Pablo Hasél (Pablo Rivadulla Duró), el rapero condenado a nueve meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo en sus letras, mantiene una doble actitud en la cárcel leridana de Ponent, donde ingresó el pasado 16 de febrero. Por un lado, a través de su entorno sigue reinvindicándose como un represaliado de la justicia española y un “preso político antifascista”, en palabras de sus abogados. Por otro, ya se está adaptando a las normas rutinarias de la cárcel. “Como es bastante lógico, muestra una doble cara”, explican fuentes de la citada penitenciaría catalana. 

Noticias relacionadas

“De cara al exterior intenta transmitir la imagen de un preso rebelde y hostigado por el sistema penitenciario español”, añaden las citadas fuentes. “Pero dentro se comporta como un preso casi modélico. A él le interesa, y lo sabe, mantener una buena actitud para poder acceder a beneficios penitenciarios lo antes posible”.

Este pasado fin de semana, uno de sus abogados, Alejandra Matamoros, aseguró en TV3, la televisión pública catalana, que su defendido estaba en una celda de proporciones ínfimas y que la comida que le ofrecían era de mala calidad.

"Se marea porque tiene que estar dando vueltas a un patio minúsculo, la comida es lamentable...", aseguró la letrada.

Fuentes judiciales explican a este periódico que, si se tratara de cualquier otro preso en España, ahora mismo “ni se plantearía” la posibilidad de que el condenado accediera a un hipotético tercer grado penitenciario de manera inmediata (régimen de semilibertad). 

Pero esas mismas fuentes subrayan que se trata de una cárcel de Cataluña y recuerdan que es la “única comunidad que tiene transferidas las competencias de prisión en el país” -próximamente las tendrá el País Vasco-. “Ya se ha visto con los golpistas”, ejemplifican. 

La aplicación del artículo 100.2 del reglamento penitenciario español a los dirigentes condenados por el referéndum del 1-O, a pesar de que no habían cumplido siquiera la cuarta parte de la condena, fue un hecho al que se opuso la Fiscalía. Sin embargo, fue defendida tanto por el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria como por la Consejería de Justicia de la Generalitat. 

Los condenados por el procés recibieron por primera vez el tercer grado en julio de 2020. Sólo tenían que dormir en prisión cuatro días a la semana. La Fiscalía recurrió y el Tribunal Supremo revocó la decisión, por lo que volvieron al régimen cerrado.

Antes de las pasadas elecciones catalanas se les volvió a conceder el tercer grado. El fiscal, de nuevo, ha recurrido. Ahora se está a la espera de la decisión del TS. Pablo Hasél, según las fuentes consultadas, podría obtener un trato muy similar “en breve”. 

“Realmente, en esos nueve meses de condena no hay tiempo para evaluar la evolución del preso, por lo que un tercer grado sería prematuro. Otra cosa es que se decida dar el paso y concedérselo. No hablamos de mañana, pero sí a corto plazo”, insisten las dos fuentes consultadas, ambas con cargos dentro del cuerpo de funcionarios del sistema de justicia español.

En cuarentena

Desde su encarcelamiento, Hasél se encuentra en el módulo de ingresos de la prisión de Ponent. Está pendiente de clasificación y se encuentra cumpliendo cuarentena en una celda individual, la cual ya ha empezado a limpiar y organizar, según ha podido saber EL ESPAÑOL y confirman sus propios abogados.

La dirección del penal le asignará una celda en un módulo definitivo pasados los diez días preceptivos de aislamiento que marca el protocolo actual por la pandemia para los presos recién llegados.

Él, a través de sus letrados, reclama poder cumplir su condena en una celda individual. “No quiere estar con presos por delitos de sangre o agresiones sexuales, por ejemplo”, explica Diego Herchhoren, su abogado.

