Miguel Castro, sujetando su 'Mano de Santo'.

Miguel Castro, sujetando su 'Mano de Santo'. E.E.

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'El Milagrito' contra 'Mano de Santo': la guerra de los hermanos Castro por el plagio del quitagrasas

María Castro acusa a Miguel Castro de hacerle competencia desleal porque sus productos incitan a la "confusión mercantil". 

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Con los aires flamenquillos del cuchíbiri, cuchíbiri, la cuña radiofónica venía a anunciar El Milagrito. El popular desengrasante, vendido sobre todo en el sur de la península, es una institución en sí. Es el KH-7 sevillano. Pero, ya lejos de la alegría rumbera del anuncio, la familia propietaria de la empresa se encuentra en las trincheras de los tribunales.

La empresaria sevillana María Castro Molera es la hija y directora de Fabrienvaf Nuca, la firma que comercializa El Milagrito. Y ha tomado la decisión de denunciar a su hermano, Miguel Castro Molera, por competencia desleal. El motivo es que desde que él abandonó la empresa familiar empezó a comercializar Mano de Santo, un desengrasante bastante similar al producto estrella de Fabrienvaf Nuca. “Pero son distintos, y el mío es mejor”, dice Miguel en conversación con EL ESPAÑOL.

La historia de este litigio comienza a partir del año 1999, cuando falleció el padre de ambos y la herencia se repartió. Cayó el 50% de la empresa en la madre y la mitad restante en un 10% para cada uno de los cinco hermanos. Sin embargo, varios de los hermanos van abandonando el barco y acaban quedando Miguel y María, él como director de ventas y ella como directora de la compañía.

'Mano de Santo', a la izquierda, y 'El Milagrito', a la derecha.

'Mano de Santo', a la izquierda, y 'El Milagrito', a la derecha. E.E.

Bajo la gerencia de María, El Milagrito empieza a funcionar como nunca. Superan una mala racha en la empresa y en 2017 venden más de tres millones de botes y facturan un total de 2,9 millones de euros. Por ello, decide dejar de lado otros productos secundarios que también comercializaban y centrarse en el desengrasante. Pero Miguel no comparte esa visión y decide empezar a comercializarlos por su cuenta, según dice, con la aprobación de María y lo hace a través de su empresa Industrias Castro Molera.

Y a partir de ahí todo se torció. En agosto de 2018 María despide a su hermano, que sigue siendo el propietario del 10% de la empresa, y un año después, el pasado mes de mayo, se entera de que está vendiendo su producto estrella: un desengrasante que en vez de El Milagrito se llama Mano de Santo y en un bote también de color rosa. Para ella, esto supone un “alto riesgo de confusión en el tráfico mercantil”,

“El Milagrito lo he creado yo”

“Yo siempre le decía a mi padre que había que hacer un desengrasante. Él al principio decía que no pero al final sí, y se llamaba La Droguería”, comenta Miguel Castro Molera en conversación con este diario. “Y empezaba a funcionar muy bien. Yo de aquel entonces me encargaba de las ventas. Y en Huelva me decían que le diéramos un poco de eso milagroso y pensé ‘vamos a llamarlo El Milagrito’”, añade. “Luego, hacia el 2013 empezó a comercializarse el detergente sin lejía, en botes rosas, y como El Milagrito lo usaban para la ropa pues pensé en ponerle el bote de ese color”.

-Entonces, ¿todo lo que rodea la idea de El Milagrito es suya?


-Sí, se puede decir que El Milagrito lo he creado yo. Todavía todos me llaman ‘El Milagrito’, y cómo les digo yo que, quillo, ‘El Milagrito’ no, que ahora soy Mano de Santo. Con lo de por saco que he dado con lo otro.

“Antes de que me despidiera, mi hermana María decidió, sin consultar con nadie, desechar el resto de productos pequeños y yo le dije de quedármelos y me dijo que sí. Pero luego me despidió”, sigue contando Migual. Según su relato, tras el despido llegaron a un acuerdo, antes de su primer juicio, en el que declaraban el despido como improcedente y le pagaban una indemnización. Además, y he aquí el quid de la cuestión, no llegaron a un pacto de no competencia, por lo que, en teoría, él puede usar sus conocimientos para fabricar productos similares.

“Como ella sabe que he puesto El Milagrito donde lo he puesto, ella sabe que puedo hacerlo otra vez con Mano de Santo”, insiste Miguel. “Si es que antes del juicio ya ella le mandó a sus clientes una circular diciendo que no nos compraran, que estábamos denunciados e íbamos a tener que retirar el producto, algo que no es verdad”, añade. “Los hermanos siempre nos hemos llevado muy bien pero me están intentando arruinar y hacer la vida imposible. Ya lo hizo cuando me despidió, me deshizo la vida”.

“No es un conflicto familiar”

EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con María Castro Molera para contrastar las declaraciones aportadas por su hermano Miguel pero ha rechazado hacer declaraciones. En un escrito que ha remitido el abogado de María, Sergio Díaz, la parte asegura que “el conflicto existente no es en modo alguno un conflicto de carácter personal o familiar, sino estrictamente jurídico y empresarial”.

Sin embargo, antes de cerrar el grifo informativo, María Castro habló con la edición sevillana del diario ABC y comentaba que Miguel aseguraba “a los clientes que el limpiador que ofertaba era de los creadores de El Milagrito, consiguiendo de esta manera asociar así el nombre comercial de Mano de Santo a la marca Nuca Max El Milagrito, generando de ese modo un alto riesgo de confusión”.

“Aunque las dos marcas no tienen similitudes fonéticas, pertenecen al mismo campo semántico y se asocia la idea de la mano de santo para hacer el milagro”, proseguía. “Además de ser muy perjudicial para la empresa familiar, constituye una seria amenaza para ésta, compitiendo de manera directa” y ofertándolo más barato. “Supone un riesgo elevado de reducir significativamente la facturación”, añadía.

María Castro Molera solicitó al Juzgado Mercantil número tres de Sevilla que, de manera cautelar, prohibiera a Miguel comercializar su Mano de Santo pero el pasado 30 de julio el juzgado lo rechazó. Por ello, ella ahora prepara una demanda por competencia desleal y tiene 20 días para hacerlo.