¿Por qué todo el mundo compra papel higiénico? ¿Es posible que se esté acabando? ¿Hay algún motivo racional para pensar que sirve para combatir el coronavirus? Estas preguntas, así expuestas, se han repetido, de uno u otro modo, entre cientos –quién sabe si miles o millones– de grupos de amigos, de chats de WhatsApp o de curiosos. Y es normal. En cualquier supermercado, a cualquier hora, los carros han salido, estos días, repletos de rollos sin que haya una explicación aparente. ¿Y la hay? Sí. Aunque resulte difícil de creer, existe. Pero, obviamente, es irracional y fruto un delirio colectivo que, desde que se anunciara el cierre de colegios por parte de la Comunidad de Madrid, ha llevado al ‘ciudadano precavido’ al súper para llenar la despensa “por si acaso”.

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Lo cierto es que, consultando a expertos (sociólogos, psicólogos y médicos), el fenómeno tiene su explicación –aunque no sea racional. Es, en cierto modo, algo que se lleva barruntando desde que el coronavirus, de una u otra forma, llegó para incorporarse a nuestro vocabulario. Como lo hicieron, semanas atrás, los geles desinfectantes –¿alguien había oído hablar de ellos antes?– y las mascarillas, agotadas en gran parte de las farmacias y los supermercados madrileños. Pero bien, ¿cuál es la razón? Vayamos por partes.

Miedo y ansiedad

El papel higiénico, por hilarante que pueda resultar, no es sino el síntoma de algo más general, de un estado de histeria colectiva. Marta Burgos, del Colegio de Politólogos y Sociólogos, remite al “miedo” para explicar la situación. “Es una emoción que se contagia rápidamente. Ante la incertidumbre, ante el qué va a pasar, ante la falta de información sobre lo que implica, la gente toma decisiones. Y dice: ‘Yo me voy a preparar’. Y lo hacen comprando lo básico. Incluso, algo exageradamente, como si se estuvieran preparando para el fin del mundo”, cuenta a EL ESPAÑOL.

El papel higiénico, lo primero en agotarse en Ahorramás.

El ‘asalto’ a los supermercados comenzó el lunes, cuando la Comunidad de Madrid anunció el cierre de los colegios hasta el 26 de marzo. Esa misma tarde, en muchos establecimientos de la capital, se quedaron sin productos para reponer los estantes, arrasados ante tanta alarma. Y el martes, más de lo mismo. De nuevo, las cadenas de retail hicieron su agosto 'gracias’ al coronavirus. Aunque, eso sí, todas ellas reconocen que no habrá problemas de desabastecimiento.

“Es por la angustia”, añade Ana Fabón, psicóloga sanitaria con clínica propia en Madrid. “La gente sabe que hay un virus y trata de abastecerse para que no le falte lo básico. La gente, en estas situaciones, desarrolla pensamientos obsesivos en torno al ‘y si’. ¿Y si me mandan a casa en el trabajo? ¿Y si me contagio? ¿Y si me quedo sin comida? Tratan de frenar la ansiedad con estas conductas”.

Papel higiénico, lo primero

¿Qué es lo más básico? La higiene. Es decir, el papel higiénico. "Y, después, las conservas, porque te preparas para mucho tiempo. Por eso son los primeras cosas en acabarse”, aclara Marta. Tanto es así que, este martes, a las 9:20, en algún Mercadona, como en el de Santa María de la Cabeza, ya no había atún en aceite de oliva y empezaban a faltar los rollos.

La lógica, añade Ana Fabón, es la siguiente: “Te han dicho que te tienes que lavar las manos y te tienes que secar con algo. Sabes que las toallas son menos higiénicas y entonces utilizas los rollos de papel, que son de usar y tirar”, razona.

¿Más higiénico?

¿Sirve, el papel higiénico, para no transmitir el coronavirus? La creencia, aunque tenga cierta base, ha ido, de boca en boca, arrastrando hasta dejar a los supermercados prácticamente sin existencias. Pero, ¿es verdad? Sí y no. “Lo más higiénico para no transmitirlo es limpiarse con agua. Pero, para secarse, sí que es mejor que las toallas”, específica María Pardo, doctora del Hospital La Princesa (Madrid). “En cualquier caso, lo más efectivo es lavarse las manos. Si no estás contagiado, evitar el transporte público, no ir a sitios donde haya multitudes… Y si ya tienes el virus, estar aislado, toser con el codo, no ir por ahí”, prosigue.

Muchos madrileños hacen cola para llevarse papel higiénico y otros productos de Mercadona.

Pero ese bulo, inevitable, es lo que conduce a muchos ciudadanos hacia la irracionalidad de comprar papel higiénico como si se fuera a acabar al día siguiente. “Nos informamos por el vecino, por el compañero de trabajo, en la tienda… y hay que ir a fuentes oficiales. Es la única forma de saber qué es verdad y qué es mentira”, explica Ana Fabón.

Efecto contagio

Ese miedo, esa ansiedad, esa angustia, ese buscar seguridad, esa incertidumbre… Lleva a muchos ciudadanos a actuar irracionalmente, a calcar los movimientos de sus semejantes, a comprar lo que otros compran, a ver que si falta papel higiénico “será por algo”. Y, después, en esa escala, a ir poco a poco a poco actuando sin pensar. “El mayor miedo es al contagio. Después, a no tener lo básico (papel higiénico, conservas…). Más tarde, a qué hago si tengo que teletrabajar. Y, entonces, muchos compran carne que no necesitan y la meten en el congelador… Es crear necesidades desde el miedo”, insiste Ana.

Y, al mismo tiempo, afrontando la crisis como hace décadas; en base a modelos antiguos. “¿Es que a ninguno de los que estaban comprando se les ha ocurrido que pueden encargarlo todo online? Estamos llevando a cabo esto con esquemas de otras épocas”, finiquita Marta. Todos, con un “por si” en la cabeza tan irreal como los propios milagros del papel higiénico.