieren mirar hacia otro lado: prensa, vecinos, instituciones. Por eso, algunos testigos de lo sufrido por Olga -Olguita, como la llaman sus seres queridos- prefieren no hablar cuando este periódico les pregunta. Se ponen nerviosos, titubean. El viejo código de no interferir en la privacidad de lo que ocurre en la casa de al lado se impone.

La carta de despedida de Olga a su madre.

La carta de despedida de Olga a su madre. Cedida

El problema es que, cuando una niña lleva cuatro años denunciando maltratos, con decenas de denuncias automáticamente archivadas -a pesar de las numerosas pruebas que ha comprobado este periódico y que exigirían una investigación-, el asunto ya desborda lo privado. Olga necesita que manden el código al diablo, que se admita que algo está pasando, que bajo la pretendida calma del río se esconde el ruido y la furia. Lo que dijo Olga en ese paréntesis ("llora, no se entiende") es que había ido al cementerio para suicidarse.

Esta historia es dolorosa porque una niña está sufriendo, pero sobre todo porque nadie quiere evitarlo. Es una historia donde lo irregular se convierte en normal, y no hay nada más terrorífico ni mayor estado de indefensión que cuando las instituciones no protegen a sus ciudadanos.

[El invisible problema del suicidio]

"Le pido al presidente Pedro Sánchez que me reciba, escuche mi caso, que salve a mi hija, que adopte medidas. Necesitamos que demuestre empatía con las madres que luchamos por nuestros hijos. Muchas le han votado porque confiaban en que se comprometería con las políticas de violencia. El Consejo Europeo y Naciones Unidas llevan años llamando la atención a España por separar a las madres de los hijos", dice a EL ESPAÑOL Elena, madre de Olga y doctora en Derecho. Entretanto, la Justicia gallega sigue archivando demandas de maltrato. Pero, si mañana Olguita despierta muerta, ¿de quién será la responsabilidad moral? 

Un 8M sin sentido

Todo empezó, paradójicamente, el 8 de marzo de 2018; en esta historia, hasta las fechas parecen salidas de la mente perversa de Michael Haneke. Ese día se celebró la vista para resolver una petición de Segundo, padre de Olga y su hermana Sofía, donde solicitaba la guarda y custodia de sus dos hijas de 6 y 12 años. 

La vista, que duró en torno a las dos horas, estuvo marcada por múltiples irregularidades que provocaron una resolución inexplicable. "Yo pedí el interrogatorio del padre, pero la otra parte no pidió el de Elena. No le interesaba porque sabía que la chica se iba a defender, pero lo normal es que el Ministerio Fiscal, que defiende a los niños y es otra de las partes, hubiese pedido el interrogatorio de Elena. Es la única vez en mi carrera que el fiscal no pide el interrogatorio de una de las partes en un caso con niños de por medio", recuerda Gloria Hidalgo, que era la abogada de Elena entonces. Hidalgo lleva ejerciendo derecho de familia desde 1984.

La comparecencia empezó mal y siguió peor. La jueza tuvo la oportunidad de hacerle todo tipo de preguntas a Elena pero, al igual que el fiscal, también pensó que no era necesario escuchar la versión de la madre a la hora de tomar una decisión tan crucial. La resolución no sorprenderá teniendo en cuenta lo irregular del procedimiento: le dieron la custodia al padre con un régimen de visitas favorable a Elena.

Las razones de la jueza, como puede comprobarse en la grabación del juicio, estuvieron en las declaraciones desfavorables del padre y de la madre de Elena, Antonia. El primero decía que Elena "no está equilibrada y plenamente capacitada para el cuidado" de las niñas. La segunda, con quien Elena no tenía relación desde que era niña (se crió con su abuela), sostuvo la versión. También se dijo, aunque no quede recogido en el auto, que Elena trabajaba demasiado: era una directiva e investigadora relevante. No aportaron pruebas y luego se desmintió, pero dio igual.

El auto de la resolución se limita a fundamentar que "su madre (Elena) la echó (a Sofía) de casa". "Es algo demencial: echar de casa supone dejar a la menor en una situación de desamparo; lo único que había pasado es que Sofía discutió con su madre, algo normal con una adolescente, y se fue a cenar a casa de su abuela paterna", explica Hidalgo. Hasta ese 8M donde se puso en duda su labor como madre, Elena nunca había tenido una sola incidencia respecto al cuidado de sus hijas.

