Andros Lozano Inma León

Congreso de los Diputados, este pasado jueves. Los miembros de la bancada socialista y la de Podemos dan un cerrado aplauso a la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, por la aprobación en la Cámara Baja de los Presupuestos Generales del Estado.

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A su vez, en Sevilla, su ciudad natal, se dibuja una sonrisa tímida pero orgullosa en el rostro de Manuel Mallofret, el cura que en 1984 la vio llegar a la parroquia de Nuestra Señora de la O, en el barrio de Triana.

Mientras Mallofret la ve recibiendo el calor de sus compañeros de partido y llevándose la mano al pecho como gesto de agradecimiento hacia ellos, el cura tuvo que recordar la vez que conoció a aquella joven de tez morena y actitud impetuosa que bordeaba la mayoría de edad y daba sus primeros pasos universitarios como la futura médico en que acabaría convirtiéndose. 

“Creo que llegó a la parroquia cuando tenía 18 años. Quizás no los había cumplido todavía. No lo recuerdo bien. Llegó con un grupo de chavales de su misma quinta. Fue una elección personal. Su fe nadie se la impuso”, explica Mallofret a EL ESPAÑOL el día que el Estado está más cerca de certificar de nuevo sus cuentas públicas. Las mismas que llevaban prorrogadas desde 2018, cuando Mariano Rajoy aún seguía en Moncloa y Cristóbal Montoro dirigía Hacienda. Tiempos pretéritos. 

- ¿Cómo recuerda a la ministra Montero?- pregunta el periodista al cura.

- Era una joven inteligente, abierta y con capacidad crítica. Como se la ve ahora, igual.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, aplaudida en el Congreso tras la aprobación de los PGE, el pasado jueves. EFE

Abogado antes que cura

Una de las personas que más se ha alegrado de la victoria de Montero ha sido Manuel Mallofret, al que en Triana se le conoce como el cura Manolo. Así se refiera a él la propia ministra.

El párroco nació el 10 de diciembre de 1937, en mitad de la Guerra Civil, en Zalamea la Real (Huelva). El próximo jueves cumplirá 83 años. “Ahora estoy más empeñado en cuidar de mí mismo que de los demás”, dice con ironía al teléfono. “Mi edad no es una broma”. 

Mallofret se ordenó sacerdote un Día del Padre. Fue el 19 de marzo de 1966, en Roma. Antes, había estudiado la licenciatura de Derecho y había ejercido de abogado en un pequeño bufete. Movido por su fe en Jesucristo, abandonó los pleitos y las carreras por los juzgados para entrar al seminario y estudiar Teología en Italia. 

“Ejercí durante muy poco tiempo. Son de esas situaciones raras que te da la vida y que, vistas a través del cristal del tiempo, uno no se explica”, admite Mallofret, que ahora, ya retirado, está volcado en la lectura y en la investigación. Es miembro de la Asociación Bíblica Española.

Durante su paso por la iglesia de la O, a la que llegó en los años 80, el cura Manolo conoció a la hoy ministra. Cuenta que María Jesús Montero “pertenecía al grupo juvenil de la parroquia” y que organizaba actividades como campamentos y excursiones. Por allí rondaba también un chico llamado Rafa, con el que la joven salía.

“Si no recuerdo mal, estuvo yendo a la parroquia durante todos los años de universidad. Fue entonces cuando se metió en las Juventudes Cristianas y, de ahí, dio el paso a los partidos de izquierda. Desde entonces, hemos seguido manteniendo contacto. Somos amigos, muy amigos. No sólo de ella, también lo soy de sus padres, que eran profesores en la escuela del barrio de Triana, en la misma calle donde está la parroquia”. 

- ¿Cuándo fue la última vez que hablaron?

