David Crespo, estudiante MIR en el CHUAC

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David Crespo, del "no tenía vocación médica" al número 26 del MIR con plaza en el CHUAC de A Coruña

El joven coruñés, que nunca tuvo claro lo que quería hacer, encontró en el contacto con los pacientes el motivo para dedicarse a la medicina

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No siempre hay una vocación clara detrás de una bata blanca. A veces, el camino es más dudoso. Es el caso de David Crespo, que hoy tiene una de las mejores notas del MIR de España —puesto 26— y plaza en el CHUAC, pero que durante años no tuvo del todo claro que la medicina fuese lo suyo.

Tiene 24 años y es la primera vez que se presentaba al examen. "La verdad es que no he tenido nunca vocación médica, tampoco es un término en el que crea demasiado", cuenta con naturalidad. Su interés iba más por otro lado. "Siempre he estado más inclinado a las humanidades: historia, filosofía… eran las carreras que tenía en mente".

El giro llegó más por pragmatismo que por pasión. "En bachillerato, con la presión de tener buenas notas, siempre aparece medicina como opción. Y tuve como una epifanía: pensé que también podía ser una buena salida".

Pero los inicios no fueron fáciles. "El primer y segundo año me arrepentí de la elección. Eran muy generalistas, sin práctica clínica… y tenía en la cabeza cambiarme de carrera". No lo hizo. Y, con perspectiva, lo agradece.

El punto de inflexión llegó en tercero. "Fue una mezcla de cosas: profesores muy buenos y, sobre todo, el primer contacto con el hospital". Ahí cambió todo. "Ver que detrás de un diagnóstico hay un paciente, con una situación emocional… eso lo transforma todo".

Lo explica con una idea que resume bien su forma de entender la medicina: "Estoy enamorado de la profesión médica. El saber médico me gusta mucho, pero la profesión es lo que realmente me enganchó".

Ese contacto directo, la relación con los pacientes y sus familias, fue clave. "Ver el cambio en la cara de las familias cuando das buenas noticias, o el tacto necesario para dar las malas… eso es lo que me marcó".

Especialidad: nefrología

Con ese enfoque, no sorprende la especialidad que ha elegido: nefrología. Una rama poco conocida, incluso dentro del propio ámbito médico, pero que a él le encaja. "Cualquier especialidad de medicina interna me hubiese gustado, pero la nefrología tiene algo especial".

Ese "algo" tiene que ver con el tipo de relación que se establece con los pacientes. "Tiene un seguimiento muy longitudinal. Desde que llegan hasta que, en muchos casos, están contigo toda la vida. Te permite conocer no solo al paciente, sino también su entorno".

También hay un componente técnico que le atrae, como la diálisis, pero insiste en lo importante: el vínculo humano. "Quizás por mi inclinación hacia las humanidades, ese contacto es lo que buscaba".

Alumno de matrícula

Su camino hasta aquí ha sido rápido: con 24 años, en su primer intento, ha conseguido uno de los mejores resultados del país. En el examen obtuvo 172 netas y un expediente cercano al 8,9. Antes, en selectividad, ya había apuntado alto, con una nota por encima del 13.

Aun así, evita épicas innecesarias. El siguiente paso está claro: empezará su residencia a principios de junio, en el hospital que tenía como primera opción y en la ciudad donde vive. "Soy de A Coruña. Mi familia es de Ourense y mi pareja de Vigo, pero teníamos bastante claro quedarnos aquí".

Ahora toca celebrar —"mientras se pueda", dice— y empezar una nueva etapa. Una que, curiosamente, no estaba en sus planes iniciales.