Marbella

A eso de las dos y media de la tarde, la gran terraza del Asador Guadalmina, el llamado restaurante 'antirojos', está prácticamente vacía. No por la polémica suscitada esta semana por su dueño, José Eugenio Arias-Camisón, que reconoció no encontrar camareros para su local y acusó a la izquierda de "no querer trabajar" y de preferir "las paguitas". No, es viernes y hace calor, como es lógico en verano. Es agosto en la Costa del Sol y se ven espaldas sudadas. “Tenemos reserva para 10”, indica un hombre de mediana edad. ¿Para 10? las restricciones en la provincia de Málaga no permiten mesas en exterior de más de ocho comensales desde la madrugada del jueves. Antes era peor.

En ocasiones, el arreglo es sencillo: dos mesas y listo. Pero no. En el Asador Guadalmina hay una mesa para 10 personas en la terraza. Poca cosa, eh; en el restaurante de al lado, El Pescador, hay una mesa con 14 adultos comiendo. “Pues ahora está la cosa tranquila; por la noche es cuando se llena esto de mesas grandes”, apunta un joven que pasa por el bar.

No está el jefe, José Eugenio Arias-Camisón. Lo rebusco con la mirada y no lo encuentro. Hay un maître al que se reconoce porque lleva la camisa blanca, no beige como el resto de los camareros. Cuento como siete camareros trabajando, más el parrillero que, de vez en cuando, deja asomar su mano por un televisor que retransmite en directo qué está pasando en la parrilla: “Mira, esa es mi carne”.

Pintadas a la entrada del Asador Guadalmina. F. J. Cristófol

¿Hay Covid?

Al pedir las bebidas para refrescarnos después del trayecto en coche (es complicado llegar de otra manera), llega Adrián, un camarero con Síndrome de Down que nos acerca las cervezas y el agua. Alrededor de las mesas van y vienen turistas con acentos de varios países. Parece que en Guadalmina no hay Covid-19: pocas mascarillas -muchas en la muñeca- y poca distancia social. Los camareros del asador llevan todos, eso sí, FFP2, aunque uno de ellos la lleva por debajo de la nariz.

Ciertamente, como apunta mi acompañante, el sitio no es incómodo, no hay un hostigamiento ideológico como puede ocurrir, por ejemplo, en Casa Pepe, en Despeñaperros. El cartel del gel antirrojos es parte del paisaje y la gente va a comer; porque se come de lujo, todo sea dicho.

Entrada del Asador Guadalmina.

Cuando uno piensa en un restaurante en Marbella se le vienen a la cabeza dos tipos de espacios: el clásico cercano a la playa, con la suave brisa mediterránea calmándole los calores, o el lugar exclusivo rodeado de zonas verdes y mucha discreción para que los miembros de la jet set (qué antiguo eso) se sientan cómodos. Pero nada de eso. El Asador Guadalmina, de moda por su cruzada 'antirojos' y su dificultad para encontrar camareros, está a pie de carretera, en una vía de servicio a menos de cinco metros de la A-7. El tráfico intenso es parte del menú.

Llegar es fácil y el local se encuentra fácil: “¡Gobierno traidor! ¡Dimisión o prisión!”, reza una gran pancarta en la fachada principal. Tres toldos con dos banderas de España cada uno y el nombre del restaurante en la tipografía tradicional vasca. “Teníamos reserva”, decimos. Nos sientan en una mesa en una de las esquinas de la terraza del local.

Allí, nosotros somos los menos célebres. Por el Asador Guadalmina han pasado Vicente del Bosque o José Tomás. Aunque, según contó su propietario a EL ESPAÑOL, ya no pasan por allí. "Hay gente de izquierdas, como el técnico y el torero suicida que antes sí habían estado", cuenta. Eso sí, le da igual. "La gente de derechas sabe comer mejor que la de izquierdas".

Y, a fin de cuentas, ahora el que acude es Santiago Abascal, como él mismo promocionaba a través de sus redes soiales. "Yo estaba fuera, pero hablé con él por teléfono. Le dije que Vox aquí es un desastre, que el desarrollo territorial del partido está fatal. Todo el mundo quiere un sillón y por eso se están partiendo leches", prosigue. 

Incumple las medidas

En el interior, por más que digan que están tranquilos, están prácticamente todas las mesas llenas. Ahí, además, se cumplen escrupulosamente las medidas. Mesas de máximo seis personas y una distancia considerable entre una y otra; en la terraza, al contrario. La silla de mi acompañante se toca con la de otra en la mesa contigua. Al menos, no hay nadie. La mesa para 10 está a unos metros de distancia. La tapa uno de los famosos carteles: “Gel hidroalcohólico. Rojos no, gracias”.

