Siluros almacenados por la organización criminal. Foto: Policía Nacional

Siluros almacenados por la organización criminal. Foto: Policía Nacional

Reportajes

Carpas y siluros del Ebro a Rumanía: cae la mafia que enviaba toneladas “no aptas para el consumo”

Los delincuentes limpiaban el pescado con lejía para camuflar el olor a podredumbre del pescado, constituyendo un riesgo para la salud pública.

Pescar de manera furtiva en España para después vender ilegalmente las piezas en otros países con mayor demanda sin pasar ningún control sanitario. Es la práctica que  solía llevar a cabo un grupo delictivo de 23 personas en el río Ebro, en Aragón, y en embalses de Zaragoza y Huesca, hasta que este miércoles ha sido desmantelado. De esa forma, la Guardia Civil ha culminando la operación "Glanis", coordinada por la Europol. Sin embargo, su detención no es más que un pequeño paso para acabar con la pesca furtiva del siluro, una especie exótica invasora por la que se puede llegar a pagar hasta 600 euros en el mercado negro.

El siluro es un pez que puede llegar a medir más de dos metros y medio de largo y pesar más de 100 kilos. Procedente del este de Alemania, fue introducido en la cuenca del Ebro en el año 1974 con fines deportivos. Su tamaño hizo que fuese (y siga siendo) un trofeo muy cotizado entre los pescadores de todo el mundo, pero también acarreó otros problemas. Allá por donde ha nadado, ha conseguido adueñarse del ecosistema, de aguas dulces y tranquilas, desplazando a otras muchas especies antes frecuentes y hoy en día casi desaparecidas, como pueden ser barbos y bogas. 

Tal es el problema que provoca esta especie que está catalogada como Especie Exótica Invasora (EEI). Esta catalogación se traduce en que está prohibida su posesión, su transporte, su tráfico y su comercialización. Por ello, la normativa actual obliga a los pescadores a acabar con su vida en el momento en el que el siluro salga del agua, imposibilitando su reintroducción al medio acuático con el fin de controlar la especie. Eso sí, siempre respetando los márgenes de la legalidad.

La Guardia Civil incauta 8,8 toneladas de siluro y carpas destinadas al comercio ilegal

En primer lugar, Aragón exige disponer de una licencia de pesca, emitida o bien por la Comunidad Autónoma de Aragón o bien por la Gerenalitat de Cataluña. En segundo lugar, enmarca a los pescadores a pescar dentro de un horario establecido -desde una hora antes a la salida del sol hasta una hora después de su puesta-. Y en tercer lugar, prohíbe expresamente la utilización de algunos utensilios como redes de pesca o más de una caña por persona.

Pues bien, todas estas normas eran vulneradas con asiduidad por el grupo de personas que hoy ha sido detenido. Pero ahí no queda la cosa, ya que las 8,8 toneladas entre siluros y carpas intervenidas por la Guardia Civil eran trasladadas hasta Rumanía en condiciones insalubres y sin ser aptas para el consumo humano al no pasar ningún control sanitario. Los agentes incluso han indicado que la mafia limpiaba el pescado con lejía para quitarle el olor a podredumbre.

La organización furtiva había realizado pasillos entre la maleza por las zonas más recónditas del Ebro para poder pescar por la noche sin ser detectados. A través de estos caminos acercaban sus 10 furgonetas isotermas para facilitar los traslados. Disponían de barcas, básculas de pesaje y diversas herramientas relacionadas con la pesca. Utilizaban grandes redes de pesca, redes electrificadas y varias cañas por persona, utensilios y artes totalmente prohibidos.

Zona en la que obtenían el pescado

Zona en la que obtenían el pescado

Incluso llegaban a comprar peces a otros pescadores de la zona -también de manera fraudulenta- cuando no podían capturarlo ellos mismos, pagando 10 euros por cada kilo de ejemplar.

Obtenido el siluro, lo limpiaban y lo introducían en cajas con hielo. Estas, a su vez, en las furgonetas. Los portes de pescado podían oscilar  entre los 600 y los 3.000 kilos. Todo ello sin pasar ningún tipo de control sanitario, sin ser apto para el consumo humano y empeorando sus condiciones de salubridad durante el largo viaje por carretera hasta Rumanía, constituyendo un riesgo para la salud pública. Para evitar ser detectados en los controles terrestres, disponían de documentación falsa sobre su procedencia.

En España nunca se ha consumido siluro, y si se ha hecho ha sido de forma muy residual. Pero en países del este de Europa como Rumanía, su consumo está muy extendido. En función del tamaño, los siluros pueden venderse desde 40 o 50 euros y pueden llegar a alcanzar los 600 las piezas más grandes. Con esta práctica, la Guardia Civil estima que este grupo podría haber estado ganando 100.000 euros al año.

Fin a una operación de casi un año de trabajo

Este miércoles la operación a tres bandas se ha dado por finalizada. La Policía rumana, al detectar que el consumo de siluros españoles estaba provocando un problema de salud pública, pidió en julio de 2018 al Seprona de la Guardia Civil que investigara su procedencia. Tras casi un año de pesquisas, el balance de la operación "Glanis" es de 23 detenidos de procedencia rumana entre pescadores, transportistas, almacenistas, distribuidores. 8.888 kilos de pescado incautado que tendrá que ser destruido.

La Policía Nacional han subrayado el "absoluto desprecio" a la salud de los consumidores y a los posibles efectos adversos que pudiese generar el producto al ser consumido en "tan lamentable" estado de salubridad. El hecho de tener que limpiar el producto con lejía para que perdiese el olor a podredumbre del pescado es, según los agentes, una buena prueba de ello.

Los delincuentes, tras su detención, están acusados de delitos contra la salud pública, contra la protección de la flora y la fauna, falsedad documental y pertenencia a organización criminal.