La resolución final de la noche dejó un acuerdo pero muchas heridas abiertas. De ésas que sangran en sábana, lentamente, y se pueden disimular. Pero que precisamente por eso pueden ser mortales para la unidad del Gobierno. Oficialmente, "salud de hierro del Gobierno de coalición, bien engrasado". En realidad, acuerdos que no lo son, permisos para decir pero no escribir y cifras que no cuadran.

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Después de cerca de dos meses de reuniones casi diarias entre los que saben de números, María Jesús Montero y Nacho Álvarez, el cierre final de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2021 cayó en manos de los que saben de estrategias: en las últimas 48 horas, todo fue "coordinado" por Iván Redondo, jefe de gabinete de Presidencia, y Juanma del Olmo, director de Comunicación de la Vicepresidencia segunda.

Y claro, cuando se pasa de los números no a la política, sino a la comunicación, lo que pesa no es tanto el proyecto como el titular; lo que cuenta es menos el equilibrio como el rédito, la medalla.

Por eso, probablemente ocurra que, en plena pandemia se haya reducido el presupuesto de Salud Pública o de la Agencia Española del Medicamento. O que la partida de 3.000 millones prevista para el Ingreso Mínimo Vital dé, estirada, para poco más de unas mensualidades si se cumple el objetivo de llegar a un millón de beneficiarios.

O que aparezca un impuesto recrecido, el llamadao dieselazo, que unos se apuntan el tanto de haberlo quitado -Ciudadanos-, son desmentidos por Hacienda -Montero dijo públicamente "yo no he hablado de eso con ellos"- y finalmente sea el PNV el que se lleve el mérito de eliminarlo. Y todo en el mismo día en que las cuentas públicas llegan al Congreso, antes de desprecintar el librito amarillo.

María Jesús Montero, ministra de Hacienda, hace la entrega del Proyecto de Ley de Presupuestos para 2021 a Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados. EP

Y por eso las fuentes del Ministerio de Sanidad niegan que la realidad vaya a ser ésa, cuando se les pregunta por la incongruencia. O tal vez sea ésa la razón por la que desde el departamento de Seguridad Social se afea al periodista que trata de confirmar las "mejoras" anunciadas por Pablo Iglesias el martes por la mañana: "Para cuestiones del Ingreso Mínimo, esténse a lo que digamos aquí".

Aún falta otra cosa por aclarar: por qué se sube un 20% el presupuesto del SEPE si el Ejecutivo da por sentado que el paro bajará del 17% al 16% en 2021... salvo que la explicación esté en que ambas son buenas noticias para quien las dé. Y ya se sabe, cuando los comunicólogos deciden, lo que pesa es el relato.

Sin mano a mano

"Hubo mensajes hasta última hora de la noche", explican las fuentes. Aquel día, el lunes después del Consejo de Ministros extraordinario que había decretado el tercer estado de alarma desde la llegada del coronavirus a la legislatura -al mes de inaugurarla-, Pedro Sánchez había evitado llamar a Pablo Iglesias, que se quedó con las ganas de la reunión mano a mano que tenía pendiente con el presidente para cerrar el acuerdo. Y con todo encallado, fueron Redondo y Del Olmo los que tomaron las riendas.

Algunos de esos telegrams fueron incluso subidos de tono cuando, pasadas las 22.00 horas, aún no había pacto. Sánchez había empeñado su palabra aquella mañana ante los presidentes autonómicos y la presidenta de la Comisión Europea: "Este martes, el Gobierno aprobará el anteproyecto de Presupuestos". Y su jugada, con la que pretendía acogotar al socio morado, se le volvió en contra.

La idea era dar por finiquitado todo, pues ya se había llegado a un principio de consenso en el paquete fiscal, último escollo del texto presupuestario. Pero Iglesias llevaba "tres semanas insistiendo, y dejando muy claro" que sin un compromiso de intervenir el mercado del alquiler y el anuncio de "mejoras" vía enmienda al IMV, no habría nada que anunciar ni aprobar.

El sábado, el vicepresidente estaba pendiente de la llamada de Moncloa para cerrar la reunión con el presidente el domingo tras el Consejo extraordinario, o el lunes, después de maitines.

Pero no llegó, y en ambos casos Iglesias se fue de Moncloa barruntando una reacción. Así, y tras la pequeña victoria del equipo económico socialista -Calviño, Escrivá y Montero-, que eran partidarios de dejarlo todo ahí y "pasar del tema alquileres e IMV", en la noche del lunes, desde el lado de Unidas Podemos se llegó a transmitir a Moncloa que "nos vamos a un Consejo extraordinario el viernes, que todavía es octubre".

Pedro Sánchez junto a Pablo Iglesias en la presentación del Proyecto de Ley de los PGE 2021. EP

"No fue teatro"

Ambos lados del Ejecutivo se habían comprometido a no llegar a noviembre. Y ambos confirman que "Pedro y Pablo estuvieron en todo momento en la coordinacion" de los temas en discusión. Y oficialmente se añade que "en esta ocasión no ha sido tan necesario su presencia directa" para arreglar el entuerto. En off la versión es menos benéfica: "La pelea del lunes por la noche no fue teatro", apuntan los morados. "El acto es el mensaje", se añade desde el lado socialista, conscientes del ruido de fondo de la bronca.

Junto a Redondo y Del Olmo, pegados al teléfono y para que éstos cruzaran advertencias, órdagos y propuestas de arreglo, estaban del lado morado el citado Nacho Álvarez, Ione Belarra, Irene MonteroY por parte del PSOE, además de la ministra Montero, José Luis Ábalos y José Luis Escrivá.

Al día siguiente, de hecho, hubo corrillos curiosos con el café previo al Consejo de Ministros. Porque la guerra y la política hace extraños compañeros de cama, y el roce hace el cariño, miembros del Gobierno habitualmente enfrentados comentaban la tensión de la noche anterior, y las presiones que los colectivos sociales o los grandes del Ibex habían estado lanzando hasta la madrugada...

Hasta la madrugada

Y es que, aunque a las 22.41 horas del lunes se comunicó a la prensa el acuerdo definitivo que salvaba la palabra de Sánchez ante la jefa europea, Ursula von der Leyen, y los líderes autonómicos, la negociación final se alargó hasta pasada la 1.00 de la madrugada. Cómo redactar los comunicados, qué puntos destacar, y cuáles ni siquiera dejar por escrito.

-Déjalo, si es evidente, pero no quiero que aparezca esa palabra.

-Sin esa palabra no hay acuerdo, ministro. Sale sí o sí.

De hecho, la "mejora" principal del IMV, sólo la conocemos de palabra de Iglesias: "Se permitirá que haya más de dos titulares del IMV en un mismo domicilio"... y la respuesta de Escrivá, ésa de “les sugiero que en cuestiones de detalles sobre el IMV nos escuchen a nosotros, al Ministerio competente, al de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones”. 

Las espadas siguen en alto, unos advierten que buscarán "más mejoras en las enmiendas". Y los otros que ni éstas entrarán. Hay acuerdo, sí. Pero no tanto en la política, sino en cómo montar actos que la cuenten.