Teófilo Rodríguez (Puertollano, Ciudad Real, 1985) sólo pide “humanidad”, que lo traten “dignamente”. El pasado martes fue ingresado en el Hospital de Manises (Valencia) y ha pasado allí una semana. Pesa 350 kilos y necesita ayuda. Sin embargo, el centro ha querido darle el alta. Esta mañana, se lo notificaban. Y, a continuación, comenzaba su odisea. Metido en un camión de mudanzas, los servicios sanitarios lo condujeron primero a su casa, pero no pudieron dejarlo allí. ¿El motivo? No había forma de que entrara por la puerta. Después, buscaron habilitarle un espacio en una polideportivo. Y, esta vez, la familia se negó. Finalmente, está ingresado en la sala de pediatría de un centro de salud de Turís (Valencia).

“Está con muchos nervios, calor y sin ser asistido por ningún médico”, denuncia su hermana Dévora en conversación con EL ESPAÑOL. No sabe “qué van a hacer con su hermano ni si va a pasar allí la noche o si lo van a llevar de nuevo al hospital", como ella reclama. La situación de Teo es complicada. La familia no puede hacerse cargo de él: su madre cuida de su padre, con alzheimer, y sus dos hermanas no pueden levantarlo. “Estamos desesperadas. Nosotras no podemos cuidarlo correctamente en casa. Tardamos dos horas en cambiarlo de posición. No puede ayudarnos nadie. Tenemos que sacar fuerza de donde no las tenemos. Imagínate que le pasa algo. A mí se me muere”, confiesa su hermana.



INGRESADO TRES VECES EN UN MES



Teófilo ha sido ingresado tres veces en el último mes. “La primera podía andar un poquito. Estuvo dos horas y le dieron en alta”, explica su hermana. Pero sus problemas no se solucionaron y volvió poco tiempo después. A los 15 días, los bomberos fueron a su casa y lo trasladaron de nuevo. “Tuvieron que tirar la pared abajo. Estuvo siete días y lo mandaron de nuevo a casa”. Y el martes pasado regresó al hospital de Manises, donde ha estado ingresado en una cama de un pasillo.

Teófilo, en la sala de pediatría



Desde entonces, la familia ha estado luchando para que no le dieran el alta. Sin embargo, el hospital atentó con hacerlo el viernes pasado. Después, prorrogó su estancia hasta el lunes. Y, finalmente, este martes, pese a la situación del paciente, lo han trasladado. “He pensado en suicidarme, parece que no me quieren en ningún sitio”, confiesa Teófilo en conversación con este diario.



UN DRAMA QUE COMENZÓ A LOS NUEVE AÑOS



La odisea, sin embargo, no ha empezado este martes. A los nueve años, le diagnosticaron tiroides. “Entonces, engordaba con cualquier trago de agua”. Y empezó a sumar kilos hasta llegar a los 350 actuales, los que le tienen postrado en una cama a la espera de que alguien le dé solución a sus problemas, mediante cirugía o como estimen oportuno. Eso a él le da igual. Lo único que quiere es curarse.



O, simplemente, estar como el año pasado, cuando se marchó a vivir con su pareja. O como antes, cuando pudo incluso entrar a trabajar en una fábrica de metales y otra de madera, aunque tuviera que dejar ambos puestos porque se fatigaba. “Antes podía andar. Podía ir al baño y moverme. Era una persona dependiente, pero con cierta autonomía”, explica. Pero nada de lo que ha hecho le ha servido para solucionar sus problemas. “Ni las dietas ni nada. Nadaba y paseaba. Me llegaron a poner, incluso, un balón gástrico, pero me reventó”. Y así hasta la situación que vive ahora. Cuando, desesperado, sólo incide en una cosa: “Que me traten como a un ser humano”.

Teófilo Rodríguez.

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