- Pues creo que al poco de que la nombrasen ministra. ¡Es que tengo muy mala memoria, de verdad! Me contó cómo estaba siendo su aventura en Madrid. Cuando se mudó allí, yo le dije a sus padres: Mirad, como María Jesús va a tener una vida intratable que va a ser casi como una tortura, mejor me contáis vosotros qué tal le está yendo. Por lo que sé, está feliz. 

- Y ahora que ella es ministra, ¿todavía siguen viéndose?

- No nos vemos tanto como antes, pero sí de vez en cuando. A sus padres, que siguen vivos y residen en Triana, los veo mucho más.

- ¿Alguna vez la ministra le ha pedido consejo?

- Bueno (risas), tiene una ocupación en la que yo no me atrevo a … (de nuevo risas). Tanto como para pedir consejo, no. 

- Algún secreto le habrá contado durante tantos años de amistad, ¿no?

- Bueno, sí, pero mi memoria...

Mallofret aún mantiene grandes dosis de ironía e inteligencia en la conversación. Hay cuestiones que las sortea con elegancia.

- Aquella joven que usted conoció, ¿llegó a ser catequista?

- No lo recuerdo, creo que no, pero sí se hizo cargo de un grupo de chavales. Tenía funciones pastorales, pero ahora mismo no recuerdo cuáles.

La gran vencedora

Sin duda, la gran vencedora de la semana política ha sido la ministra de Hacienda. María Jesús Montero (Sevilla, febrero de 1966) ha conseguido que el Gobierno del que forma parte haya sacado adelante unos Presupuestos con el apoyo de 188 diputados, un respaldo mayor que el obtenido por el PP durante la mayoría absoluta de Rajoy, quien alcanzó la Moncloa con 186 diputados. 

Esos 188 'síes' no es una cifra baladí. El Ejecutivo de coalición entre PSOE y Podemos consiguió 33 votos menos (155) el día de la investidura como presidente de Pedro Sánchez.

Las cuentas de Montero, aunque todavía han de pasar por el trámite del Senado, serán ratificadas el 29 de diciembre. Al llamado 'bloque de la investidura’ (PSOE y Podemos más ERC, Bildu y PNV) se han sumado los votos a favor del PDeCAT, Compromís, Más País, Nueva Canarias, Teruel Existe y el Partido Regionalista Cántabro. Y en esa confluencia de intereses asoma la figura de la ministra sevillana. 

“Se ha fajado muy bien, hay que reconocerlo aunque no nos gusten sus números”, explican dos diputados andaluces del PP, formación que se ha opuesto a los Presupuestos de la actual coalición en el Gobierno. “Es una mujer que sabe negociar y exprimir a quien tiene delante”, aseguran desde uno de los ministerios ocupados por Podemos. 

“El presidente tiene mucha confianza en ella. Sabía que, pese a los escollos, sacaría las cuentas adelante”, afirma una fuente de Moncloa con interlocución constante con Sánchez. “Si la nombró portavoz, además de ministra, fue por algo”. 

El ritmo laboral diario de Montero es frenético. La ministra se tomó como un reto personal la aprobación de las cuentas para el próximo año. Desde su entorno de trabajo más próximo explican que, en días difíciles, que los ha habido durante la negociación, ha impuesto su carácter optimista. "Sabe buscar los puntos positivos cuando las cosas pintan peor".

Fuentes de su equipo admiten haber vivido momentos en los que se complicaba que este Presupuesto viera la luz. Primero, había que salvar el escollo de las diferencias entre los propios socios de Gobierno. Segundo, porque había que ser capaz de atraer al menos a las fuerzas en el Congreso que propiciaron la investidura.

El hecho de que finalmente haya salido con el apoyo de 11 grupos políticos, más de los que tuvo Sánchez el día que fue proclamado presidente, no tiene precedentes.

'La Negra'

En la segunda mitad de los 80, Sevilla vivía, como muchas otras ciudades españolas, el empuje de un movimiento estudiantil universitario que reivindicaba la llegada efectiva de la democracia a las facultades, aunque fuese con una década de retraso con respecto a otras instituciones del país.

