Uno de los detenidos, este jueves, ante los agentes.

Uno de los detenidos, este jueves, ante los agentes. Efe

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El parricida fugado estaba enterrado en una granja de Orense: dos compañeros presos, detenidos

Su cuerpo fue sepultado dentro de la granja. Apareció debajo decenas y decenas de pollos muertos. En los últimos años, el ritmo de vida de Fernando Iglesias Espiño se había normalizado al entrar en tercer grado penitenciario. En múltiples ocasiones, un fin de semana de cada dos, abandonaba el penal de Pereiro de Aguiar (Ourense) con el fin de pasar los días a su aire. Pero el pasado mes de agosto no volvió. Algo había pasado.

El asesino, 22 años después de su triple crimen, regresaba ya a la libertad. Apenas le restaban tres años para abandonar la cárcel. Su desaparición en agosto hizo que saltasen todas las alarmas: uno de los peores criminales andaba de nuevo suelto. Parecía que se hubiera fugado para así evitar el final de su condena entre rejas. 

Desde ese día, se le comenzó a buscar por toda España. Pero dentro de la cárcel, según ha podido conocer EL ESPAÑOL a través de fuentes penitenciarias, aquella supuesta fuga extrañaba, y mucho. En capítulos anteriores de la historia, Fernando había cumplido estrictamente los permisos penitenciarios del modo más riguroso. Había iniciado su vida en el exterior. Salía cada quince días y había comenzado a reestructurar su vida. Incluso se había hecho con un puesto de trabajo. Pero cuando le tocaba volver, volvía, con docilidad.

Todos estos datos, unido a que "nunca" había dado ningún problema en la prisión ourensana, llevaban a la deducción de que algo le tenía que haber sucedido. No era normal que tardase tanto. Aún así, se activaron todas las alertas a nivel estatal para tratar de encontrar al ya conocido como parricida de Jinámar (Gran Canaria). 

Fernando Iglesias

Fernando Iglesias

Para resolver el misterio de dónde se encontraba uno de los presos más explosivos y peligrosos de los últimos tiempos fue necesario que apareciese en la tarde de este jueves su cuerpo. El cadáver de Fernando Iglesias Espiño apareció e A Senra (Piñor de Cea, Ourense), en los terrenos de una granja local cuya dedicación prioritaria era la cría masiva de pollos.

Hasta allí llevaron a los agentes de la Guardia Civil de dos sospechosos que creyeron relacionados con la desaparición del triple asesino. Los pasos de los dos sospechosos ya arrestados fueron seguidos con alto rigor por las autoridades. Ahora, ya en prisión sin fianza, están acusados de un delito de asesinato/homicidio.

Ambos fueron compañeros de prisión del propio Fernando. Compartieron cárcel años atrás. Según datos del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, los hechos tuvieron que producirse, por lo que revela la autopsia, en el mismo fin de semana en que se produjo la huida.

El crimen de Jinámar en 1996

A Francisco le quedaban por cumplir tres de los 25 años que tenía de condena. Fue condenado a más de 50 años de prisión por sus crímenes, pero en el año 1995 el máximo que uno podía cumplir al entrar en prisión era ese. 

Con este panorama, la idea de que se había fugado fue evaporándose para los investigadores del caso con el paso del tiempo: si le quedaban apena 36 meses de prisión, ¿por qué exponerse de ese modo a un endurecimiento de la condena? Los agentes trabajaron con calma y detalle para lograr detener a los dos presuntos autores del crimen. Queda por esclarecer si se trató de un asesinato o de un homicidio al que se le une el delito de robo con violencia. Todo apunta a que había una cuestión monetaria de por medio. Una herencia que Francisco acababa de cobrar.

Espiño medía apenas 1,75, tenía gafas y era calvo. Utilizaba gafas. Esos fueron los datos difundidos por la Policía para tratar de dar con su paradero. Nada que ver con el hombre que fue detenido hace más de 20 años, un individuo barbado, con una de esas melenas laterales que dejan en lo alto una calva mal afeitada.

El asesino había cometido, tiempo atrás, un crimen de graves proporciones. Con 41 años, Espiño asesinó, la noche del 15 de octubre de 1996, a su esposa y a sus hijos de 18 y 12 años. Había estado bebiendo ron esa madrugada. Solía tener problemas con el alcohol. Pese a este detalle, el hombre estaba en plenas facultades mentales y físicas cuando cometió el atroz crimen. A la siguiente discusión con su mujer, esa jornada, la asesinó.

La cosa no iba a quedar ahí. Acto seguido acabó con sus dos hijos en uno de los crímenes más atroces que se recuerdan tanto en las Islas Canarias como por supuesto en Jinámar, el pueblo isleño en el que tuvieron lugar los hechos.

Esa noche, la de los hechos del año 1996, durante la cena, el enfrentamiento aumentó de intensidad. Iglesias entró en trance y su agresividad aumentó al instante. Poco después, sobre la media noche, se fue directo a por su mujer. Luego a por su hija de 18 y en tercer lugar a asesinar a su hijo de 12. Acabó de golpe con los tres. Dejó los cadáveres tirados en la casa, siguió bebiendo y se quedó dormido. Al despertar, avisó a las autoridades de lo ocurrido y se sentó a esperar. 

Tras el veredicto de culpabilidad del jurado popular, que prácticamente se estrenó en Las Palmas con estos hechos, llegó la firmeza de la sentencia el 9 de octubre de 1998. Fernando Iglesias, natural de Pontevedra, fue trasladado de Salto del Negro a Galicia para cumplir la condena.

En las crónicas de la época, durante el juicio, el hombre explicaba lo sucedido con la siguiente frase: "Los maté porque me pusieron de muy mala leche y me cegué".