Miguel Ángel Mellado Cristina Coro

En el PSOE de Alfonso Guerra se decía que quien se movía no salía en la foto. En el PSOE de Pedro Sánchez da igual: siempre es él quien ocupa el lugar más visible de la imagen. Especialmente si tiene una dimensión internacional. Y el gran damnificado por la proclividad exterior del presidente del Gobierno es, precisamente, el Jefe del Estado, Felipe VI, cada vez más apartado de los grandes acontecimientos internacionales.



Este miércoles, en Davos estará Pedro Sánchez como representante máximo de España en el Foro Económico Mundial que se celebra en el cantón suizo. Felipe VI ni estará ni se le espera. El Gobierno decidió en su momento que el Rey asista en Jerusalén este miércoles al 75 aniversario de la liberación de Auschwitz.

Como el don de la ubicuidad no va aparejado con el tesoro de la corona de los monarcas, cabría pensar que si uno está en la capital israelí de las religiones difícilmente podría estar a la vez en la capital del capitalismo en que se convierte Davos por unos días. La explicación valdría como eximente para Moncloa al no contar con Felipe VI para la cumbre en Suiza. Pero sin ser tampoco ubicuos, el Príncipe Carlos y los reyes de Bélgica, Felipe y Matilde, estarán en ambos sitios: primero en Davos y, a continuación, gracias al avión, en Jerusalén.

El príncipe Carlos junto a la duquesa de Cornwall durante una visita a Londres.

En el caso del heredero de la corona británica, con papel protagonista en Davos: este miércoles por la mañana presenta una iniciativa titulada “Construir Mercados Sostenibles”, un proyecto elaborado por el mismo príncipe Carlos con el apoyo del Foro Económico Mundial.

Fuentes próximas a Zarzuela rechazan hacer cualquier comentario sobre la ausencia de Felipe VI en Davos. La estrategia de Palacio es no contribuir a la creciente percepción de un enfriamiento en las relaciones entre el Rey y el presidente del Gobierno. Si el roce hace el cariño, como es común afirmar, el distanciamiento entre el inquilino de Moncloa con Zarzuela no tiene parangón en la historia de la reciente democracia.

Como se ha publicado en estas páginas, el presidente del Gobierno ha roto con la tradición de acudir una vez a la semana a Zarzuela, que en el caso del presidente Zapatero se producía los martes y con Rajoy, los jueves. En este desapego cabe sumar la ausencia de los tradicionales informes que Vicepresidencia de Gobierno enviaba a Palacio los viernes, y que últimamente no llegan. Quizás ahora que hay cuatro vicepresidentes alguno tendrá tiempo para mantener el cordón umbilical informativo con Zarzuela.

Así como en los tiempos de Juan Carlos I a veces se suspendía el encuentro con el presidente del Gobierno porque el Rey no estaba localizable, ahora es justo al contrario: Felipe VI está en su despacho y es Pedro Sánchez quien no acude. Las ausencias del líder socialista tienen que ver con sus continuas salidas al extranjero: más de 30 viajes en 2019 y más vueltas al mundo, desde que se convirtió en presidente del Gobierno el 2 de junio de 2018, que si Magallanes viviera 20 vidas.

La COP 25, primera afrenta

El desplazamiento de la política exterior de Felipe VI, sea planificado o no por Moncloa, es evidente. No se trata de no viajar al extranjero. Incluso cuando la cumbre internacional se celebra en Madrid, Felipe VI tampoco está. Es lo que sucedió en la COP 25, el encuentro mundial por el medio ambiente de diciembre pasado. Sánchez estuvo presente casi todos los días, entre el 2 y el 13 de diciembre, y Felipe VI, ninguno.

Felipe VI no salió en las grandes cadenas televisivas internacionales ni en los principales periódicos del mundo que cubrieron la COP 25. Como en Moncloa siempre hay una buena excusa, se adujo que el Jefe del Estado que tenía que estar era el del país organizador y anfitrión, Chile, y no el de España, porque la celebración en Madrid se improvisó a última hora ante los disturbios sociales en el país sudamericano.

Pedro Sánchez está borrando progresivamente a Felipe VI en el ámbito internacional.

Tampoco habrá fotos de Felipe VI en Davos, al contrario de lo que sucedió en 2018, cuando el Rey se dirigió a decenas de jefes de Estado y de Gobierno afirmando que “la Constitución española no es un mero ornamento”. Para añadir: “La lección de la crisis catalana es que hay que preservar el imperio de la ley”.

Este mensaje fue una continuación de su intervención en la noche del 3 de octubre de 2017, en un discurso contundente dirigido a toda la nación española tras el referéndum ilegal del 1 de octubre en Cataluña. No a todos gustó el golpe de efecto de Felipe VI, y menos a los independentistas catalanes. Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional, ex candidato del PCE en Andalucía años atrás, publicó en eldiario.es un artículo titulado “El rey en Davos: una vergüenza nacional”. Su tesis es que el Felipe VI no podía ocupar el lugar que corresponde al presidente del Gobierno. Pedro Sánchez parece estar muy de acuerdo con sus vetos, eliminando al Rey de estos foros y de sus fotos. 



