Esta crónica, por lo que implica, por lo que puede generar, debería beber, en principio, de la mesura. Alarmar, en este contexto, con los colegios cerrados, con el coronavirus sumando afectados, con la responsabilidad mediática que se debe el periodismo, sólo puede llevar a un mayor delirio, a una fiebre que no requiere de reposo y cama. Pero, ¿se puede guardar ese tono cuando, tras recorrer cinco supermercados, la sensación es de histeria colectiva? Resulta, créanos, complicado; traicionaríamos, como comprenderán, el ejercicio de la profesión. La verdad no se puede falsear, aunque sea, de un modo u otro, complicada de comprender. Y lo de este martes, en efecto, lo es. Porque desde primera hora, espontáneamente, cientos –quizás miles– de madrileños han ‘asaltado’, casi literalmente, las cadenas de retail en busca de lo básico: papel higiénico, arroz, pasta, aceite…

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“Esto es una locura”, “estamos chalados”, “parece que se va a acabar el mundo”, “en mi vida creí que esto fuera a pasar”… Las afirmaciones, entre la grandilocuencia y la incredulidad, han secundado, entre conversaciones mundanas, la idea de ese delirio colectivo. El madrileño precavido, el que tendrá a sus hijos desde este miércoles en casa, se ha levantado temprano este martes, ha cogido el carro de la compra y ha acudido al supermercado. “A ver si mañana nos nos van a dejar salir...”, espeta Eva, en conversación con EL ESPAÑOL, entre el sarcasmo y el miedo, representando, sin que sea su intención, el temor de la mayoría.

Pero Eva es una entre muchos. Este martes, Leandro, Ramón, Tini o Marisela han acudido a hacer la compra a primera hora. Tienen, obviamente, miedo. Saben –por la televisión–, que este lunes, tras el anuncio de la Comunidad de Madrid –que ha decretado el cierre de los centros educativos durante 14 días desde el miércoles–, muchos madrileños dejaron los supermercados prácticamente vacíos. Y ellos, en fin, naturalmente, querían tener provisiones “por si acaso”.  

Muchos madrileños han ido a hacer la compra tras el anuncio del cierre de los colegios desde el miércoles. D. P.

Aunque racionalmente, en principio, no haya una razón para preocuparse por la falta de productos o alimentos. O, al menos, eso es lo que ha reconocido Juan Roig, presidente de Mercadona, en un comunicado. "Está garantizado el abastecimiento de productos (...) Lo peor que nos puede pasar es el miedo", ha reconocido, tratando de tranquilizar tras las imágenes de estantes vacíos del lunes. 

Los madrileños, madrugadores

Sin embargo, este martes, a las 8:45 horas, con las puertas todavía cerradas, muchos madrileños, en la puerta del Mercado de Santa María de la Cabeza, esperaban la apertura. No querían quedarse sin lo básico. “Nosotros venimos todos los días, pero hoy hay más gente de lo normal”, explican José y Nemesio, dos habituales, sentados en un banco, sin comprender lo que está pasando. “Tenían que cerrar el aeropuerto, ¿tú te crees que es normal que dejen venir a tanta gente?”, espetan, indignados, mientras entran con sus carros vacíos.

En Mercadona, a primera hora de la mañana, han tenido que reponer el atún en aceite de oliva.

A esa hora, justo a las 9:00, todavía se puede respirar. Diez minutos más tarde, en el Mercadona que hay en el interior del Mercado de Santa María de la Cabeza, es más complicado. En los pasillos, en poco tiempo, hay que regatear como Neymar para no ser ‘atropellado ‘ por los carros. A las 9:20 horas ya no hay atún y empieza a escasear el papel higiénico. “No me moleste, que llevo prisa”; “lo siento, pero no me puedo parar”; “en otras condiciones le atendería, pero hoy, no”… Y, mientras tanto, se abren todas las cajas, aumentan las colas, se desesperan los clientes... 

Uno de ellos, Ramón, que, obviamente, no sabía que se fuera a encontrar a tanta gente antes de acudir. “Me habían hecho un pedido, pero es un mal día para hacerlo...”, lamenta. Lleva lo básico (papel de cocina, suavizante, leche…). No es el único. Leandro, movido por la necesidad, ha acudido junto a su mujer para hacer la compra de sus hijos. “Ellos no pueden trabajar y he venido yo”, confiesa. Y Tini, que tiene una hija que desde el miércoles no irá a clase, ha hecho lo propio. En su carro, “lo de siempre: pan, leche, galletas...”.

Colas dese primera hora de la mañana para comprar en Mercadona.

No hay compra pequeña. Nadie ha acudido a Mercadona a llevarse una barra de pan o un rollo de papel. No, la mayoría, no escatiman a la hora de llenar la cesta. “Yo cuido de una familia y somos seis. Imagínate, con tres niños, todos sin colegio…”, cuenta Marisela, con el carro cargado de leche –al menos, 12–, cereales, Aquarious, papel… “No suelo venir a esta hora, pero con tanto pánico”, lamenta.

Su miedo lo comparte con Luisa, que lleva días persiguiendo el gel desinfectante. “Me vine a primera hora porque me dijeron que era la única forma de conseguirlo”, cuenta. Pero no se imaginaba encontrarse a tanta gente. “Yo, que llevo muletas, he tenido que dejar pasar a todos. He pensado: ‘¡Me van a tirar!’”. Su carro, también lleno –“aunque sea lo de siempre”: papel higiénico, natillas, cereales…

Luisa ha acudido a Mercadona a comprar gel desinfectante y se ha encontrado con el supermercado lleno.

“Falta mi leche”

Mercadona no es el único supermercado donde, este martes, trabajaban a marchas forzadas. La postal se repetía en el Ahorramás de Julio Morate, en pleno barrio de Arganzuela. “Yo no he podido comprar la leche que normalmente me llevó”, lamenta Isabel. No es la única. En los estantes falta también carne y gel desinfectante, y va camino de acabarse la comida para perro y la lejía –desinfectar es básico para evitar que se propague el virus.

“Me asusté. El lunes por la tarde vi venir a tanta gente, era una avalancha…”, explica, sorprendida, Eva. Y ella, para evitar quedarse sin nada, este martes ha ido a hacer la compra para la persona que cuida. “Y ya de paso me llevo algunas cosas para mí”, bromea.

Estantes vacíos desde primera hora de la mañana en Ahorramás.

El miedo al desabastecimiento es el principal motor de tanta compra. Los productos no sólo escasean en Ahorramás o en Mercadona. En el Carrefour de Lavapiés, a primera hora de la mañana, también faltaba fruta –aunque se estuviera reponiendo. “Fue por lo del lunes por la tarde, que fue todo una locura”, explica Fanni Rubio, que, eso sí, puede hacer tranquilamente la compra el martes por la mañana en dicho establecimiento.

En realidad, la locura no es similar en todos los supermercados. En el Dia de la calle Jaime el Conquistador –aunque escasea el pan de molde y los yogures– el trasiego no es tan intenso. “Tranquilos, que va a haber de todo y para todos. No se acaban las cosas”, relativiza una cajera en conversación con sus compradores. Como también ocurre en el Lidl de Ronda de Atocha, donde se puede adquirir prácticamente cualquier producto. Y a eso se acogen desde las diferentes cadenas de supermercados, donde, en conjunto, descartan el desabestecimiento y reconocen que la falta de productos es algo “puntual” y en “algunos establecimientos”.