“Venga, ¿qué pedimos?”. La carta es perfecta en tamaño: un buen número de entrantes, pescados, carnes… El género es bárbaro. Esa es, sin duda, la clave de que el Asador Guadalmina lleve 20 años abierto. Se come de escándalo. Unas croquetas de chuleta, unos crepes de changurro y un solomillo de buey, como está mandado, que para eso estamos en un asador.

José, dueño del Asador Guadalmina, posa para EL ESPAÑOL.

Mientras llega o no, una vuelta de reconocimiento. Alguna cara conocida en el interior del local, pero los ojos se me van a un expositor de pescado fresco. ¡Vaya pinta! De camino al servicio, una sorpresa: “A mi amigo José Eugenio, 'el fenómeno', con cariño, Alberto Herreros”. Para los más jóvenes este nombre no les dirá nada; para los que hemos vivido el baloncesto de las últimas tres décadas, es una figura inolvidable. Su camiseta del Real Madrid está colgada en las escaleras de subida. El resto de la decoración: carteles sobre la tierra de nacimiento del propietario, San Sebastián.

Su última polémica

Cómo no comentar, entre plato y plato, su última polémica -aunque me hubiera gustado hablarlo con el propio José Eugenio Arias-Camisón-. El hostelero, poco antes de que nosotros comiéramos en su asador, recibía un mail en el que un ciudadano de Tabarnia -omitimos su nombre por protección de datos- iba contra él y contra España. Y eso, obviamente, no le sentó nada bien, lo que comentó en un vídeo a través de Twitter. 

En dicho vídeo, José Eugenio Arias-Camisón, muestra su malestar porque el individuo se metiera con España, la Guardia Civil y la Iglesia. Y, al mismo tiempo, se la devolvía. "Estos progres de mierda de última ola, estos podemitas, sois una vergüenza, odiáis a vuestro país, iros a Cuba, hijos de puta", inquiere en el vídeo. Y anuncia medidas legales contra la persona que le envía el mail y lo amenaza: "La Policía Nacional te va a perseguir legalmente. La has cagado, chaval. ¡Viva España y la Guardia civil!", finaliza. 

Aunque, en realidad, es una de tantas polémicas. Acusado de ser "facha" en infinidad de ocasiones, él reniega de la palabra. "Toda la gente que te insulta llamándote facha no tiene ni puta idea de lo que significa la palabra. El fascio lo creó Mussolini, que era un socialista de verdad, no como los de ahora. Llamarme facha es el insulto fácil de los ignorantes". 

95 euros

Pero volvamos a lo imortante, la comida. De camino a la mesa de vuelta me paro a escuchar acentos. Son todos nacionales, pero casi ninguno local. Marbella pura en verano. La comida va saliendo a un ritmo perfecto, tanto que después del entrante y la primera caña da tiempo a beberse una copa de vino con la carne. El solomillo de buey bien lo valía. No hubo espacio para el postre, como buen asador, la comida fue contundente. ¿El precio? Nada descabellado para la zona y la calidad 95,83 euros.

La cifra es curiosa, pero es uno de esos restaurantes de los que en la carta te ponen al final: “IVA no incluido”. Claro, el momento de pagar es perfecto: “No está el jefe, ¿no? ¿Qué tal está la cosa con tanto lío, está viniendo más gente?”. Ni palabras hicieron falta, la cara del mesero era un libro abierto. La polémica en torno a José Eugenio Arias-Camisón está haciendo que el asador esté haciendo su agosto -ea, había que ponerlo-.

Unas croquetas y una copa del Asador Guadalmina.

Noches casi llenas, mediodías a buena ocupación y una campaña de imagen brutal. “Pero, ¿de verdad no encuentra camareros?”. No, y ellos confirman lo que comentaba el hostelero antirojos a EL ESPAÑOL: no encuentra a gente que quiera trabajar. “En Marbella, en verano, en la hostelería hay más oferta de trabajo que demanda. Claro que me lo creo”, confirma un cliente del restaurante.

Al fin y al cabo, tiene mucha gente que atender. Por sus mesas han pasado la propia Dolores de Cospedal, Ángel Acebes, Ángeles Muñoz (alcaldesa de Marbella)"... y los que están por venir. A él, dice, le dan "alergía los rojos". Por eso, quizás, estos no acudan, pero el resto... 

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