Almejas y Bacalao en el Union Oyster House de Boston.jpg

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La sorprendente conexión gastronómica entre Galicia y la costa estadounidense de Nueva Inglaterra

Al norte de la costa Este de Estados Unidos, grandes urbes como Bostón o pequeñas villas marineras sirven pescados y mariscos con una identidad sorprendentemente cercana a la gallega

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La región de Nueva Inglaterra se encuentra en el norte de la costa este de Estados Unidos, justo por encima de Nueva York y haciendo frontera con Canadá. Boston es, sin duda, su centro neurálgico, pero es muy posible que os suenen otros nombres como Newport, Providence, Rhode Island o Salem (por sus famosas brujas). No es el destino norteamericano más popular, pero si te gusta el marisco y la buena comida, apúntalo en tu lista.

Recorriendo su costa atlántica, con un clima duro y salpicada de villas marineras, la conexión con Galicia aparece de forma sutil. No como en otros lugares, en los que entran en juego los paisajes verdes, las casas de piedra o las costas escarpadas, sino más bien en detalles menos visuales, como el carácter de sus habitantes, pero, sobre todo, su gastronomía.

Marisco y pescado fresco con carácter atlántico en las dos orillas

Hay dos alimentos sin los cuales no se entendería la cocina de Nueva Inglaterra y que seguro reconocéis: el marisco y el bacalao. En cualquier restaurante de Boston encontraréis langosta, ostras, almejas y otros mariscos atlánticos y, a lo largo del litoral, el bacalao es el rey.

El bacalao fue clave en el desarrollo de Nueva Inglaterra desde el siglo XVII. Las aguas frías del Atlántico norte eran muy ricas en este pescado, lo que impulsó una importante actividad pesquera en la zona. El bacalao se salaba y secaba para conservarlo durante largos viajes, lo que facilitó su comercio con Europa, y Galicia era un puerto clave en esta ruta.

Lobster Roll en Marbelhead.jpg

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En cuanto al marisco, las ostras son, junto a la langosta, las que se llevan el protagonismo. La ostra de Nueva Inglaterra vive en unas condiciones muy similares a las ostras gallegas de la Costa da Morte, y su sabor es muy parecido. Son mariscos de crecimiento lento y sabor intenso, con mucha salinidad. Se diferencian en la especie, ya que, mientras en Galicia domina la ostra plana, en Nueva Inglaterra es más habitual la ostra Wellfleet. Sucede algo similar con la langosta, que recuerda por sabor y carnosidad al bogavante gallego. Nada que ver con las langostas de aguas templadas que encontramos en destinos caribeños, con mucho menos sabor e intensidad.

En el pequeño pueblo pesquero de Marblehead, a unos veinticinco kilómetros de Boston, Robert regenta un restaurante frente a la bahía, desde donde se divisan los cientos de botes (en verano pueden llegar a ser más de quinientos) que descansan sobre el Atlántico.

Puesto de ostras en Rhode Island.jpg

Puesto de ostras en Rhode Island.jpg

“Aquí trabajamos con pescado fresco del día. Tenemos unos proveedores del pueblo que, según pescan el producto, nos lo traen. Puedes tener en la mesa un pescado o un marisco que hace dos horas estaba en el océano”, nos cuenta orgulloso. Allí elabora a diario el famoso lobster roll, el bocadillo de langosta, pero también calamares rebozados al más puro estilo gallego, bacalao rebozado o su “Spanish octopus”, que no es otra cosa que pulpo a la gallega.

Uno de los restaurantes más famosos de todo Estados Unidos es el Union Oyster House, ubicado en el downtown de Boston. Es el restaurante en funcionamiento continuo más antiguo del país (se fundó en 1826, cuando en la ciudad no había aún ni electricidad, ni teléfonos, ni agua corriente).

Su manager, el bostoniano James Mlinn, lo tiene claro: “Creo que existe una conexión evidente entre las culturas atlánticas, y las ostras y las almejas que servimos en el restaurante son una buena prueba de ello”. Y, efectivamente, además de la ostra que describíamos unas líneas atrás, la almeja del Union Oyster House es muy similar a la almeja gallega. Algo más grande, pero con una carnosidad y una textura muy parecida. También destaca la famosa clam chowder, una sopa de marisco similar a la caldeirada, pero a la que en Nueva Inglaterra añaden nata.

A Nueva Inglaterra y a Galicia les separa un océano y más de cinco mil kilómetros, pero hay un hilo muy singular entre ellas. Una conexión que se percibe con claridad en una forma de entender la cocina atlántica, respetando el producto y dándole una personalidad que une a esos dos extremos del mundo.