Cada vez que discutían, Arthur, un exmarine, compraba el perdón de Alina con flores. Ramos y ramos llegaban a la casa que ambos compartían, desde hace poco más de dos años, en Moraira (Alicante). Esta pequeña localidad costera está copada por habitantes de distintos puntos de Europa aunque, sobre todo, de británicos, alemanes, holandeses y rumanos. Así, Arthur, un exmarine procedente de Holanda, abrió Brilliant Real State, una inmobiliaria con atención personalizada a los europeos establecidos en Moraira. 

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Pronto comenzó su relación con Alina, una joven rumana, 25 años menor que él. Pero la relación no tardó en torcerse. La mujer denunció a Arthur -de 59 años- por malos tratos. Fue el pasado verano, cuando un vecino oyó como Alina pedía auxilio de forma desesperada. A Arthur le pusieron una orden de alejamiento -que ya había caducado-. Pero, a pesar de todo, Alina siguió a su lado. Él la llevó flores el pasado 14 de febrero. Dos días después, discutieron en la inmobiliaria. Alina fue encontrada degollada en un contenedor a pocos kilómetros de su casa. Allí la había tirado Arthur, de una manera despreciable. La mujer deja un hijo de catorce años

Orden de alejamiento 

El pasado 18 de febrero, Arthur K., un holandés de 59 años, se presentó en la comandancia de la Guardia Civil de Moraira (Alicante). Hasta allí acudió con una idea clara y entre sollozos. Ya lo había hablado con un amigo. Confesó que había asesinado a su prometida, de 34 años, durante una discusión en la inmobiliaria que ambos regentaban. Lo hizo con un cuchillo de cocina y ella intentó resistirse. Así lo muestran las heridas de defensa que Alina tenía en su cuerpo. La mujer fue encontrada en un contenedor de una urbanización de casas bajas, cerca del centro de Moraira. Estaba vestida de fiesta y con varias puñaladas por todo el cuerpo. Aunque la mortal fue la del cuello. 

Una vez muerta, Arthur envolvió el cuerpo con un edredón nórdico, lo ató con un par de cuerdas y lo sacó de casa de madrugada. Lo llevó hasta su coche y se dirigió hasta la urbanización El Tesoro. Allí la encontraron los servicios de limpieza, quienes avisaron a la Policía. No fue fácil identificar a Alina. Pero cuando Arthur se presentó en la comisaría, los agentes ya le seguían la pista. 

Alina, madre de un niño de catorce años, había denunciado al hombre holandés por maltrato. Las discusiones eran algo frecuentes entre la pareja. El recuerdo que tienen los vecinos de Moraira de Arthur no es especialmente bueno. "No se relacionaba mucho y tenía una pinta rara", apunta la dueña de un establecimiento cercano a la inmobiliaria de Arthur. A ella tampoco la conocían mucho. Así, el verano pasado, se produjo una de las peleas más fuertes

Los tatuajes de Alina y Arthur.

Al oír su llamada de auxilio, un vecino decidió llamar a la Policía. Alina tomó la decisión de no secundar la intervención policial y no quiso contar qué había sucedido. Aún así, el juzgado dictó una orden de protección que implicaba, entre otras muchas cosas, el alejamiento del acusado. Además, las diligencias fueron elevadas a urgentes. El procedimiento judicial finalizó con una sentencia absolutoria. 

¿El arma?

Alina cumplió 34 años a principios de febrero. Había vivido toda su vida en Calarasi, una ciudad al sureste de Rumanía. Cuando conoció a Arthur comenzó a trabajar junto a él en la inmobiliaria que él había fundado. Ambos sellaron su amor con un tatuaje en sus manos, donde él se tatuó el nombre de 'Alina' y ella, 'Arthur'. El broche lo ponía un corazón, entre sus manos entrelazadas. 

Arthur abrió una inmobiliaria en el centro de Moraira.

Ahora, la Guardia Civil busca el arma homicida e investigan si Arthur contó con la colaboración de alguien. Junto a la pareja, vivía en la casa otro hombre, al que ya se le ha tomado declaración. Uno de sus hijos residía con su abuela en una vivienda de la Marina Alta; el otro, con su padre en Rumanía. 

De las once mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en este 2020 ninguna había denunciado -a excepción de esta última-. Pero, ¿por qué no lo hacen? "Principalmente por dos causas, por miedo, miedo al maltratador, miedo a los demás, al qué dirán, a perder a sus hijos, a no saber de qué vivir, pues muchas de estas mujeres dependen económicamente de la pareja. Y otra razón por la que no denuncian y que suelen verbalizar las víctimas es porque normalmente ya se han visto envueltas en algún litigio con otra expareja o por las custodias, etc.. y no han salido bien paradas", explica María Elvira Vague, psicóloga clínica y forense especializada en violencia de género. "Muy pocas se fían del sistema judicial", aclaran. 

De izquierda a derecha; Mónica, Olga, Judith y Liliana, asesinadas por sus parejas o exparejas.

En el caso de Alina, la mujer decidió no denunciar a Arthur. "Muchas se preguntan qué va a suceder una vez que esa orden de alejamiento termine", apostilla María de la Peña Campos de España Jara, psicóloga especializada en adultos. Respecto al comportamiento de Arthur, de colmar a su prometida con todo tipo de regalos, María Elvira lo tiene claro. "En la fase 'luna de miel' desaparece la violencia, el agresor verbaliza su arrepentimiento, muestra un comportamiento extremadamente cariñoso y utiliza estrategias de manipulación afectivas muy eficaces", aclara. 

Respecto a la forma tan deleznable de deshacerse del cadáver, María de la Peña explica que se trata de una "metáfora" de lo que le han hecho "en vida". "Viene de cómo le ha hecho sentir durante todo el tiempo que ha sido maltratada", añade. 

Arthur y Alina, en una foto en redes sociales.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, ha condenado los hechos y ha incidido en el "compromiso firme" del Gobierno para poner "todos los dispositivos y la fuerza de las instituciones públicas para que no haya ni una mujer más asesinada". Montero ha afirmado que "nos queremos vivas". La delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, ha lamentado que la violencia machista sigue sin cesar en nuestro país y ha pedido la implicación de toda la ciudadanía en esta lucha. 

"El dolor de la violencia machista que no cesa. Desde la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género debemos prevenir y evitar. Y proteger, acompañar, dar salidas dignas a todas las víctimas vivas. Pero no es solo tarea judicial/policial/gubernamental. Es social: tuya, nuestra", ha escrito Rosell en su cuenta de Twitter. 

Alina Mocanu, de 34 años, es la undécima mujer asesinada por un hombre desde que ha comenzado el año. En España, en 2020, también han sido asesinadas Mónica, de 28 años; su hija Ciara, de tres; Olga, de 63; Judit, de 29; Mary, de 73, Manuela de 79 años; Rosa, de 40; Lorena, de 41 años; Clara, de 47 y Ana, de 38 años. La serie 'La vida de las víctimas' contabilizó 53 mujeres asesinadas en 2017, 47 en 2018 y 55 en 2019.