Juan Carlos, uno de los propietarios de la parrillada Rodicio

Juan Carlos, uno de los propietarios de la parrillada Rodicio P.M

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El restaurante del centro de A Coruña que lleva 31 años sirviendo carne sin límite

La Parrillada Rodicio cumple 31 años en Álvaro Cebreiro como uno de los restaurantes brasileños más veteranos de la ciudad

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En la calle Álvaro Cebreiro, a un paso de la calle Real, hay un local que no necesita presentación para los amantes de la carne en A Coruña. La Parrillada Rodicio lleva 31 años sirviendo churrasco al estilo brasileño en la ciudad, convirtiéndose en uno de esos restaurantes que pasan de moda sin enterarse y que siguen llenándose generación tras generación.

Detrás del negocio está Juan Carlos, brasileño que llegó a A Coruña junto a su primo tras pasar buena parte de su vida en Río de Janeiro: "Mi familia estuvo muchos años en Brasil y luego volvimos aquí. Abrimos el negocio y este domingo cumplimos 31 años".

Cuando levantaron la persiana, el concepto del rodizio —carne cortada en la mesa y sin límite de cantidad— era algo prácticamente desconocido en la ciudad. "Yo creo que fuimos los primeros en A Coruña, y seguramente también en Galicia", asegura.

Antes de convertirse en parrillada brasileña, el local fue la conocida cafetería El Linar. Con el tiempo, el espacio fue transformándose hasta convertirse en lo que es hoy: restaurante y hostal, ambos gestionados por la misma familia. Muy bien pensado. Si uno se pasa con la picaña, siempre puede cogerse una habitación al lado y reposar la comida.

Los inicios no fueron fáciles, pero la ciudad respondió. Coincidieron, además, con los años del Súper Dépor, que, seguramente animados por Bebeto, los escogían para sus comidas de equipo: "Venían jugadores, la gente se hacía fotos…". 

Distintos cortes de carne

La especialidad de la casa es la Parrillada Rodicio, con ocho tipos de carne, guarniciones y sin límite de cantidad. La picaña es la más demandada, pero lo que realmente distingue el churrasco gallego de un rodizio brasileño son los acompañamientos: plátano maduro frito, piña a la parrilla, alubias negras con arroz —al estilo de la feijoada—, farofa de yuca con bacon y cebolla, además de ensaladas, patatas y arroz.

El funcionamiento es tan sencillo como contundente. Los camareros van pasando por las mesas con los distintos cortes y sirven al momento, uno tras otro, hasta que el cliente dice basta. Algunos lo prueban todo; otros van directos a lo seguro: la picaña o la costilla.

Abierto desde primera hora para los cafés y activo durante prácticamente todo el día —salvo los lunes—, el Rodicio es también un punto de encuentro para tomar una caipiriña por la noche. El local se reformó hace unos diez años, aunque mantiene detalles que recuerdan sus orígenes, con fotografías antiguas de A Coruña y de Río de Janeiro.

Treinta y un años después, el Rodicio sigue fiel a la misma idea con la que abrió: carne sin límite, trato cercano y un pedazo de Brasil instalado en el centro de A Coruña.