- “Ya empezábamos a sospechar que había sido él. Hace poco le vimos en esta calle  arrastrándola por el suelo mientras le tiraba del pelo. No nos extraña: es un animal”.

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Ver a Olga por la calle cubierta de moratones era algo a lo que los vecinos del barrio de La Fortuna, en pleno municipio de Leganés, al sur de Madrid, ya se habían acostumbrado hace tiempo. También allí es conocida la agresividad de su pareja, de Marcos López Díaz, 51 años de edad. Ya se habían familiarizado con ello; estaban tristemente acostumbrados a ello. Esa ira es la que muchas veces provoca que se pase un coche de policía por el barrio. O una ambulancia. En todo caso, tanto uno como otro vehículo acuden siempre por la misma razón: por una llamada de alerta en la que alguien denuncia que está pegándole a Olga, su pareja. 

El sábado pasado la atacó como nunca había hecho antes. Los vecinos intuyeron que algo pasaba al observar una ambulancia en la parte baja de la calle Pronto el rumor de los hechos (la crónica del horror ) planeó por las redes sociales del barrio durante días. Pocos lograron advertir de quién hablaban aquellos textos, quién era el causante de tal atrocidad. El titular era claro: “Detienen a un hombre en Leganés por intentar arrancar la lengua a su mujer”. 

Marcos tiene 51 años y es de un pueblo de Toledo. Tiene el pelo largo y blanco, la piel cetrina, tirando a bronceada, y un coche que ya no utiliza. Es taxista, pero hace un par de años que está retirado, aseguran varios de sus allegados a EL ESPAÑOL, debido a una lesión de cadera que le obliga a servirse  de unas muletas para salir a la calle. Las mismas que alguna vez empleó para golpear a su pareja. 

El crimen, del cual la mujer de 43 años está ya fuera de todo peligro, contaba con un sórdido componente por parte del maltratador: te voy a arrancar la lengua, te la voy a cortar para que no hables nunca más. Afortunadamente, Olga logró escapar aquella tarde del piso que ambos compartían.

La vida de Olga y Marcos en La Fortuna

Hospital Severo Ochoa de Leganés. Europa Press

La Fortuna es un barrio obrero del sur de Leganés, al sur de la capital, que se fundó en los años 60 y que no ha dejado de crecer desde entonces. Nació como una prolongación del municipio en la que se instaló un asentamiento de chabolas. Sus calles crecieron, y forma ya parte de la identidad de Leganés. Debe su nombre a Fortunata González Arroyo, la mujer del promotor inmobiliario que diseñó este nuevo emplazamiento. 

Allí llegó, hace casi diez años, el taxista Marcos López Díaz, procedente de Alcorcón. Tiempo después, llegó Olga, procedente de su Honduras natal. No se conocieron hasta hace unos pocos años, que fue cuando empezaron a salir. Fue cuando él comenzó a maltratarla. Juntos montaron un bar cerca de la vivienda que ahora comparten, pero el negocio no funcionó y tuvieron que dejarlo. A día de hoy, ninguno de los dos trabajaba.  Se les podía ver juntos en los bares de la zona con cierta frecuencia. Discutiendo, gritando y engullendo un cubata tras otro de ron. 

En el historial delictivo de Marcos, según relatan fuentes policiales a EL ESPAÑOL, figuran distintos delitos relacionados con la violencia de género. Varios de ellos tienen que ver con palizas a la propia Olga, con quien comparte casa desde hace unos años en la calle San Alfonso, en el centro de la barriada. La última vez fue la noche de Reyes. Tres veces en total le había denunciado por maltrato, pero no constaba sobre él ninguna orden de alejamiento.

Uno de los amigos más cercanos de la pareja conocía que esta situación se producía en el seno de la pareja. No denunció, relata a EL ESPAÑOL, hasta este pasado fin de semana. “Ella sufría malos tratos desde hace ya mucho tiempo. Este hombre no le echa huevos a la vida, no defiende a la mujer. La frustración suya, en todos los sentidos, la pagaba luego con ella en casa”.

“Así no se ama a una mujer, hijo de puta”

Calle de La Fortuna en la que la ambulancia recogió a Olga para llevarla al hospital. B.C.

Viernes, día 1 de febrero. Olga se escapa de su casa en la calle San Alfonso y sale corriendo en dirección a casa de unos amigos que viven a unos minutos de allí, algo más abajo, cerca de la entrada del metro de La Fortuna. Al abrir la puerta, los amigos observan los chichones y los moratones en el cuerpo y en la cara de la mujer.

