Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo.

Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo.

Reportajes

Los tres divorcios que ha provocado el asesinato de Ardines entre su lista de amantes

Por lo menos 6 mujeres mantuvieron relación con Ardines en los últimos años, entre ellas, una madre y una hija. Esto motivó que los investigadores tuvieran que ir con cuidado para localizar al inductor.

"Al menos tres divorcios". El problema no fueron las enemistades políticas. Tampoco los juegos de poder en torno al turismo en el idílico pueblo del oriente asturiano. Todo surgió, al final, por los líos de faldas. Los vecinos de Llanes siguen las novedades de la resolución del asesinato de Javier Ardines como si del serial de una novela negra se tratase. Y con ello, en los últimos días, las relaciones que pudieron motivar el asesinato. Entre todas las mujeres con las que se relacionó el concejal de Izquierda Unida en las últimas décadas, había varias mujeres casadas.

Esto fue, sin duda, lo que provocó que las indagaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se retrasase más de la cuenta. Los investigadores tenían indicios de que el inductor del crimen podía ser el marido de su prima política. Ese ha sido, finalmente, el punto en el que se ha resuelto uno de los casos más misteriosos de los últimos años. Pero las múltiples relaciones de Ardines con otras mujeres lo retrasó todo durante semanas. No lograban saber cuál de los maridos o parejas de las mujeres que habían mantenido relación con él había sido el artífice del asesinato. 

"Estaba con cinco o seis a la vez", explican vecinos cercanos a la familia a EL ESPAÑOL. Ardines habría mantenido relación también, según ha podido saber este periódico a través de estas mismas fuentes y otras cercanas al caso, con una madre y una hija de forma simultánea, ambas residentes en la parroquia de Posada de Llanes.

Todo eran dificultades para la investigación. La maraña sentimental había de ser deshilachada, y luego era preciso escoger con cuidado el hilo del que tirar, sin provocar demasiados sobresaltos en el pueblo. Se habló de política. Se habló de venganzas por la gestión municipal.

Se habló de su intransigencia con determinados aspectos del modo en que se venía vendiendo el turismo en Llanes. Pero ya algunos, en las terrazas de la noche llanisca, en las jornadas posteriores al crimen, apuntaron hacia un detalle que pasaba inadvertido ante el singular modo de ejercer la política del único hombre de Izquierda Unida en Llanes. "Tenía fama de mujeriego", explican varios vecinos de Llanes de toda la vida a EL ESPAÑOL. Al final, la Guardia Civil acabó tirando por ahí.

El sospechoso, vigilado por la Guardia Civil

A la izquierda, Pedro, inductor del crimen. A la derecha, uno de los sicarios. En el centro, Ardines.

A la izquierda, Pedro, inductor del crimen. A la derecha, uno de los sicarios. En el centro, Ardines.

Un mes después del crimen, los agentes de la investigación ya tenían a Pedro Nieva como el principal sospechoso. El marido de la prima de Nuria, la mujer de Ardines, no había estado en Llanes el día del suceso, el día en que apareció el cuerpo sin vida del concejal. 

Pero los agentes pronto supieron de la relación que había existido entre Ardines y Katia, la mujer de Pedro. También conocieron que este había grabado a los amantes. Ahí comprendieron que aquello podía tratarse de una venganza. Al interrogar a los vecinos y a las familias cercanas a los matrimonios, supieron que Pedro y su mujer se habían ido distanciando el año anterior del edil y de su pareja. Apenas se veían. Las cosas ya no eran como antes. 

Pronto supieron también, al interrogar a los vecinos y a los más allegados, del carácter irascible y celoso del ahora detenido como inductor del presunto asesinato. En el mes de noviembre, todo el mundo se puso a hablar de Pedro porque tanto La Nueva España como El Comercio contaron que el principal sospechoso que barajaban los investigadores era un residente del País Vasco que tenía casa de veraneo en Llanes. Blanco y en botella.

Otras parejas en el pueblo

Corrieron los rumores, comenzó a brotar de nuevo el nombre de Katia, la amante de Ardines, como la persona que había desencadenado los hechos. Los investigadores le preguntaron a la mujer, y ella reconoció que habían sido pareja tiempo atrás. 

Entonces, la rumorología hizo que comenzasen a aflorar la verdad de otras relaciones sentimentales que Ardines había mantenido a lo largo de las últimas décadas, mientras mantenía su relación de pareja, padre de dos hijos ya mayores, con absoluta normalidad. 

Luego, los agentes tuvieron que ir preguntando una por una a las mujeres que, en teoría, habían mantenido una relación sentimental con el concejal en los años anteriores. De ese modo, en algunas casas del paraíso asturiano quedaron reveladas las relaciones de Ardines con dichas mujeres. Y ello desencadenó las diversas rupturas que se están conociendo en los últimos días.