Pepe Barahona Fernando Ruso

“La tierra, para el que la trabaje; y el que quiera dinero, que se manche las manos”. Antonia pronuncia estas palabras al tiempo que varea a palos un olivo. Es enérgica y eso que apenas ha amanecido en Cerro Libertad, una finca de 73 hectáreas propiedad del banco BBVA en la que una treintena de jornaleros trabajan a destajo para recolectar cien mil kilos de aceituna. Con ella obtienen el llamado aceite de la resistencia, un virgen extra que no teme a los aranceles de Trump.

Noticias relacionadas

La de 2018 fue la segunda campaña que los jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) trabajaron esas tierras, 64 hectáreas dedicadas al olivar que llevaban años abandonadas. La primera vez que recogieron aceitunas en esa finca lo hicieron mediante la ocupación, a modo de protesta por el primer aniversario del encarcelamiento del sindicalista Andrés Bódalo; el segundo, gracias a un acuerdo con la entidad bancaria que les permitió recolectar el fruto de unos 7.500 olivos abandonados a cambio de no volver a ocupar.

La garrafa de cinco litros se vende a 24 euros, aunque apenas hay ya existencias de la pasada campaña. Todo está vendido. En la mente está la próxima, para la que ya se preparan en otras cooperativas de Morón de la Frontera, Sevilla.

Los cien mil kilos de aceituna cosechados en el mes de diciembre de 2018 se tradujeron en unos 20.000 litros de virgen extra. Unas 4.000 garrafas, cuya venta se dedica a la caja de la resistencia, de ahí el nombre: aceite de la resistencia.

De esa caja sale para pagar las multas a las que el sindicato debe hacer frente. Según su portavoz, Óscar Reina, el sindicato es el más represaliado de Europa, con un millón de euros en multas desde su creación en 2017.

“En 2009 se agravaron, porque hicimos más movilizaciones”, explica Reina. Desde entonces estiman que ya habrán pagado 400.000 euros, lo que resta hasta el millón está a la espera de juicio o recurrido. También con el aceite de la resistencia se pagan las costas, los abogados por los recurrentes juicios o el dinero para los presos del SAT, que también son contratados con lo recaudado en la caja de la resistencia al salir de prisión.

Un jornalero con una vara a primera hora de la jornada. Fernando Ruso

La riqueza que genera el virgen extra de la resistencia también se reparte, en forma de jornales, entre aquellos que dependen de bancos de alimentos, están en una situación de vulnerabilidad o entre quienes les faltan algunas peonadas para obtener el subsidio agrario. También entre quienes han sido expulsadas del olivar andaluz “por una mecanización excesiva o por el machismo imperante en la patronal”, apuntan los sindicalistas.

Antonia es jornalera desde los 14 años. Sabe que el campo es duro, tanto para hombres como para las mujeres. En Cerro Libertad nadie le cuestionó su género a la hora de apuntar su nombre en las cuadrillas. Tampoco es la única mujer que trabaja cogiendo la aceituna. “A mí, Cerro Libertad me ha dado la oportunidad de volver a trabajar —sostiene esta vecina de 55 años Pegalajar, Jaén—; porque llevo buscando seis o siete años, preguntándole a cuadrillas que me responden que se apañan entre ellos, y nadie me ha dado nada”.

Antonia García, trabajando en el campo desde temprano. Fernando Ruso

Olivos, paro y aranceles

En estos años, ha trabajado de eventual en la hostelería o de limpiadora. Tanto en Jaén como en Málaga, donde recalan muchos jiennenses llamados para atender las demandas del turismo.

España genera un tercio de toda la producción mundial de esta grasa vegetal. Solo en las provincias de Jaén y Córdoba se produce el 64% de todo el aceite de oliva anual generado del total nacional. En Andalucía se encuentran censadas 353 de las 686 empresas fabricantes de aceite de oliva de España, que exportaron aceite por valor de 2,3 mil millones de euros en la campaña 2017.

De este sector dependen unas 250.000 familias de más de 300 municipios, lo que supone el 40% del empleo agrario. El empleo es un bien escaso en Andalucía, la sexta región de la Unión Europea con mayor paro, un 25,5% en abril de 2018. En época de crisis, los andaluces han vuelto a ver en el campo una opción de reingresar en el mercado laboral, pero en su vuelta al sector agrícola han visto cómo hay fincas olivareras infrautilizadas.