Gloria Hidalgo recuerda aquella vista como una de las peores experiencias de su vida: "Acabé llorando. La jueza, después de quitarle a sus hijas a una madre sin una sola prueba y sin dejarme ni hacer conclusiones, dijo que tenía prisa porque se iba a la manifestación del 8M".

Esta abogada con 36 años de experiencia explica que el procedimiento normal habría sido devolverle las niñas a la madre y, si el padre entiende una alteración sustancial de las circunstancias, que demostrase que Elena está loca. Lo anómalo es que Elena tuviese que presentar la prueba de cargo -informes, a los que ha accedido EL ESPAÑOL, ratificando que está sana mentalmente- en lugar de quien acusa. "Es la primera y última vez en casi 40 años que veo que en medidas urgentes te quitan la custodia sin justificación", dice Hidalgo.

La abogada abandonó el caso poco después. Era mayor y no tenía fuerzas para seguir luchando contra tanta injusticia. Además, no sabía si su carácter directo estaba perjudicando a Elena. Pero tiene algo claro: "El problema desde el principio fue que el marido era perito judicial y era la típica persona que tenía muy buena imagen y muy buena fama en los juzgados".

[La granadina obligada a entregar a sus hijos al padre maltratador, desaparecida]

La sentencia infame

Las pruebas presentadas posteriormente por Elena demuestran que padre y abuela mentían, tal y como ha podido comprobar EL ESPAÑOL. Tampoco echó de casa a su hija Sofía, algo que acabó admitiendo hasta la abogada de Segundo. Elena incluso presentó cartas de importantes empresas, quienes aseguraban que conciliaba "de manera encomiable sus obligaciones profesionales y familiares". De nada sirvió. 

El 8 de abril de 2019 los juzgados de Betanzos mantenían las medidas tomadas en el auto de hacía un año. Cuando le quitaron la custodia, "no hubo manera de que entrase un equipo psicosocial para determinar las capacidades y facultades mentales de Elena. Es una irregularidad, en estos casos el psicosocial es palabra de Dios, y es fundamental para quitarle unos hijos a una madre, pero no quisieron hacerlo", recuerda Hidalgo.

El informe psicosocial llevado a cabo por el Instituto de Medicina Legal de Galicia (IMELGA) llegó, por fin, el 6 de noviembre de 2020, más de año y medio después de que le quitasen la custodia a Elena.

Ejercicio de clase de Olga en el que se dibuja con un cuchillo.

Ejercicio de clase de Olga en el que se dibuja con un cuchillo. Cedida

En él, se admitía que ambos se habían ocupado de las hijas durante los años de convivencia, "siendo la progenitora quien por su disponibilidad horaria parece que permanecía anteriormente más tiempo con las menores". También se confirmaba que Elena "tiene capacidad para cuidar a sus hijas"

Sin embargo, desde el 8 de marzo de 2018 la custodia de las niñas ha estado en poder del padre. Este hombre, además, ha admitido en numerosas ocasiones incumplir el régimen de visitas o interpretarlo según su criterio. De esta forma, Sofía ha visto a su madre dos veces en cuatro años. Olga, pese a sus intentos desesperados, tampoco ha estado con Elena como le correspondía por ley. La Audiencia Provincial de A Coruña decretó el 31 de julio de 2020 que el régimen de visitas debía cumplirse. Como todo en esta historia, de nada sirvió.

Protocolo antisuicidio

Durante estos años, las llamadas de socorro de Olguita han sido de todo tipo. Con nueve años, le dijo a una profesora que su padre la pegaba y que no le dejaba ver a su madre a modo de castigo. El colegio no intervino.

Olga, como su hermana, es una niña con altas capacidades y que demuestra una gran madurez e inteligencia. Así puede comprobarse en los dibujos que, a lo largo de diferentes épocas, ha realizado para psicólogos y orientadores que le piden que dibuje su situación. "Que sea superdotada dificulta todo porque su nivel intelectual es muy superior al explicar, escribir... entonces se supone que dice lo que yo le digo, cuando pasan meses sin verla ni hablarle", cuenta su madre.

Un dibujo de Olga en el que representa una realidad vivida con su madre (arriba) y otra con su padre (abajo).