En la capital andaluza, entre aquellos jóvenes que encabezaron manifestaciones y protagonizaron encierros en facultades, estaba María Jesús Montero. De origen comunista y valores cristianos, “era una chiquilla muy morena", cuenta un antiguo compañero de la ahora ministra en sus tiempos de la facultad de Medicina de Sevilla, donde Montero se tituló como médico cirujano.

"Morena de piel y de pelo. Algunos le llamaban ‘la Negra’ por eso, aunque creo que a ella no le gustaba. Tenía un punto entre hippie y agitanado”.

Nada más llegar a la universidad, la hoy ministra se hizo delegada de uno de los dos grupos del primer curso. Sus padres, Concepción Cuadrado y Manuel Montero, trabajaban como profesores en el antiguo colegio público José María Izquierdo de Sevilla.

Durante varios años formó parte del consejo de estudiantes de la Hispalense. Eran tiempos de sentadas ante la puerta de la biblioteca, de manifestaciones por las calles de la capital andaluza y de encierros en el claustro. ‘Por la democracia en la universidad, dimisión del rector’, se leía en una de las pancartas que encabezaba una protesta en la que ella participó.

Manifestación por las calles de Sevilla a finales de los años 80 del siglo pasado. Cedida

“Pese a la influencia de ellos, como a muchos otros jóvenes por esa zona de Sevilla le inculcó el veneno de la política el cura de Triana, don Manolo, al que visitaba mucho en la parroquia. Era un cura rojo. Ella tiene convicciones cristianas y le caló mucho su mensaje. Creo que de ahí viene la obsesión de María Jesús con los ricos… De joven era una comunista radical. Siempre ha soñado con una sociedad más igualitaria”, explica un antiguo compañero de facultad.

Montero perteneció a la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y a las Juventudes Comunistas. Las fuentes consultadas narran la vida de una estudiante que “residía en una especie de piso patera donde siempre había gente y no cabía un alfiler”. Allí se fumaba, se leía a Marx y siempre se veía rondando a Rafa, quien acabaría siendo padre de sus hijas.

Aquel inmueble estaba por los alrededores de la Plaza de Chapina, no muy lejos de su barrio, y aquel Rafa era Rafael Ibáñez, un cordobés estudiante de Derecho que pronto se convirtió en secretario general de Juventudes Comunistas en Andalucía y, como ella, también conoció al cura Manolo.

Él se afilió a IU y ella, aunque no de manera formal pero sí como simpatizante ideológica, se mostraba más cercana a sus postulados que a los del PSOE. Con los años, Montero e Ibáñez, que llegó a ser abogado laboralista, trabajó en CCOO y fue diputado andaluz por IU, se separaron, aunque su relación es cordial.

A la gestión política

Tras acabar la carrera, a principios de los 90 María Jesús Montero frecuenta Barcelona, donde obtuvo un diploma en Gestión Gerencial Hospitalaria por la Escuela de Alta Dirección y Administración (EADA).

Pese a ser médico cirujano, nunca ha tocado un bisturí en un quirófano y ante un paciente real. Afiliada tardía al PSOE, Montero no lleva en la sangre la fontanería política como Susana Díaz. Ella es mujer de partido pero no una mujer de aparato: su vida no gira en torno a unas siglas.

Antes de dar el salto a la política, María Jesús Montero pasó por varios puestos de responsabilidad dentro del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Lo hizo como subdirectora gerente de los hospitales públicos de Valme y del Virgen del Rocío, ambos en Sevilla.

En 2002, Manuel Chaves, por entonces presidente andaluz y hombre fuerte del partido, la nombró viceconsejera de Salud. Dos años después, la ascendió al escalafón más alto de la consejería, donde se curtió en su carrera política. Luego se marchó Chaves y lo sustituyó José Antonio Griñán, quien siguió confiando en ella.