El sol haciendo aparición entre los olivos. Fernando Ruso

Pero hoy los ojos no están en los olivos, todo el sector está pendiente de la reunión que este lunes mantendrá la Unión Europea y Estados Unidos en la que se delimitará en qué se traducen los aranceles anunciados por el presidente norteamericano Donald Trump y que tienen al aceite de oliva en la diana. El recelo en el sector es más que patente, dado que todavía se desconoce si solo se gravarán los embotellados o si el 25% anunciado también se aplicará al granel.

En el primero de los casos, la medida supondría un varapalo a la construcción de la marca del aceite de oliva virgen extra español, que compite en los estantes de los supermercados con el italiano, mejor posicionado, aunque más caro que el ibérico; en el segundo escenario, expertos del sector ya alertan de que sería una debacle todavía sin cuantificar.

La promesa de Sánchez que no contenta a los jornaleros

Ninguna de las garrafas de cinco litros rellenas con el aceite de la resistencia se comercializará en Estados Unidos, su venta se limita a las provincias andaluzas. Aquí nadie teme a los aranceles, pero sí sus efectos en los jornaleros, que atisban mayores dificultades para alcanzar las 35 peonadas exigidas para conseguir el subsidio agrario.

La guerra arancelaria de Trump ha empujado al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, a prometer una reducción de las peonadas necesarias para poder cobrar el subsidio agrario. En una campaña permanente después de las últimas elecciones y con la vista ya puesta en la próxima cita electoral del 10 de noviembre, el líder de los socialistas hacía este anuncio precisamente en Jaén, junto con el presidente de la Diputación provincial, Paco Reyes, y la expresidenta de la Junta Susana Díaz.

El candidato Sánchez subrayó que miembros de su Gobierno, en concreto el ministro en funciones de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, mantienen una posición “muy firme” ante las autoridades europeas para que defiendan los intereses del campo español ante las medidas proteccionistas del presidente Trump. Y, en cualquier escenario posible —anuncia Sánchez—, el Gobierno “no mirará a otro lado”.

Bódalo trasladando la carga al remolque. Fernando Ruso

El portavoz nacional del SAT, Óscar Reina, defiende que hay que proteger el aceite del “ataque indiscriminado” de Trump, ya que de él dependen en Andalucía medio millón de jornaleros. Y critica que el Gobierno no plantee medidas similares a los productos estadounidenses, que “han destruido mucho tejido social en Morón y Rota”, donde se asientan las bases militares en España.

A tenor de la promesa de bajar el número de peonadas hasta los 20 jornales, el líder sindical lamenta que el Gobierno “juegue con los trabajadores del campo”. “No puede ser que en junio volvieran a imponer las 35 peonadas y ahora, justo antes de unas elecciones, vuelvan a las 20”, critica Reina. A su juicio, el actual sistema de peonadas “es una forma de humillar a los jornaleros, además de un método corrupto ya que recae en el patrón la potestad de firmarlas, con el consiguiente mercadeo de jornales”. Y plantea que se implanten modelos alternativos como el planteado por el exdiputado y miembro del SAT, Diego Cañamero, en el Congreso.

El aceite de la resistencia sigue pese al desalojo

El SAT —antiguo Sindicato de Obreros del Campo, el primero en legalizarse en Andalucía después de la dictadura—, viene ocupando desde hace años fincas de olivar en desuso, normalmente propiedad de bancos. Colonizan el terreno, recogen el fruto y reparten los jornales entre los trabajadores que llevan tiempo sin trabajar. La operación se repite en Somonte, en Posadas, un pueblo de la provincia de Sevilla; después de la quinta ocupación y tras cuatro desalojos previos.

Además, el SAT ha forzado acuerdos con entidades bancarias para que cedan la explotación de fincas que antes ocuparon en otros municipios: El Humoso, en Marinaleda; El Indiano, en Puerto Serrano; Perzocano, en Pedrera; o Bolaños en El Bosque. Y aunque en la próxima campaña Cerro Libertad no entre en los planes de los sindicalistas seguirá habiendo aceite de la resistencia, un oro verde que tuvo su origen como solución para burlar la presión policial.

“El BBVA no está por la labor de permitirnos coger la aceituna, que se pudrirá en el árbol y se caerá al suelo mientras nuestros jóvenes se ven obligados a salir de su tierra en busca de oportunidades; ese es el triste sino de nuestra comarca”, critica el portavoz del SAT.