Una intervención en Davos 2020 para hablar sobre Cataluña resultaría extemporánea y sería impensable que contara con la autorización de Pedro Sánchez. Recuérdese que es presidente del Gobierno gracias a la abstención de ERC, el partido de Junqueras que defiende la república y la independencia de Cataluña.

Los gritos de Juan Carlos

En sólo dos años, todo ha cambiado: Pedro Sánchez no es Mariano Rajoy. Al menos, por dos razones: el presidente gallego evitaba foros internacionales por sus problemas con el inglés y, además, no tenía el menor interés en su proyección internacional, justo lo contrario que 'Gulliver' Sánchez, como algunos llaman al inquilino de la Moncloa remedando al personaje de Jonathan Swift.

Se quiera o no reconocerlo, el arrinconamiento internacional de Felipe VI es progresivo en proporción con la expansión exterior del presidente del Gobierno. La cuestión es si no comienza a suceder también en el ámbito nacional, diezmando la imagen del monarca con pequeños y sucesivos detalles.

No sentó nada bien que, por primera vez, el presidente del Gobierno informara al Rey por teléfono de su nuevo Gobierno. Se dice que los gritos de Juan Carlos se oyeron de punta a punta en el enorme gimnasio que tiene en Zarzuela. La exasperación de Juan Carlos se debía, al parecer, al feo detalle de Sánchez con su hijo. Bien es cierto que el carácter del emérito últimamente se parece al Gloria que azota a España. La muerte de su hermana Pilar y el deterioro de Juan Carlos en su movilidad le estén afectando psicológicamente.

Las dos veces que el rey Juan Carlos le dijo a Felipe que se divorciara

Seguramente padre e hijo no han hablado del asunto de la lista del Gobierno ni de la merma en la proyección internacional del actual monarca. La comunicación de padre a hijo se mantiene, pero la de rey a rey es inexistente.

La tuberculosis y el Rey

Uno de los anuncios que Pedro Sánchez hizo el pasado lunes por la noche en la entrevista en TVE también ha creado suspicacias en términos de espacios del Rey. Sánchez, para diluir el efecto social negativo por la creación de una mesa de negociación entre el presidente del Gobierno y el de Cataluña, planteó el lunes que visitaría uno a uno a los presidentes autonómicos en sus respectivos despachos.

Recorrer España, tener contacto con todas las partes del país, era otra de las funciones no escritas de los Reyes. Poco a poco han ido espaciando estos viajes nacionales dentro de una política de perfil bajo diseñada desde Zarzuela.

Pedro Sánchez, en su primera entrevista como presidente del Gobierno en RTVE.

Pedro Sánchez tiene cuatro años –al menos sobre el papel- para viajar por el extranjero, sobre todo, y por España. Felipe VI y Letizia, teóricamente, tienen todo el tiempo del mundo para recorrer el país porque su puesto no pende de una votación electoral. Pero, como repetía Juan Carlos I, “hay que ganarse la corona todos los días”. Más aún con un gobierno de coalición donde, en el mejor de los casos, una de las partes es declaradamente republicana. De hecho, esta semana, la ministra de Igualdad, Irene Montero, le hizo la 'cobra' a Letizia no acudiendo a un acto sobre la Cruz Roja. La excusa infantil que se dio para justificar tan clamorosa ausencia es que el acto estaba programado antes de la constitución del nuevo gobierno.

La situación del Rey, de hecho, es la siguiente: si le defienden unos, como el PP, VOX o CS, repercutiría negativamente sobre la institución –fue lo que dijo ladinamente el portavoz del PNV en el debate de investidura-; mientras los independentistas y asociados atacan inmisericordes a Felipe VI ante el silencio llamativo del PSOE.

Frente a estos silencios, en los últimos días tanto el jefe saliente del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el general Fernando Alejandre, como el entrante, su homólogo Miguel Ángel Villarroya, han mencionado de manera explícita al Rey. “Os exhorto a seguir defendiendo a su Majestad el Rey” y “mi inquebrantable lealtad a su Majestad el Rey”, dijeron el uno y el otro. Sólo les faltó añadir: "Hay que salvar al Rey". “Cosas de militares”, contesta un destacado militante socialista a EL ESPAÑOL al preguntarle acerca del llamamiento de los Jemad.



Felipe VI no estará en Davos, la ciudad sanatorio de principios del siglo XX para tuberculosos descrita magistralmente por Thomas Mann en La Montaña Mágica. El Rey goza por ahora de buena salud aunque los tiempos sean poco favorables para lo que él representa y defiende: la unidad de España bajo el paraguas legal de la Constitución.

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