Coger el teléfono y mirar el WhatsApp de tu grupo de amigos, el tuit de tu compañero de clase (o trabajo), echar un vistazo a Instagram, mandarle un mensaje a tu nuevo ligue de Tinder o, simplemente, darle las buenas noches a tu madre antes de dormir. Nada es, en principio, malo. Sin embargo, “es perjudicial para la calidad del sueño si se hace con el móvil en la cama, con la luz apagada y antes de dormir”, reconoce Eugenia Núñez (44), enfermera del Servicio de Neumología del Hospital Mancha Centro, de la gerencia de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), en conversación con EL ESPAÑOL.

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Es a la conclusión a la que han llegado la propia Eugenia, su compañera Sonia Almodóvar (45) y Estefanía Castellanos (42), enfermera de un centro educativo en la misma localidad. Ellas tres, en 2019, se pusieron manos a la obra para dar a la luz una investigación titulada: Influencia de las nuevas tecnologías en los hábitos de sueño de una población adolescente. Ahora, han presentado los resultados –mediáticamente hablando– y han sido premiadas en el último Congreso de la Sociedad Castellano Manchega de Patología Respiratoria (SOCAMPAR).

“La particularidad de nuestro estudio es que se focaliza en una parte muy concreta de la población joven (entre los 12 y los 18 años). Ya había muchos otros informes sobre población mayor de edad”, esgrime Eugenia. De ahí la importancia de su informe y las conclusiones a las que han llegado.

¿Cómo lo han hecho?

Eugenia y Sonia se valieron de su experiencia en la Unidad del Sueño del Hospital Mancha Centro para vislumbrar el estudio. Para ello contaron con la ayuda de Estefanía, que trabaja en un centro educativo en Alcázar de San Juan. ¿Y cómo lo hicieron? Con unos criterios de inclusión muy concretos: alumnos de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) entre 12 y 18 años. Hicieron 299 test y recogieron 244 resultados.

A todos estos alumnos les preguntaban sobre sus hábitos con el móvil antes de ir a dormir. “Es algo común en las generaciones más jóvenes. Nosotros, que somos más mayores, creo que no tenemos tanta dependencia del móvil. Pero sí la tienen nuestros hijos”, detalla Eugenia.

En los test para realizar el estudio, Eugenia y sus compañeras le preguntaron a los alumnos si tenían videoconsola u ordenador, durante cuántas horas utilizaban esos dispositivos tanto al día como a la semana… y, después, se les hizo un test de calidad del sueño para saber a qué hora se acostaban, cuánto tiempo tardaban en dormirse o si el sueño era reparador.

Conclusiones

El 80% de los encuestados reconoció usar el teléfono móvil antes de acostarse. ¿Con qué resultado? De entre todos estos, un tercio presentaron alteraciones de sueño, lo que se duplica si, además de echar un vistazo al teléfono, se hace con la luz apagada.

— ¿Qué puede suponer esto para los jóvenes?

Puede ocurrir que tardemos más en dormirnos, que el sueño sea más corto y que, por lo tanto, al día siguiente estemos más cansados. Si además se usa con la luz apagada, puede que el sueño no sea reparador y entonces pueden surgir problemas como ansiedad, déficit de atención…

Diferencias hombres y mujeres

En el estudio, las enfermeras concluyen que las mujeres tienen mayor dependencia del móvil y que lo usan más al día (cinco horas, frente a las dos de los hombres). Y sucede lo mismo a la hora de hacer la comparación semanal (35 horas contra las 14,5 de ellos). Los chicos, sin embargo, tienen más videoconsolas.

A la hora de acostarse, las mujeres también usan más el móvil (89,5% frente al 72,8% de los hombres). De entre todos estos, las alteraciones de sueño también afectan más a ellas (44,7%) que a ellos (28,8%).

— ¿Qué le recomendaría a los padres, Eugenia?

Lo primero, dormir al lado del móvil no es muy aconsejable –ni siquiera por tener el despertador–. A partir de ahí, los teléfonos no tienen que entrar en la habitación. Si no, es imposible. Los jóvenes van a tender a mirarlo.

No es equiparable a adultos

Estos datos no se pueden trasladar a adultos, según Eugenia. Aunque, obviamente, tampoco es bueno para los más mayores utilizar el móvil antes de acostarse y con la luz apagada. El ser humano no está preparado –al menos, hasta ahora– para dormir tras haber mirado previamente un móvil. Históricamente, se ha despertado con la luz del sol y se ha acostado con el atardecer, conforme el cuerpo se relaja.

“Yo creo que es diferente. Los adolescentes han nacido en una sociedad y en una revolución tecnológica que queda lejos para los más mayores. Para ellos, el móvil forma parte de su estilo de vida. Yo creo que la dependencia del móvil es algo menor entre los más mayores”, finiquita Eugenia.