Pago con tarjeta en un bar de A Coruña
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¿La gente sigue dejando propina en los bares de A Coruña? "Máximo 5 euros, pero no es lo habitual"
La generalización del pago con tarjeta y los nuevos hábitos de consumo han reducido una costumbre histórica que marcó durante décadas el día a día de bares y cafeterías
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Durante décadas, la propina funcionó como sobresueldo para los hosteleros. Unas monedas sobre la barra, un redondeo al alza o un billete discreto al marcharse formaban parte de la rutina diaria de camareros y clientes. Sin embargo, en los últimos años, esa costumbre se ha ido perdiendo hasta convertirse en algo casi anecdótico en muchos locales de A Coruña.
Por ejemplo, en el Kvras, en la plaza de la Cormelana, en pleno centro de la ciudad, el cambio es evidente. Álex González, camarero del local desde hace diez años y con casi tres décadas de experiencia en el sector, lo resume con una frase: "Ya no es como antes".
El negocio tiene una clientela joven, un factor que se nota a la hora de pagar. "Casi nadie paga en efectivo", explica. Muchos ya no llevan ni cartera. Con la tarjeta instalada en el móvil parece que se ha perdido ese pequeño gesto que antes acompañaba al cobro.
Aun así, en este local han sabido adaptarse. Cuando un cliente dice "cóbrame cinco" por una consumición de 4,80 euros, los 20 céntimos se sacan de la caja y se depositan en un bote común para el personal. "Hemos llegado a recibir céntimos en tarjeta", apunta Álex.
Aun así, a la hora de repartir se nota: la cantidad que sale por persona es mínima. "Depende mucho del número de personas a repartir, y aquí somos unos cuantos", añade. Entre camareros y cocina, el bote siempre se queda corto.
"Nos lo tomamos como un premio"
El Rompeolas
En otros negocios como el de El Rompeolas, a escasos metros del estadio de Riazor, también han notado ese bajón en las propinas, aunque matizan que no han desaparecido del todo. "La gente se porta bien", asegura.
En su caso, la propina se entiende más como un reconocimiento que como una obligación: "Nosotros lo tomamos como un premio porque lo hemos hecho bien". Como ocurre en la mayoría de locales, el dinero se reparte entre todo el equipo, tanto cocina como sala.
En uno de sus negocios, el de la pulpeira, el tipo de clientela y el formato del servicio influyen directamente. "Cuando son mesas grandes y hacen cuentas y les toca pagar 17 euros por persona y redondean a 18, imagina… si son diez personas ya son 30 euros de propina", señala. Cantidades que no son lo habitual, pero que marcan la diferencia. "Siempre es una ayudita y, para los tiempos que corren, nunca viene mal".
La clientela habitual
Bar San Xoán en A Coruña (Foto: Quincemil)
La situación es algo distinta en el bar San Xoán, en la calle San Juan. Allí la clientela fiel mantiene viva, aunque de forma puntual, la tradición de la propina. Está claro que cuando hay cariño, es más fácil soltar dinero.
"No es lo habitual, pero nos pueden llegar a dejar cinco euros de propina", reconoce Jorge Rilo, propietario del local. Aunque insiste en que es algo muy raro. Lo más común son pequeñas cantidades: "A partir de diez céntimos". Como propietario, Jorge no se queda con nada, pero sabe por sus camareros que muchos clientes "siguen dejando la propina en efectivo, incluso cuando pagan con tarjeta".
Un sobresueldo que se desvanece
Héctor Cañete, presidente de la Asociación Provincial de Hostelería de A Coruña, confirma que la generalización del pago con tarjeta ha tenido un impacto directo en la desaparición de las propinas. "Desde luego, el cobro con tarjeta ha disminuido muchísimo el tema de las propinas", afirma.
Lo que comenzó siendo una práctica limitada a restaurantes se ha extendido a cafeterías y bares de todo tipo. "Al principio era una parte muy pequeña de la facturación, pero ahora ya puede representar el 30, 40 o incluso el 50% en cafeterías", señala. Y con menos efectivo en circulación, menos propinas llegan a los trabajadores. "El pago en efectivo siempre dejaba más propinas", subraya.
Para muchos camareros, la propina fue durante años un sobresueldo importante. "Era una ayuda clara", recuerda Cañete. Hoy, ese complemento prácticamente ha desaparecido, aunque el sector también ha experimentado mejoras. "Las condiciones laborales han cambiado mucho: se cumplen mejor las jornadas, las horas y los salarios siempre fueron más altos que en el comercio", explica.
¿El final de la propina?
Todo apunta a que la propina tradicional tiene los días contados, al menos tal y como se entendía hasta ahora. "Tristemente, cada vez tiene menos repercusión", concluye el presidente de los hosteleros. Solo un cambio de modelo, como ocurre en otros países donde se puede añadir la propina directamente al pago con tarjeta, podría frenar esta desaparición silenciosa. Mientras tanto, en las barras de A Coruña, el tintineo de las monedas es cada vez más raro.