Varios jornaleros aprovechando la sombra de un árbol durante el descanso. Fernando Ruso

Según explica Reina, una nueva ocupación de la finca de Adarves Altos, en las faldas del Cerro de San Cristóbal, a tan sólo seis kilómetros de Jaén, rebautizada por los sindicalistas como Cerro Libertad implicaría ejercer una resistencia mantenida en el tiempo para la que ahora mismo no están preparados. Aunque no se descarta que vuelvan a la finca en el futuro para mantener y cosechar el fruto de estos los 7.500 olivos.

Unos 200 jornaleros del SAT trabajaron los olivos de Cerro Libertad hasta hacerlos productivos en las dos últimas campañas. Al recoger su fruto se dieron cuenta de que la presión policial en los accesos y salidas de la finca dificultaba su comercialización a las almazaras, por lo que decidieron elaborar un aceite de oliva propio con un molino de prensa tradicional.

La Guardia Civil aguarda para llevar a cabo uno de los desalojos de la finca Somonte (Córdoba). Fernando Ruso

José Alberto González Aranda, a sus 55 años, presume de ser el maestro que se encargó de la primera elaboración. Ha trabajado en molinos industriales, también ha visto cómo se hacía el aceite de oliva en los cortijos, así que se lanzó a la aventura con una prensa hidráulica, capachas de esparto, un molinillo y una turba en la que limpiaban la aceituna. “Y dio un aceite de muy buena calidad”, garantiza el sindicalista, el máximo representante de Nación Andaluza en la provincia de Jaén. “Y libre de químicos y pesticidas, al estar la finca tantos años abandonada”, apunta.

Bódalo: “Esta es la Andalucía que queremos”

El SAT ocupó Cerro Libertad el 1 de abril de 2017, justo un año después de la entrada en prisión de Andrés Bódalo [lea la entrevista exclusiva de EL ESPAÑOL], uno de los jornaleros más activos del sindicato y político por Podemos en Jaén, por un altercado en una protesta a las puertas de una cadena de supermercados.

“Cuando me como una tostada bañada con el aceite de la resistencia, imagínate la satisfacción”, explica a EL ESPAÑOL Bódalo, ya en libertad. “Está trabajado con nuestras manos, con nuestro sudor y eso te hace ser feliz”, comenta orgulloso. Él es uno de los artífices del aceite de esta temporada. Trabajó en la campaña de recogida y también de la molturación, ya no hecha de forma artesanal, pero sí en una almazara de Jaén que certifica que el aceite de la resistencia es virgen extra.

Cuenta Bódalo que sintió una “emoción tremenda” al ver en la prensa desde prisión —por agredir a un edil del PSOE de Jódar, su pueblo natal— la ocupación de Cerro Libertad bajo la bandera de Andalucía. “Más del 30 por ciento de las fincas de la provincia de Jaén están en manos de los bancos. Si en vez de estar en esas manos estuvieran en las de aquellos que lo necesitan no tendrían que pedir para comer. Estarían aquí, trabajando”, razona el sindicalista.

La cosecha de 2018 del aceite de 'La Resistencia' se produjo en la almazara Cruz de Esteban. Fernando Ruso

Defienden en el SAT que el dinero que sale de estos olivos va a muchas casas, a muchos negocios, crea prosperidad, mueve la economía en los comercios o en los bares. “Esta es la Andalucía que queremos. Que esta experiencia no solo se quede solo en Cerro Libertad, que vaya extendiéndose por todo el mundo”, reclama Bódalo. “Que nadie te mande, vivir en libertad”, sentencia lacónico.

Como uno más en tiempos de cosecha, el sindicalista Bódalo jalea sin perder la sonrisa a su cuadrilla, que suda para apear el fruto de los olivos. “Hay gente andaluza, extranjera, hombres, mujeres, gitanos, payos… aquí han encontrado un puesto de trabajo sin distinción de raza, sexo u origen”, defiende Andrés, que se echa las espuertas llenas de olivas a los hombros. Una y otra vez hasta llenar el remolque. Sin descanso.

“Aquí estamos con nuestras varas, con nuestros mantones, nuestra gente trabajando en libertad —mitinea Bódalo—; haciendo creer que es posible, y la gente está creyendo”. Y ni siquiera Trump es capaz de malograr el sueño de estos jornaleros.