Ángel Piñeiro, responsable de Don Gallo en A Coruña.
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Ángel echa la verja del Don Gallo de A Coruña tras cerca de 40 años: "Echaré de menos a la clientela"
El responsable del local, ubicado en el Agra do Orzán, se jubila y cerrará el 31 de diciembre
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Después de 40 años, unos 43 para ser exactos, Don Gallo echará la verja por última vez el próximo 31 de diciembre. Su responsable, Ángel Piñeiro, se jubilará cerrando un establecimiento que ha visto crecer al barrio del Agra do Orzán a lo largo de cuatro décadas.
El motivo, explica a sus 63 años, es que su retiro estaba ya cerca y surgió una oportunidad cuando el supermercado Familia, ubicado muy cerca, presentó una oferta para comprar el local y ampliar sus instalaciones.
"Yo llevo aquí desde los 23 años", cuenta al teléfono y todavía desde un establecimiento situado a escasos metros de la plaza de As Conchiñas, desde donde ha visto evolucionar al barrio.
El responsable del establecimiento cuenta que la propia plaza ha mejorado mucho desde que era una "zona de tierra con un parquecito" pero que su cierre se sumará a una calle con muchos locales vacíos: "Antes todo esto estaba lleno de comercios y ahora está todo vacío, salvo alguna cosa".
El propio Don Gallo también se transformó en sus primeros años.
Originalmente, este local abrió como cafetería, una actividad que mantuvo durante cerca de cinco años hasta una reforma que lo convirtió en el local que se ve hoy en día y centrado en la comida preparada pero casera para llevar.
"Hay clientes que veo desde que estaba la cafetería. Aún recuerdo servirles su café con leche y sus desayunos con churros y ellos mismos también recuerdan cuántos años han pasado", comenta.
Estas Navidades serán las últimas en las que muchos coruñeses y residentes del área puedan degustar uno de los pollos de Don Gallo, que muchos definen como los mejores de la ciudad. Ángel confiesa que "ahora sobre todo la gente me pregunta que dónde va a ir a buscar el pollo".
Pese a su nombre y el producto protagonista del escaparate, otra de sus especialidades son las croquetas. Pero las opciones no se acaban ahí. Ángel ofrece desde hace años otros platos preparados como paellas, ensaladillas, ternera, callos, jamón, raxo y ensalada.
Pasado el 31 de diciembre, seguirá encontrándose con sus clientes de siempre, esta vez, en las calles.
"A muchos les da tristeza", admite, recordando que "el otro día una clienta de toda la vida lloró un poquito porque le daba pena que cerrásemos después de tanto tiempo".
Muchos de ellos ya acudían al Don Gallo cuando era una cafetería y siguieron haciéndolo con el paso de los años. Los hay, incluso, que vienen desde el área metropolitana de lugares como Arteixo, Sada o Santa Cristina hasta este local del Agra do Orzán.
Para el propio Ángel esta nueva etapa será un momento agridulce: "La afronto con tristeza, pero a la vez con alegría por poder descansar un poco y tener los domingos para pasarlos con la familia. Después de 40 años, imagino que lo tengo merecido".
De estas décadas se queda, sin dudarlo, con "la buena clientela y el estar trabajando a gusto, haciendo algo que te gusta. Lo mejor es el trato con el cliente, el tú a tú".
"Me tomaré el café con ellos si me los encuentro", asegura sobre una costumbre que ya está implementando y confesando que "los voy a echar mucho de menos también. Y cuando los vea por ahí, les daré un abrazo".