Hace años que José María García (Madrid, 1943) colgó los hábitos, guardó el cincel y reservó su locuaz palabra para los más íntimos. Sin embargo, de cuando en cuando, su esporádico discurso, afilado por el tiempo, bendice titulares no exentos de razón ni de polémica. Esta vez, en Cercedilla, en la capilla ardiente habilitada para despedir a Blanca Fernández Ochoa, con recado a los que mandan incluido. 

Allí, tras el pésame, enfiló su sombra hacia los micros para reprochar a los dirigentes su actitud. “Blanca pidió trabajo hace meses en la Federación, su situación era terrible, pero nada”, lamentó y, de paso, levantó la polvareda. En EL ESPAÑOL, explica cuál fue la situación y ajusta cuentas recordando a aquella niña que vio crecer hasta ver convertida en la primera medallista olímpica en esquí en Albertville 1992.  



¿Cuándo conoció usted a Blanca? 

Yo era amigo de Paquito (su hermano) y la conocí cuando era muy pequeña. Entonces, el esquí lo seguíamos muy poco en España. Cuando empezó a despuntar, tenía algo especial dentro de su propia personalidad. Le había costado mucho empezar: era de una familia muy modesta, la habían mandado interna fuera, no le gustaba nada la montaña porque pasaba mucho frío –no había ni camisetas térmicas–… Pero se fue aclimatando a todo. 

Estos días se ha hablado mucho de su manera de ser. ¿Recuerda la primera entrevista que le hizo? 

Siendo todavía joven, cuando no era campeona ni había ganado la medalla olímpica, ya tenía mucha personalidad. Estaba muy segura de lo que hacía. 

Blanca Fernández Ochoa celebra su victoria. Fue la primera española en ganar un bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno en esquí.

A pesar de las trabas que le ponían. 

Sí. Hay un tema muy doloroso. En los Juegos Olímpicos de 1988, en Calgary, gana la primera manga, y entre la primera y la segunda manga, se le acerca un destacadísimo directivo –digo destacado no porque fuese bueno, sino porque era muy conocido– y la somete a una presión terrible. ‘No puedes caerte, no puedes caerte, con la medalla de bronce está muy bien…’, le dice. Luego fue la carrera, se cayó y, aunque no fue por eso, ella estaba enfadadísima. Pensó que tenía que haberse ido a otro sitio para que no le dieran el coñazo. ¡Imagínate a una niña de 16 años sometida a esa presión! Y estos tenían muy pocas ayudas. 

Es incomprensible, injusto y caótico. Y esto no va a cambiar. No lo va a hacer porque los políticos ni entienden el deporte ni quieren el deporte, pero sí se sirven de él y de los deportistas. 

Pero, aunque aquello fue muy grave, lo que a mí me revienta son otras cosas. Cuando los deportistas ganan son dioses, dioses, dioses… y entonces hasta el del carrito de los helados se fotografía con ellos. Y los dirigentes, a su modo, se fotografían también como si fueran los que han ganado la medalla. Pero claro, luego, cuando se retiran –siendo deportistas de élite que se han dedicado exclusivamente a eso–, nadie les ayuda. 

Ni siquiera la Federación.

Esto es un dato fehaciente y reciente. La familia de Blanca no había tenido suerte con las tiendas deportes que habían puesto, luego había muerto Paco –y eso para ella fue un palo enorme–, las cosas no habían salido bien… Y, ahora, últimamente, Blanca se ganaba la vida vendiendo chalecos eléctricos de estos para adelgazar... Pues bien, hace poco tiempo fue a la Federación (de Deportes de Invierno) a pedir ayuda. Estaba en una situación económica dramática porque el último dinero lo había gastado en unos juicios con su exmarido… Y la Federación le dijo que no podía hacer nada. La mandan a esparragar. Y ahora ves, cuando ha pasado tan poco tiempo, le quieren poner su nombre a las calles, a las instalaciones deportivas y a todo. Te repatea y te da vergüenza. Sientes náuseas. Es incomprensible, injusto y caótico. Y esto no va a cambiar. No lo va a hacer porque los políticos ni entienden el deporte ni quieren el deporte, pero sí se sirven de él y de los deportistas. 

Blanca Fernández Ochoa y su hermano Paco, oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo 1972.

Que no le dieran trabajo en la Federación no tiene explicación. ¡Qué pocas dificultades habrían tenido para buscarle trabajo a esta chica en un gimnasio! Y eso es lo que a mí me repatea. Luego ver allí a toda esta gente… Me parece que es nauseabundo. 

Y luego están los políticos. Por el Gobierno han pasado el PSOE, el PP… Ahora están estos. Mientras que los dirigentes políticos no se den cuenta de lo que significa el deporte, pues nada. Pero el deporte es la forma más económica de erradicar y apartar a los jóvenes de la droga, del botellón… Mientras no entiendan eso, no se puede hacer nada. Es un drama. 

Respecto al episodio de la Federación, ¿había ido ella a pedir trabajo en más de una ocasión? 

Sí, sí, había ido. Y en la Federación sabían cuál era su situación caótica económica. 

¿Por qué la obviaron? 

Pasan de ella y pasan de todos. Es esa Federación y son todas las federaciones. Es que no ayudan absolutamente a nadie. 

¿Sabe cuidar España a sus ídolos? 

Los tenemos absolutamente abandonados y dejados de la mano de Dios, pero sean más o menos grandes, sean lo que sean. Además, la gente que en España, salvo en el fútbol masculino, se dedica al deporte de élite –que es tremendamente competitivo y lesivo para el cuerpo– lo tiene muy complicado. Hay deportistas con 45-50 años que necesitan toda la ayuda del mundo, porque por una centésima de segundo pasas de la ruina a la gloria. Ellos se han dejado todo y no están preparados para lo de después. Hay que hacer programas y dar ayudas para que entren de nuevo en la sociedad… Pero nadie quiere hablar o saber de eso. 

