Enrique Ybarra, fundador y CEO de City Sightseeing.

Enrique Ybarra, fundador y CEO de City Sightseeing. Fernando Ruso

Reportajes

Enrique Ybarra, el rey mundial de los buses turísticos: el sevillano que empezó vendiendo tickets

Fue fundada en 1842 por el vasco José María de Ybarra y su prolífica estirpe tiene una importante presencia en los círculos de influencia de la capital andaluza.

Pepe Barahona Fernando Ruso

Los sevillanos presumen de una fórmula lingüística a la que algunos llaman la triple negación andaluza: el no ni ná. Se usa esta expresión como repuesta tajante a un "no" al que se pretende convertir en sí. Y, allá por abril de 1992, Enrique Ybarra —nacido en Sevilla— desconocía que el "no" que le dieron por respuesta a un puesto de trabajo en una empresa química de Estados Unidos se convertiría en un no ni ná llamado City Sightseeing, la empresa líder mundial de autobuses turísticos con techos descubiertos. En su 20 cumpleaños como compañía ya tiene presencia en más de 100 ciudades y 35 países y ya planea convertirse inminentemente en un operador de viajes. 

Para entender el devenir de los acontecimientos del por el entonces joven Enrique Ybarra hay que explicar el contexto, tanto familiar como histórico. El apellido Ybarra en Sevilla está ligado al mundo empresarial. Hijos de Ybarra es una de las mayores compañías agroalimentarias de Andalucía fundada en 1842 por el vasco José María de Ybarra y su prolífica estirpe tiene una importante presencia en los círculos de influencia de la capital andaluza. La ciudad le debe al primer Ybarra su Feria de Abril, como ya contó EL ESPAÑOL.

El momento histórico en el que la multinacional The Dow Chemical Company, con sede en el estado norteamericano de Michigan, le dijo "no" al incipiente empresario no es nada desdeñable. En abril de 1992, Sevilla inauguraba su Exposición Universal. En la Isla de la Cartuja se erigían pabellones con la mejor arquitectura internacional y toda la ciudad se preparaba para el aluvión de visitantes. 

Más de quince millones de turistas llegaron a pasar por los tornos de la Expo92 para acceder a las 215 hectáreas con las que conmemorar La Era de los Descubrimientos. La cifra total de visitas superó los 41 millones desde el 20 de abril al 12 de octubre de 1992.

Hacía ya tiempo que Enrique Ybarra venía barruntando una idea que no tardó en verbalizar a su padre, el también empresario Ramón Ybarra Llosent, presidente del Club Pineda, un importante espacio en el que se concentran las élites sevillanas.

De icono de San Francisco, a mirador de Sevilla

La idea del joven Enrique era rescatar los antiguos tranvías de Sevilla para para que todos esos visitantes que se decía que iban a asistir a la Expo92 no se fueran sin conocer la ciudad. Era algo que él estaba acostumbrado a ver en su día a día, pero no en la capital andaluza, donde ya habían dejado de dar servicio. Las buenas facultades para la práctica del fútbol le granjearon al hoy fundador de City Sightseeing una beca para estudiar durante cinco años en San Francisco, Estados Unidos, donde son habituales los street cars, tranvías de toda la vida para los sevillanos.

Turistas aguardando para obtener los tickets que les permita subir al autobús turístico.

Turistas aguardando para obtener los tickets que les permita subir al autobús turístico. Fernando Ruso

Enrique Ybarra se recuerda a sí mismo en aquellos años como “un joven con muy poca experiencia profesional, pero con una ilusión tremenda por un proyecto: el de enseñar Sevilla a todos los visitantes de la ciudad”, narra a EL ESPAÑOL. “De entonces me queda la misma ilusión de enseñar Sevilla a quienes nos visitan, pero ahora extendiendo ese deseo a otras muchas ciudades del mundo”, apunta.

Expuesta la idea, sin fisuras en su mente, su padre le pidió calma. Su consejo siempre fue el mismo: adquirir destrezas en una multinacional, y la americana Dow, una de las empresas químicas más grandes el mundo junto con DuPont o BASF, era una opción a valorar, dadas las relaciones comerciales que mantenían con Ramón Ybarra. 