Un dibujo de Olga en el que representa una realidad vivida con su madre (arriba) y otra con su padre (abajo). Cedida

En un ejercicio de clase donde se le pedía hacer un diario semanal a propósito de la lectura de Ana Frank, Olga escribe lo siguiente:

Domingo 7 de noviembre. Día 2. Mi padre me tiró al suelo, me agarró y me pisó del pelo. Una de dos: me mata él o me mato yo (...) Día 3. Mi hermana vino a insultar a mamá como mi padre, yo le dije que parara, que parara, pero ella se descontroló y me clavó el lápiz en la mano. Me dejó marca. Tengo miedo. Estoy sola en mi habitación. Mi hermana se suma al acoso que me hace mi padre (...) Día 5. Mi padre casi me ahoga y mi abuela Carmen le gritó y empujó a mamá. Mi padre me zarandeó, me arrastró y me apretó el cuello. La chica de un comercio me salvó, me metió en la tienda y cerró la reja. Acabé en el hospital. Algo bueno: dejaron a mamá estar conmigo.

Como pueden comprobar, el diario de Olguita compite en dolor con el de Ana Frank. EL ESPAÑOL ha intentado contactar con la mujer de la tienda del incidente al que hace referencia Olga, pero no hay manera: hay demasiado miedo, nadie quiere hablar. "Lo peor es que la policía no tomó declaración a la mujer en ese momento, como habría sido lo normal", se queja Elena. 

El informe del Hospital Universitario de A Coruña donde Olga fue atendida describe que Olga "no soporta estar con su padre, que 'si tiene que vivir con él se va a suicidar, va a tirarse por la ventana'". En cuanto a la exploración física, el diagnóstico fue "llora, vomita (...) arañazo en nariz, hematomas aislados pretibiales y uno en muslo derecho". 

Desde ese mismo noviembre de 2021, existe un informe psicopedagógico del colegio al que va Olga mediante el cual, tras la evaluación de expertos, se activó el protocolo antisuicidio por el evidente riesgo.

También han sido numerosas las llamadas de Olga a la Guardia Civil. En una ocasión, los agentes se presentaron en casa de su padre y uno de ellos "le manifestó que él había estudiado con su padre en EGB y que lo conocía, que hablaron con su padre, por lo que la menor sintió que no la ayudarían".

"En otra ocasión, se escapó y acudió al cuartel de la Guardia Civil, pero la devolvieron a rastras con su padre", cuenta Elena. Cuando pide los informes a los juzgados, le informan de que la Guardia Civil decidió no informar ya que no eran hechos relevantes.

La última semana

"El otro día Olga se enfadó con una amiguita de clase: le había dicho que fuese normal, no como su madre", cuenta Elena. Este tipo de comentarios son como la gota que cae una vez, y otra vez, y otra vez, y así imparablemente hasta erosionar cualquier superficie, por dura que sea. 

Las miradas que le apartan, los buenos días que le niegan, los cuchicheos a su paso. Toda una batería de estrategias que siguen activándose en los pueblos donde gobierna el viejo código para garantizar la permanencia de un orden ancestral. Pero el peor de estos acosos, sin duda, es el miedo.

"El miércoles yo recogí a Olga por la tarde. Estuvo siguiéndonos el coche del padre durante hora y media. Al final, fui al cuartel de la Guardia Civil porque estaba aterrorizada. Era la madre de mi exmarido. No es la primera vez que pasa, pero se cuida de no ser él quién nos persigue y nos vigila. Vivo con miedo", relata Elena, que no sabe si denunciar o no. Qué más da. La denuncia la lleva la jueza titular número 3 de Betanzos, de violencia de género, la misma que le quita a sus hijas y que permite que Segundo incumpla sus propias sentencias con total impunidad.

Un dibujo de Olga en el que describe una escena en casa de su padre.

Un dibujo de Olga en el que describe una escena en casa de su padre. Cedida

"Mami, papá dice que soy tonta y estúpida como tú, que estás loca", dice Olga. La jueza número 3 de Betanzos, de violencia de género, lo oye sin querer escucharlo. "Mamá, si no puedo estar contigo me voy a suicidar", dice Olga. Este viernes, la jueza número 3 de Betanzos, de violencia de género, a petición del fiscal ("un fiscal que ha venido únicamente para este caso, según él mismo ha asegurado, y que no es de menores"), le ha quitado el régimen de visitas favorable a Elena.