En 2013, se convirtió en consejera de Hacienda de la mano de Susana Díaz, que ya había alcanzado el poder. Antes de dar el salto a Madrid y de que el PP consiguiera la Junta, un hito en la política andaluza del que ahora se cumplen dos años, elaboró cinco presupuestos regionales sin contar el PSOE con mayoría absoluta.

Los dos primeros los pactó con su por entonces socio de gobierno, IU. Los tres últimos, con su socio de legislatura, un Ciudadanos que no quiso entrar en el Ejecutivo andaluz. Ese bagaje negociador le ha servido para consolidar estos nuevos Presupuestos. 

La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. EFE

Imitada por Latre

Esta andaluza, muy orgullosa de serlo, tiene mucha confianza en sí misma, vive pegada al teléfono y de reunión en reunión. Ha sido una de los responsables del Gobierno más expuestas mediáticamente durante la crisis sanitaria, lo que podría pasarle factura.

Para mal, por ser una de las caras más visibles en un momento de crisis. En cambio,  también podría ganar réditos políticos por su nivel de conocimiento entre los españoles. Hasta Carlos Latre le ha hecho una imitación, que ella no ha visto, según explican a este periódico personas de su confianza. 

Aunque esta semana ha sido la triunfadora al ver aprobado el primer presupuesto siendo ella ministra, desde que estalló la pandemia ha estado muchos días en el ojo del huracán.

La primera comparecencia que la puso en la picota fue una en la que trató de explicar la vuelta de los ciudadanos a las calles a finales del pasado mes de abril. A los pocos minutos fue enmendada por el ministro de Transportes, José Luis Ábalos.

Unos días más tarde, descartó la renta mínima temporal anunciada por el vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales, Pablo Iglesias, una semana antes. Esta vez fue el propio Pedro Sánchez quien salió a desmentirla.

También pegó un resbalón mediático cuando anunció la salida a la calle de los niños, pero sólo para ir al supermercado, a la farmacia o al banco, y "no para dar paseos cortos". Pocas horas después era el ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien le rectificaba de nuevo.

De hecho, una parte del PSOE andaluz mira con recelo esta continua exposición mediática por el temor de que saliera demasiado quemada de esta tesitura. El suyo es uno de los nombres que resuena como posible sustituta de Susana Díaz en el PSOE andaluz, bastión clave para el partido a nivel nacional. Y Pedro Sánchez apostó por ella cuando la elevó de San Telmo a la Moncloa tras la moción de censura a Mariano Rajoy para colocarla al frente del Ministerio de Hacienda.

Precisamente, la expresidenta de la Junta no se cansa de repetir que su sitio es Andalucía y que va a volver a concurrir a las primarias en el congreso regional que se prevé para el próximo año. Será tras el federal.

Díaz mantiene que ella ganó las últimas elecciones autonómicas, las del 2 de Diciembre de 2018 -así fue en número de escaños-, pero que PP, Cs y Vox impidieron que gobernara al sumar sus fuerzaa. En ese momento venía de perder unas primarias con Sánchez.

Desde el partido insisten en que no es momento de pensar en elecciones porque las prioridades son otras, pero el asunto de la posible sucesión de Díaz no deja de estar en el disparadero. Los nombres de sus posibles sucesores tampoco dejan de sonar.

Junto al de Montero, también suena el del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y en las últimas semanas lo ha hecho con bastante fuerza el del jienense Felipe Sicilia. Este último es una persona de confianza de Pedro Sánchez y de Adriana Lastra, y ya se ha postulado abiertamente sobre sus intenciones.

Sin embargo, es poco probable que ninguno de los dos primeros abandone sus actuales cargos mientras no sea imprescindible, o den algún paso al frente a modo de anuncio. Al menos, a corto plazo. Sobre todo en el caso de Montero, una de las ministras en las que Sánchez tiene depositada su plena confianza. Aunque quizás no tanta como el cura Manolo, su confesor desde que era joven.