La matriculaciones de coches híbridos, desde hace meses, han crecido sin parar. En concreto, en marzo, lo han hecho en un 161’3% los vehículos enchufables y en un 46’7% los no enchufables con respecto al mismo periodo del año pasado. Los motivos son obvios: emiten, en teoría, menos gases (tienen etiquetas Eco y Cero) al estar compuestos por dos tecnologías, pueden acceder al centro de las grandes ciudades –a Madrid Central, por ejemplo– y circulan sin restricciones cuando se activan los protocolos anticontaminación. Por todo eso, muchos conductores –cada vez más–, optan por comprarse uno frente a las opciones ‘criminalizadas’ (diésel y gasolina) y las limpias (eléctricos, todavía con poca autonomía, o gas). 

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Pero bien, ¿los híbridos son la panacea, como se quiere hacer creer? No del todo. Desde Opus RSE, empresa dedicada a medir las emisiones de cada vehículo al pasar por carretera, han identificado, en distintas campañas, “que los híbridos, cuando circulan en modo combustión, emiten en promedio más que su homólogo en diésel o gasolina”, explican en conversación con EL ESPAÑOL. Y reciben, a pesar de todo, las etiquetas Eco y Cero, lo que les permite eludir cualquier restricción de tráfico. 

En estas campañas, han comprobado, tomando como referencia los gases contaminantes principales, que “los turismos modernos Euro 6 híbridos-diésel emiten hasta un 40% más de NOX que los Euro 6 diésel puros”, explican. Y ocurre prácticamente lo mismo (midiendo partículas) con los gasolina. Aunque, en este caso, la diferencia alcanza el 50%. ¿Y qué supone esto? Que al tener etiquetas limpias, pueden circular por áreas protegidas como Madrid Central en modo combustión y “pueden ser una fuente de emisiones contaminantes sin controlar”, cuentan desde Opus RSE a este diario. 

Contaminación en Madrid.

Todo esto, no obstante, tiene un matiz. “Cuando los híbridos circulan en modo eléctrico son menos contaminantes”, añaden desde la compañía. Aunque eso, obviamente, depende del conductor. De si lo carga (o no), de la distancia que recorre, de en qué modo circula, del tipo de vehículo… Aunque, la hipótesis de que contaminan más es fácilmente comprobable a través de la web Equa Index, que mide el número de emisiones de cada modelo. En ella, por ejemplo, dan mejor nota al Peugeot 3008 diésel Euro 5 que a su equivalente en híbrido. 

A QUÉ SE DEBE

Los motivos por los que muchos de estos vehículos contaminan más “no están claros” –apostillan desde Opus RSE–, pero desde Ecologistas En Acción, en conversación con EL ESPAÑOL, se atreven a hablar de tres razones concretas. La primera, que los híbridos son “más pesados al incluir las dos tecnologías”. La segunda, “que el motor de combustión en el híbrido no está tan optimizado como en su equivalente en diésel o gasolina”. Y, por último, que muchos conductores “no los utilizan nunca como coches eléctricos”. De ahí que emitan más gases. 

A esta tesis se apunta la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), que, a través de la campaña #Nocuela, ha advertido, en las últimas semanas, de la injusticia del sistema de concesiones de etiquetas. “Hay vehículos que, a pesar de no contar con distintivo Eco o Cero Emisiones, contaminan menos que otros que sí disfrutan de estas homologaciones”, reza su queja. Es más, añade, aludiendo directamente, a una diferencia de precios por tecnología que no se corresponde con la realidad a la hora de medir las emisiones: “Un eléctrico cuesta, de media, 2.000 euros más que un híbrido enchufable, 10.000 más que uno no enchufable y hasta 12.500 más que un modelo con motor gasolina equivalente”, concluye. 

Esto ha llevado a la administración, como denuncian desde el RACE (Real Automóvil Club de España), a “criminalizar” unas determinadas tecnologías (diésel y gasolina) en beneficio de las restantes. ¿La muestra? Madrid Central, donde los vehículos que no sean Eco o Cero no pueden aparcar en la calle (tienen que hacerlo en un parking o, de lo contrario, son multados). Esta discriminación, sin embargo, no evita que muchos de esos coches ‘limpios’, en modo combustión, no emitan más gases que sus equivalentes en diésel o gasolina. 

Por eso, desde la Plataforma de Afectados por las Restricciones Circulatorias, abogan por una medición individualizada de las emisiones. “Se podría hacer perfectamente al pasar la ITV, dando una etiqueta (u otra) en función de las emisiones del vehículo. Al final, el sistema de homologación actual afecta más a un sector de la población que a otro”, denuncia Mónica Xufre, vicepresidenta de la organización.  

¿Es todo esto una sorpresa? Quizás lo sea para el conductor medio, pero no lo ha sido, en ningún caso, para las administraciones. De hecho, el Gobierno de Pedro Sánchez, en su plan por una movilidad sostenible, anunció que, a partir de 2040 no se podrán matricular los diésel, los gasolina… y los híbridos. ¿Hay mejor muestra para ratificar la hipótesis de que muchos de estos vehículos contaminan más que sus equivalente? Probablemente, no.