El fiscal pedía que Olga no volviese a ver a su madre. La jueza lo ha dejado en permitirle verla en puntos de encuentro. En la vista el fiscal presentó un informe del Servicio Gallego de Salud, donde se afirma lo siguiente: "Ante las acusaciones de maltrato hacia la menor, la agudización del malestar emocional que presenta Olga, se solicita la intervención de la Fiscalía de menores (...) Se considera necesaria la revisión urgente de las medidas paterno-filiales".

En este informe, de tan solo una cara, también se validaba el testimonio de Segundo, quien consideraba que Elena es una mala influencia para sus hijas. El Ministerio Fiscal no consideró necesaria la valoración forense en la exploración de Olga, a pesar de que es lo habitual en estos casos de menores y de que lo solicitaba el Sergas. Además, Elena no fue requerida para declaración ni evaluación. La jueza tardó menos de 24 horas en sacar la resolución, algo inaudito para Elena, pues para las suyas ha tenido que esperar años.

El pasado fin de semana era el último que le correspondía a Elena antes de que este lunes haya entrado en vigor la nueva sentencia. Sin embargo, el padre ha vuelto a incumplir la ley y Elena no ha podido estar con Olga.

"¿Qué hago?"

Hay una pregunta que se repite en la cabeza de Elena como un leitmotiv: "¿Qué puedo hacer?". Desde luego, ella se ajusta a la ley, pero la Justicia le da la espalda. "Parece que si no te llevas a tus hijos e incumples las sentencias, nadie te hace caso", se lamenta. Incumplimientos que, por otro lado, sí ha llevado a cabo el padre sin que haya tenido consecuencias.

Varias denuncias por maltrato han sido automáticamente sobreseídas, pese a que el Convenio Europeo sobre el Ejercicio de los Derechos de los Niños, ratificado por España, determinan que el juez "ha de tener en cuenta, como criterio básico, la consecución y protección del interés y beneficio del menor".

Además, las transcripciones judiciales demuestran que en algunas exploraciones, ha sido la propia Olga quien ha tenido que pedir que expulsaran a su padre de la sala, algo gravemente irregular. "No se puede explorar a una menor con el padre, y menos si lo está denunciando como víctima. Es una anormalidad absoluta que dejen al padre. Que la niña tenga que decir 'que se vaya mi padre' es una aberración que nunca vi", dice Gloria Hidalgo atónita cuando se le cuenta lo ocurrido.

Lo narrado hasta aquí es solo la punta del iceberg de un caso plagado de irregularidades y donde una menor está en riesgo de suicidio sin que se actúe en consecuencia. "Con la nueva Ley de la Infancia, si hay indicios debe suspenderse la custodia del progenitor hasta comprobarlo. Y hay dos procesos abiertos por maltrato", explica Hidalgo.

La abogada atiende a este periódico sin poderse creer que el caso de Elena siguiese en el mismo punto donde lo dejó hace más de cuatro años. O peor, porque en estos cuatro años en los que Elena solo ha podido ver a su hija mayor dos veces, Sofía ha pasado a odiarla. "Olguita es un amor de niña, con una madurez y una personalidad impresionantes. Ha sido el típico caso de madre loca, pero siendo mentira... Prometo que todo lo que he contado es tal y como pasó. Salvad a Olga", reclama Hidalgo conmovida.

Tras lo sucedido el pasado viernes, día de San Juan, todos los procesos y causas de maltrato han sido archivados. Elena recurrirá muchas cosas -nulidad del proceso, solicitud de rectificación del informe psicológico y, por supuesto, que le devuelvan a sus hijas...- pero, incluso aunque se acabase resolviendo a su favor, el proceso podría tardar un año. "Si el Ministerio Fiscal no lee esto y me ayuda, no sé si Olga estará viva entonces. Me estoy perdiendo la infancia y adolescencia de mis hijas, me están destruyendo", dice Elena.

"Tengo miedo, tengo mucho miedo. Mi padre me maltrata y yo no quiero estar con él, pero vosotros no me ayudáis. He hablado ya muchas veces con la policía y acaban sacándome arrastras. Llevo así cuatro años. Tengo miedo si estoy con él, quiero estar con mi mamá..." Las palabras de Olga seguirán sonando en la cabeza de Elena, igual que en la de Clarice Starling no cesaban de sonar los balidos de los corderos, mientras siga manteniéndose el silencio cobarde de la sociedad.