Mónica Álvarez (44 años) se fotografía con Mariano Rajoy y Feijóo en el Castillo de Soutomaior.

Mónica Álvarez (44 años) se fotografía con Mariano Rajoy y Feijóo en el Castillo de Soutomaior. E.E.

Reportajes

La 'pequeña Nicolasa' de Orense: estafa 60.000 euros aparentando ser amiga de políticos

Antes se la encontraban en los mítines. Ahora la veían con coches caros por Ourense. En un futuro próximo, quizás acabe en la cárcel. Uno de esos encuentros en los que Mónica Álvarez, 44 años, natural de Suiza, no solía fallar se produce cada mes de septiembre en el Castillo de Soutomaior, en la provincia de Pontevedra. Cada año, al inicio del curso político, Mariano Rajoy convocaba a la plana mayor del Partido Popular a unas jornadas de reflexión y asueto, como el equipo que se concentra antes de empezar la liga. Todos los grandes nombres del partido en una misma finca, accesibles y cercanos a cualquiera. 

En un escenario compuesto por una enorme fortaleza de piedra gris, típica del medievo gallego, con sus múltiples y elevadas almenas, se produce la  mayor reunión de miembros del PP de toda España y de toda Galicia en un mismo fin de semana. Un lugar habitualmente destinado a la celebración de bodas, bautizos y comuniones se convierte en el concilio pepero por excelencia. Mónica sabía que allí estaba la mejor oportunidad para su particular negocio.

Mónica fue detenida esta misma semana. Según ha podido saber EL ESPAÑOL a través de fuentes del partido a nivel local, a la mujer se la investiga como presunta autora de un delito de estafa continuado. La suya era la táctica del alarde: iba paseándose altiva por la ciudad de Ourense comentándole a éste y a aquél que, si lo deseaban podía conseguirles un puesto de trabajo en algún hueco que hubiera en la administración. A cambio, claro, de una buena y jugosa suma de dinero fresco.

Hay por lo menos 18 víctimas afectadas. Solo 13 han presentado una denuncia. Por lo menos, los investigadores de la Policía Nacional creen que llegó a obtener al menos 60.000 euros en más de cinco años. Los concejales del PP en la ciudad, aseguran a este periódico, creen que hay más gente afectada de la que ha denunciado: “Más. Muchos más. Lo que pasa que muchos no van a andar contándolo por ahí. Tienen miedo de decir que les estaban ofreciendo un puesto público a cambio de dinero”. 

La táctica de Mónica era relativamente sencilla. Pero para darle credibilidad necesitaba las fotografías con los líderes del PP. Con los grandes barones a nivel gallego y nacional. La estratagema era idéntica a la de Francisco Nicolás Gómez Iglesias, el pequeño Nicolás, pero a escala ourensana. 

El ya célebre jovenzuelo que sembró el caos en los altos círculos de los empresarios y de la política madrileña comparte con esta mujer la querencia por la fabulación y por las fotografías con los políticos más importantes para luego utilizarlas en su favor. Para convertirlas en una estampa que exhibir como carnaza en el anzuelo para las caballas. Muchos picaron en las redes de Mónica, la pequeña ‘Nicolasa’ gallega.

El talismán del castilllo de Soutomaior

Rajoy en su intervención en el inicio del curso político del PP en años anteriores.

Rajoy en su intervención en el inicio del curso político del PP en años anteriores. EFE

Era llegar la apertura del curso político y Mónica echaba mano al coche, recorría los 100 kilómetros que separan Ourense de esta suerte de enclave feudal y se plantaba allí, en medio de una fortaleza repleta de dirigentes del Partido Popular. Tras los discursos, entre las copas y los catterings, a la hora del autógrafo y del apretón de manos, comenzaba su particular vendimia: una auténtica recolecta de selfies con las estrellas políticas de la comunidad: Rajoy, Feijóo, Ana Pastor, Soraya, Manuel Baltar… No había uno que escapase a su abrazo. 

Esas fotos le resultaban después de enorme utilidad en sus intereses. De vuelta en Ourense, con estas instantáneas se vendía a los interesados que buscaba como la mano derecha de distintos altos cargos del partido como el presidente de la diputación, Manuel Baltar Blanco. Eran la coartada para revestirse de credibilidad. 

La estrafalaria situación, prolongada por un largo período de años, era conocida por muchos en el seno del PP en la provincia de Ourense, aunque no se le otorgaba mayor importancia a los cuentos que se escuchaban por las calles. Historias de una mujer chata y rubia, con labia, generosa y desprendida en las barras de los bares – no perdía ocasión de derrochar su presunta generosidad para con otros clientes-. 