Herchhoren, en conversación con este periódico, afirma que a su cliente se le ha amenazado con enviarlo a una prisión fuera de Cataluña. “Empieza a tener problemas. Ha habido alguna orden desde altas instancias y se le ha amenazado con la dispersión si no se acoge al régimen ordinario del resto de presos. Ha sido desde la dirección de la cárcel”, asegura su letrado, quien visitará a su cliente este próximo jueves tras haberlo hecho “casi a diario” desde su detención su compañera de bufete, Alejandra Matamoros.

“De todos modos, él está contento, no por estar preso, pero sí porque su puesta en escena, con la detención y demás, ha servido para poner en discusión todo lo que tiene que ver con la reforma del Código Penal y ha abierto un debate político que ha trascendido más allá de España. Para él ha merecido la pena no exiliarse”, explica su abogado. “Asume que su presidio era una condición casi inexcusable para que eso pudiera ocurrir”.

"Alivio"

Entre el cuerpo funcionarial de la prisión de Ponent contemplan con “alivio” el hecho de que Pablo Hasél no se haya declarado en huelga de hambre, como se temían en la cárcel.

“Su actitud es bastante pasiva. No intenta liderar nada ni mostrarse reacio a nosotros. Lo único que no hace es limpiar las zonas comunes. Por lo restante, su actitud es bastante acorde con un interno primario”.

El pasado 16 de febrero, Pablo Hasél fue detenido por los Mossos d’Esquadra en la Universidad de Lleida e ingresó en prisión después de que la Audiencia Nacional lo condenase a nueve meses de cárcel por enaltecimiento del terrorismo. En esa misma sentencia, se le condenó al pago de dos multas por injurias y calumnias contra la Corona y contra las instituciones del Estado.

Desde su entorno se ha tratado de conducir el caso hacia un supuesto acoso contra la libertad de expresión en España. Pero Hasélentró en prisión por el delito de enaltecimiento del terrorismo y porque tenía antecedentes penales, no por un delito de injurias a la corona.

En 2014, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional le condenó por enaltecimiento del terrorismo de ETA, Tierra Lliure, los Grapo o Al Qaeda en las letras de sus canciones. El Tribunal Supremo confirmó dicha sentencia en 2015.

No llegó a entrar en prisión debido a que en 2019 la Audiencia Nacional decidió dejar en suspenso esa primera sentencia durante los siguientes tres años. Un periodo durante el que Hasél podía entrar inmediatamente en prisión si delinquía de nuevo.

Pero un año antes, en 2018, la Audiencia Nacional le juzgó de nuevo por enaltecer a ETA y los Grapo a través de 64 mensaje publicados en Twitter y una canción en Youtube, y también por injurias contra la Corona y contra las instituciones del Estado.

Le condenaron a dos años de prisión. Tras un recurso interpuesto por la defensa de Hasél, la AN redujo la condena a nueve meses de cárcel más dos multas por injuriar a la Corona y a las instituciones del Estado.

Pablo Hasél recurrió esta condena. En noviembre de 2020, el Tribunal Constitucional desestimó la apelación. Una vez confirmado el fallo, se ordenó el ingreso inmediato del delincuente en un penal.

A su vez, el pasado 18 de febrero, la Audiencia Provincial de Lleida confirmó otra condena al rapero de dos años y medio por amenazar a un testigo de un juicio. Dicha resolución admite recurso. 

En 2017, se le condenó a una multa por un delito leve de falta de respeto al alcalde de Lleida. Hasél también ha sido condenado en primera instancia a seis meses de prisión y una multa por agredir a un periodista en 2016. Esta última sentencia tampoco es firme.

Contenido exclusivo para suscriptores
1€ primer mes
Accede a todo el contenido de EL ESPAÑOL por 1€ el primer mes, y después 6,99€ Sin permanencia

O gestiona tu suscripción con Google

¿Qué incluye tu suscripción?

  • +Acceso limitado a todo el contenido
  • +Navega sin publicidad intrusiva
  • +La Primera del Domingo
  • +Newsletters informativas
  • +Revistas Spain media
  • +Zona Ñ
  • +La Edición
  • +Eventos
Más información