¿Es el caso de Blanca Fernández Ochoa el más paradigmático? 

No, hay muchísimos casos. Yo llevo más de 20 años ayudando a Legrá, que está en una residencia, porque siendo el campeonísimo que fue, nadie se ha ocupado de él. 

José Legrà, campeón mundial de boxeo al que José María García ayuda.

Volviendo de nuevo a Blanca, ¿tuvo más problemas, como con aquel dirigente, al principio de su carrera?

No, porque ella tenía mucha personalidad y la protección de su hermano Paco. Pero, claro, la pérdida de Paco fue tremenda para ella. Y eso que nunca se ha quejado por nada, que nunca ha dicho una palabra más alta que otra, que sale de la federación después de que la hayan mandado a hacer puñetas y no dice nada… Ejemplar. 

Mientras un tipo normal se está jubilando con 65 años, un deportista de élite a los 40 es un jubilado sin oficio ni beneficio. Y muchos sin haber ganado dinero… 

¿Nos olvidamos de ella después de aquel bronce en los Juegos hasta el punto de que muchos, sobre todo los más jóvenes, a raíz de lo ocurrido estos días, no sabían ni quién era?  

Ya, pero en eso hemos tenido parte de culpa los profesionales de la información. Había periodistas que no sabían ni quién era Blanca y ahora le han dedicado horas y horas. Pero bueno, desgraciadamente, así está este mundo. 

¿Cómo ha visto usted a Blanca en esa transición de la fama al olvido? 

Ella ha sido una chica muy alegre, pero que lo ha pasado muy mal: se separó dos veces… Seguramente la convivencia con ella no debía ser fácil. Aunque, repito, con un poco ayuda no habría pasado lo que pasó. 

¿Lo que ha pasado es consecuencia directa de su desaparición y posterior muerte?

Bueno, ella estaba enferma, eso está claro. No vamos a poner la carreta delante de los bueyes, pero es evidente que nadie, por lo que fuera, la ha querido ayudar. Es urgente que los dirigentes ayuden a esta gente que dedica sus mejores años al deporte. Y es que, mientras un tipo normal se está jubilando con 65 años, un deportista de élite a los 40 es un jubilado sin oficio ni beneficio. Y muchos sin haber ganado dinero… 

Blanca Fernández Ochoa celebra su victoria.

¿La gente cree que son futbolistas? 

Ni eso. Que miren a los futbolistas de Segunda división. Cuando terminan, tienen que ponerse a trabajar. Por eso digo que nuestras autoridades políticas, ahora que empieza una nueva época, se tienen que dar cuenta, por un lado, de las ayudas fiscales que tiene que tener el deporte y el deportista; y por otro lado, que ellos tienen que cuidar a los patrocinadores. El país que más cuida a sus deportistas es Estados Unidos y es el que menos invierte gubernamentalmente en el deporte. ¿Por qué? Porque Coca-Cola paga millones de dólares, pero tiene la desgravación fiscal adecuada. Qué más le da a una compañía de esas pagarlo al Gobierno que al deporte. 

Por ejemplo, cuando llega una crisis, un país avanzado duplica sus gastos en publicidad. Y aquí lo primero que se quita es la publicidad. ¿Por qué? Porque el empresario americano-inglés piensa que la publicidad es una inversión y el español cree que es un gasto. 

Que los políticos empiecen a considerar al deporte y a los deportistas. Que sirvan al deporte y no se sirvan del deporte.  

Por eso, cuando ha llegado la crisis, el deporte se ha pegado un batacazo. Antes, diputaciones y ayuntamientos mantenían un poco a los equipos de las comunidades. Ahora, les han cerrado el grifo. 

Volviendo a Blanca. ¿Ha pedido ayuda a más instituciones (como el CSD o el COE) más allá de la Federación de Deportes de Invierno? 

No. Estos (en referencia al CSD) acaban de llegar y además están en funciones. No les ha dado tiempo. Y el Comité Olímpico Español, creo que simplemente es una agencia de viajes. 

Blanca Fernández Ochoa, pionera en el esquí.

¿Dentro del deporte conocían la situación de Blanca? 

No, en general, aunque los dirigentes del deporte sí lo sabían, pero ella no quería poner el grito en el cielo. Ella se lo ha tragado todo. 

Hasta que no tuvo más remedio que ir a la Federación. Entiendo que su situación era complicada… 

Estaba en una situación desesperada. 

¿Ha hablado con la gente que le dijo que no? 

No, pero no voy a decir quién es porque ya no está, se ha muerto. 

¿Había hablado con ella recientemente? 

No, hace mucho que no lo hacía. Uno de los últimos contactos que tuve con ella fue porque Paquito murió de la misma enfermedad que tenía yo (cáncer linfático). Para mí aquello fue muy duro porque me llamó en una ocasión Chus, la cuñada de Blanca, y me dijo que le había puesto mi ejemplo a Paco, pero que él le dijo: ‘Yo no tengo solución, yo no tengo solución’. Y a los tres o cuatro días se murió. Para mí fue un golpe tremendo. 

¿Habló con la familia en Cercedilla? 

De todo esto prefiero no hablar más. Estuve allí con todos y ya está. 

Blanca quedará en el recuerdo como una pionera, pero quizá también como un ídolo caído. ¿Qué tiene que hacer España para que esto no ocurra? 

Simplemente, que los políticos empiecen a considerar al deporte y a los deportistas. Que sirvan al deporte y no se sirvan del deporte.  

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