Pero a Mónica Álvarez hacía tiempo que algunos la habían calado, y la habían calado bien. Cuenta un hostelero local a EL ESPAÑOL (quien prefiere mantenerse en el anonimato) cómo hace tres años supo de los turbios chanchullos de esta señora. “En cuanto lo supe, en cuanto me enteré, la eché de nuestro negocio. Lo que estaba haciendo no se podía consentir”. 

En cuanto encontraba una nueva víctima, la mujer la abordaba con derroche, con el arrojo de quien ve la oportunidad. La presunta estafadora llevaba siempre varios teléfonos en el interior de su bolso. Es lo que relatan los investigadores. Cogía uno de ellos, interpretaba su papel, simulando que al otro lado de la línea estaban los jefes, acaso uno de esos peces gordos del mundo de la política al que ella decía pertenecer y desde el cual sugería que todo lo podía conseguir. Así lograba ganarse la confianza de todo aquel que se acercaba a ella. Para luego sacarles el dinero. 

Llevaba, por lo menos, siete u ocho años urdiendo esta clase de telarañas por toda la ciudad. Mónica está separada. No tiene hijos. Llegó hace algunos años desde Suiza a Galicia. Como muchos otros gallegos, vino al mundo en un país que no era el suyo debido a que sus padres emigraron hasta allá desde el concello ourensano de Cartelle. En ese lugar, más allá de los Pirineos, pasó su juventud.

Con Mariano Rajoy, en el Castillo de Soutomaior.

Con Mariano Rajoy, en el Castillo de Soutomaior. E.E.

Ahora estaba inmersa en las estafas y en las falsas gestiones que muchos le encargaron pero que nunca vieron realizadas. No han sido pocos los que se acabaron percatando de su engaño. Pasaban las semanas y Mónica, después de las promesas del inicio, seguía sin coger sus llamadas. Y claro, al final, Ourense no es una ciudad demasiado pequeña, pero tampoco resulta excesivamente grande. Encontrarse con la misma persona en días sucesivos, de cuando en vez es, en realidad, relativamente normal.  Por eso, volviéndose a ver las caras, alguno se le tuvo que poner farruco para que le devolviese el dinero que le había esquilmado sin haber obtenido de ello fruto alguno. 

Con membrete del PP 

Al registrar la casa de la mujer, los agentes hallaron todo tipo de objetos lujosos: el coche de alta gama, una buena mascota, etc. Todo ello fruto de la labia con la que manejaba su emporio local de clientelismo imaginario, unas influencias políticas que tan solo existían en su cabeza. 

Fueron dos concejales del ayuntamiento quienes denunciaron a la mujer al percatarse de los hechos. Entre los timos que se han conocido, según cuentan fuentes de la corporación a EL ESPAÑOL y según adelantó La Región, un supuesto cobro de 14.000 euros a una familia de la ciudad. Prometió conseguirles un trámite urbanístico en el Concello, una gestión que resultó ser un espejismo irrealizable. La familia no recuperó su dinero. 

Mónica era lista, muy lista. Cinco cuentas bancarias abiertas para que sus presas depositasen en ellas los pagos que luego nunca surtían ningún efecto. Desde la policía se insiste a las víctimas: no han cometido delito alguno. Todos aquellos que se vieran comprometidos por esta mujer en una situación similar deben denunciar de inmediato. 

Dentro de la vivienda, y según relataron las víctimas, Mónica empleaba toda la parafernalia posible en sus citas con los interesados en entrar a formar parte de los puestos laborales de la institución pública. Consigo llevaba tarjetas de visita personalizadas, documentos con el logo del PP y de la diputación de Ourense o del ayuntamiento de la ciudad. Así entablaba amistad. Así les estafaba a todos. Muy pocas de las víctimas recuperaron el dinero tras el engaño. 

Algunas de las víctimas llegaron a pedir un crédito para poder pagarle a Mónica, la mujer que se hacía pasar por uno más de los peces gordos del PP en Galicia. Otros, depositaron en ella su esperanza y todos sus ahorros. Quedaron invertidos en algo tan etéreo como el aire: las promesas de Mónica no valen nada. 

Pablo Casado y  Alberto Núñez Feijoo saludan al comienzo del acto celebrado en la Carballeira de San Xusto (Pontevedra).

Pablo Casado y Alberto Núñez Feijoo saludan al comienzo del acto celebrado en la Carballeira de San Xusto (Pontevedra). Efe