Pero la respuesta negativa de los químicos americanos dejaba el camino expedito al joven emprendedor, que ya sí contaba con todos los parabienes de su padre para rescatar la esencia de los tranvías sevillanos al estilo de San Francisco. Eso sí, tocaba correr.

-¿Le cambió la vida ese "no" de Dow?

-Por supuesto, porque de seguir el consejo de mi padre de seguir formándome con unas prácticas en Estados Unidos, que seguramente también hubiera sido bueno para mí, de repente se me abrió la posibilidad de hacer mi propio proyecto como había hecho él mismo, mi padre, la persona que ha sido mi referente en la vida.

Enrique convenció a tres amigos que brindaron sus ahorros para traerse desde San Francisco uno de los iconos turísticos que remozaría al estilo sevillano y acoplaría al chasis de un camión para que pudieran circular ante la inexistencia de las catenarias necesarias. 

El éxito, corto e intenso

Pero antes había que llevarlos de San Francisco a Sevilla. La mejor opción fue hacerlos rodar, por 4876 kilómetros de carreteras, desde la costa oeste norteamericana hasta el puerto de Nueva Jersey, en la costa este. Y embarcarlos allí con destino a Algeciras. Así empezó a rodar la Compañía Hispalense de Tranvías. Su primera flota, de solo dos unidades, se llamó Carmen y El barbero de Sevilla, dos clásicos de la iconografía sevillana. Enrique recuerda con exactitud el día que echaron a andar: 23 de julio.

Fue un éxito. Y tanto los sevillanos como los turistas hicieron suyo ese ingenio surgido de la mente del joven Ybarra. Sin sede física, los cuatro amiguetes -en calidad de trabajadores y accionaritas- se afanaron a echarse a la calle a llamar a hoteles para ofrecer los servicios. Si había que vender tickets, se vendían; si había que hacer de guía, se hacía; cualquier cosa para aprovechar la inercia del boom de la Expo92, un momento irrepetible de la historia de la ciudad y punto de inflexión para muchos empresarios que como Enrique Ybarra vieron en la cita universal una gran oportunidad.

La compañía planea convertirse inminentemente en un operador de viajes.

La compañía planea convertirse inminentemente en un operador de viajes. Fernando Ruso

Pero unos y otros, incluido el joven Enrique, se llevaron el bofetón a la clausura de la Exposición Universal. Las calles quedaron huérfanas de visitantes y la Guerra del Golfo dio la puntilla al sector turístico. La economía mundial se resintió y cada uno de los amiguetes, y socios, de Ybarra buscaron amparo en otros sectores.

Solo, Enrique se afanó en mantener a flote su actividad, pero Carmen y El barbero de Sevilla quedaron relegados a ser soporte de publicidad o a vivir una nueva juventud en Málaga, que sí aguantó el tirón del turismo. Uno de ellos se vendió, el otro se conserva e incluso se restauró hace un par de años. Pese a aquellos difíciles años, la Compañía hispalense de Tranvías sigue teniendo hoy actividad. Aunque sin el mismo apogeo que en sus primeros meses de vida. La vida había dicho otra vez "no" al joven Ybarra. Tocaba de nuevo apostillar el ni ná.

Del fracaso, el empresario extrajo la idea de que el sector de los autobuses turísticos estaba muy fragmentado y que el negocio estaba precisamente en concentrar el potencial para ganar relevancia en las negociaciones con los operadores turísticos. Y más: una marca reconocible en la que los clientes pidieran confiar con independencia de la ciudad en la que operen. Ese fue, allá por 1998, el germen que un año más tarde se materializaría en City Sightseeing: los autobuses descapotables, de dos plantas y rojos con letras amarillas. 

Un resurgir que celebra sus 20 años

Con la idea de ejecutar la idea mediante una franquicia, la empresa se presentó en el World Travel Market de 1999 en Londres. Y desde ahí fue expandiéndose a Glasgow o a Canberra, en las antípodas de Sevilla: Australia. Le siguieron Edimburgo, York, Estambul, Copenhague y una expansión notable en España e Italia. Solo dos años después, en 2002, City Sightseeing había adquirido su mayor rival, Guide Friday y de la noche a la mañana llevó a la marca a casi 70 tours con 250 buses alrededor del mundo. En su 20 aniversario, la empresa sevillana tiene presencia en más de cien ciudades y es indiscutiblemente líder en su sector. Enrique Ybarra consiguió por segunda vez su no ni ná.