Olga acude buscando ayuda, escapando de la casa. Los amigos le dicen, tranquila, dúchate, cálmate un poco. Cuando está ya más tranquila, alguien llama al timbre de la casa y es Marcos, que ha ido a buscarla. “Le dije a ella: ‘No te andes con tonterías’. Luego me volví hacia él y le dije: ‘Así no se le quiere a alguien, eso no es querer a alguien. Y si ella ahora dice que no se va, pues no se va. Y la dejas tranquila”, explica uno de los amigos de la mujer a este periódico. 

El taxista regresó varias veces a buscarla a aquella casa. El amigo cogió entonces a Marcos, se lo llevó a un aparte y le dijo: “Si mañana veo a tu mujer que la has tocado, el que te denuncia soy yo”. Media hora después él ya se había marchado. Olga volvió esa noche a la casa con él. 

Al día siguiente por la tarde volvió a pasar. Olga llegó corriendo a la casa de sus amigos con la boca sangrando, con la boca partida. Le acababa de dar una nueva paliza, le había vuelto a dejar las peores marcas en la piel. También acababa de intentar cortarle la lengua con un cuchillo que le había metido en la boca. “Le veía moratones que no tenía el día anterior. No los del día anterior, no: moratones nuevos. Ahí fue cuando llamé a la policía”.

En el barrio se armó un enorme jaleo. Llegó la ambulancia y varios coches de la Policía Nacional que se llevaron preso al hombre. “Esa tarde le vi esposado y le dije: ‘Así no se ama a una mujer, hijo de puta’”.

UMMA 112 recibió la llamada de los amigos de Olga alrededor de las seis y media de la tarde. Media hora después ingresaba en las urgencias del Hospital Severo Ochoa. La mujer llegó al centro hospitalario con múltiples traumatismos, especialmente graves en la cabeza y en la cara. Le localizaron una herida corto-punzante en pared lateral izquierda de la zona de la rino-bucofaringe. A esta herida hay que añadir un importante traumatismo en la propia lengua. Según explicó Olga a los agentes que llevan el caso, Marcos intentó arrancársela con los dedos. Las heridas demostrarían que el presunto agresor le metió el cuchillo en la boca.

Cuando los amigos fueron a ver la al hospital, Olga ya estaba limpia de sangre, pero su cara entera era un moratón. Los ojos, achinados, los tenía prácticamente cerrados, hinchados como pelotas de golf ennegrecidas. Olga es una mujer bajita, pero con un enorme carácter. Marcos no es un hombre excesivamente fuerte. Es alto, pero de complexión delgada. Un tipo apocado en público. Ella, dicen quienes la conocen en el barrio, tenía mucho más nervio que él. Y él descargaba sobre ella toda su ira, pero casi siempre en casa, donde casi nunca hay nadie observando.

"Lo primero es alejarla del maltratador"

Lugar en el que ocurrieron los hechos. B.C.

A día de hoy, Olga continúa ingresada en el hospital Severo Ochoa. No hizo falta intervención quirúrgica. Solo cuidados y reposo. 

Este miércoles, a las doce de la mañana, los vecinos de la zona toman el vermú en los bares y se enteran de que fue Marcos el que protagonizó la terrible agresión del pasado fin de semana. Les conocen a los dos, quizá por eso son varios en el corrillo de paisanos del bar quienes tuercen el gesto, resignados. 

-La conocemos, la conocemos, ella va siempre paseando al perro. 

-Él al chucho le llama Brugal, como la botella.

-Están siempre así. Y él, cada vez más agresivo con ella.

-Hace cosa de un par de meses, el año pasado, vino la policía y todo. Porque una vecina llamó diciendo que estaba pasando ora vez. Al rato estaba ella ya en el hospital. Problemas, siempre problemas. 

Tres calles más arriba, en un establecimiento cercano al piso que ambos compartían, el dueño no quiere ni oír hablar del tema. “Todos los días viene la policía por aquí a llevárselo. Vamos, todos los días no, pero sí de vez en cuando”. Es por eso que en algunos locales de copas en La Fortuna le tienen prohibida la entrada. “Se pone a llamar puta a la mujer en público. Yo eso aquí no lo quiero”. 

Los vecinos explican, sin embargo, que ella siempre acababa regresando con él, abriéndole la puerta de la casa. La psicóloga Vanesa Fernández es experta en emociones y ha llevado casos relacionados con la violencia de género. “Es algo muy frecuente. Los motivos son muy variados. Desde lo más importante, el propio miedo, que prefieren estar con ellos que las consecuencias que puedan conllevar la ruptura. Y luego está la dependencia emocional. También se dan situaciones extremas de chantaje por parte del maltratador. Lo primero de todo es el reconocimiento del problema. Lo segundo, conseguir que se aleje del maltratador. Por si corre peligro su vida”.