Si hoy City Sightseeing opera en los cinco continentes es por el desarrollo de un modelo de franquicia a la que se acogen operadores de autobuses locales, ya bien sean existentes o inversores. Éstos se benefician de la supervisión de la matriz, que controla cada ‘tour’ y evalúa los estándares de calidad y la experiencia de los visitantes. 

Enrique Ybarra, fundador y CEO de City Sightseeing.

Enrique Ybarra, fundador y CEO de City Sightseeing. Fernando Ruso

De esa forma, se centraliza el sistema de venta de billetes o los franquiciados se benefician de importantes asociaciones con fabricantes de autobuses, proveedores de servicios de ticketing, de sistemas para ofrecer comentarios en diferentes idiomas y todos los suministros necesarios para operar. Además de dar acceso a una red comercial con agentes de todo el mundo y que trabajan día a día con la marca sevillana. Gracias a esta estrategia de expansión, la compañía sevillana ha conseguido un crecimiento acelerado.

Solo en España operan en quince capitales, aunque el país en el que más ciudades trabajan es el Reino Unido, con 19 ciudades. También con notable presencia en Estados Unidos, con doce; y Noruega y Portugal, con cinco. En total, 123 ciudades y 35 países, de norte a sur y de este a oeste. 

-¿Cuál es el futuro de la empresa?

-Si todo comenzó con el deseo de enseñar una ciudad, ahora a lo que aspiramos es a convertirnos en unos de los líderes en el mundo de las experiencias locales. Es decir, que no solo vean las ciudades, sino que las vivan plenamente.

Y ya no solo operando autobuses, la marca también se expande por mar con barcos turísticos en algunas ciudades como Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, donde ofrecen un crucero por el puerto; o Ámsterdam, y sus canales. Además, y poniendo como ejemplo la ciudad de los Países Bajos, City Sightseeing ya ofrece a sus clientes paquetes de atracciones a combinar con los billetes de autobús: desde una visita al museo Madame Tussauds a la -en su día polémica- exposición BodyWorlds. Sus barcos se pueden ver ya en destinos como Palma, Málaga o Nueva York.

Más que autobuses

De Carmen y El barbero de Sevilla, la empresa ha pasado a una flota de más de 4.000 vehículos que llevan la marca City Sightseeing, tanto autobuses panorámicos como barcos, trenes turísticos, sidecars, bicicletas y todas las formas de transporte que permitan conocer un destino, así como paseos guiados a pie y oficinas de información turística. En 2018, más de 13,5 millones de personas contrataron los servicios de la empresa sevillana que suma bajo la marca a unos 1.500 empleados.

Un vehículo de la flota pasando ante la Torre del Oro de Sevilla.

Un vehículo de la flota pasando ante la Torre del Oro de Sevilla. Fernando Ruso

Todo un market place de las atracciones turísticas más excitantes, justo en el año en el que se cumplen 20 años de la creación de la empresa tal y como se conoce. Con motivo del aniversario, la empresa reunirá en Sevilla esta próxima semana a todos sus operadores. La cita, que se repite anualmente, ha pasado de Dubai o Ámsterdam a Sevilla, la ciudad en la que nació todo.

“Empezamos enseñando Sevilla al mundo y 20 años después podemos decir que enseñamos el mundo como nos gusta enseñar Sevilla”, celebra Ybarra. “Por eso hemos queríamos celebrar nuestro cumpleaños aquí, donde empezó todo —justifica—, con nuestro equipo y sus familias, con los sevillanos y con quienes nos visitan. Todos ellos nos han ayudado a llegar hasta aquí y por eso hoy City Sightseeing es reconocida no sólo como un servicio turístico sino como una forma de hacer vivir las mejores experiencias que pueden proporcionar los destinos donde operamos. Esta es la manera de darles las gracias y de desear que nos veamos de nuevo aquí dentro de otros 20 años”.

-¿Aprendió a darle otro significado a la palabra ‘no’?

-Puedo decir que aquella carta de Dow Chemical la llevo conmigo cada día de mi vida, en la mochila del trabajo, para no olvidarlo nunca.