José Gil, gallego emigrado a Suiza.

José Gil, gallego emigrado a Suiza. Cedida

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José Gil, emigrante gallego desde hace más de 50 años: "Sin Suiza no sería lo mismo que soy"

Natural de Arbo, llegó al país en 1972 y preside la asociación 'As Xeitosiñas'

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Si tradicionalmente se habla de Argentina, y más concretamente Buenos Aires, como la quinta provincia gallega debido al gran número de gallegos emigrados a este país, si el foco se pone en Europa, Suiza sería el país que ostentaría este título. La ola migratoria que comenzó en los años 60 nunca cesó y más de medio siglo después esta es la nación europea con mayor número de gallegos, unos 41.000 este mismo año según el INE. José Gil es uno de ellos.

Con una memoria envidiable a sus 77 años, recuerda que llegó al país el "7 de abril de 1972. Fixen 54 anos o pasado abril".

Natural de Arbo, antes había vivido ya en Pontevedra, en Barcelona o en A Coruña, donde hizo el servicio militar. Por eso considera que su historia como emigrante comenzó antes: "Eu emigrei o 3 de febreiro do 63, cando abandonei o meu pueblo".

El destino cruzó a Suiza en su camino como a otros miles de gallegos al principio de la década de los 70, en una época en la que era habitual que se organizasen expediciones migratorias al país desde Galicia.

La odisea para llegar a Ginebra

"Un señor que veu de volta do Brasil díxome que había unha expedición da migración para Suiza desde Vigo. Fomos ao hotel Bahía e había unhas 400 persoas cuns señores de Madrid que regulaban a emigración", rememora. Para acabar de convencerles les enseñaban vídeos promocionales de las montañas del país.

Para despejar sus dudas, el mismo gallego que había vuelto de Brasil terminó por ayudarle a tomar la decisión. "Díxome que fora para alá, porque é un país marabilloso. E se non me gustaba, que dera a volta e xa está". Cinco décadas después, sigue viviendo en Suiza.

Era el mes de marzo del 72 cuando "fun a Vigo a coller o tren e fumos ata Irún e Hendaya. Aínda tiñamos tren de carbón en Galicia, apenas había avión".

Eu só miraba para atrás a ver se o tren marchaba de volta

José Gil, gallego inmigrante en Suiza

Esta "odisea" le llevó hasta Irún, donde había gente esperando para organizar a los inmigrantes: "Gritaban, 'Os de Suiza, por aquí', 'Os de Alemania, por aquí'... Eu só miraba para atrás a ver se o tren marchaba de volta".

Finalmente se subió al tren con destino a Ginebra, donde le dieron su pasaporte y el contrato de trabajo. Una vez en la ciudad, "subíronnos en autobuses de dous pisos e arriba nos facían a todos unha placa, como un recoñecemento médico. Tres enviáronnos para atrás, de volta".

El gallego y el resto recibieron "un plátano, unha laranxa e cinco francos na man".

En Suiza, los inmigrantes vivían "en barracas de madeira, como as casas prefabricadas de agora. A veces usamos a palabra barraca como ofensiva, pero tiñamos calefacción, auga, habitación para cada un e unha cociña comunitaria. Vivíamos alí 100 homes".

Después de una temporada trabajando allí regresó a Galicia, donde se compró un 600, ayudó a su madre en el campo y planeó mudarse a Barcelona.

"Pero me chegou o contrato, por un franquiño máis á hora. E volvín para acá", cuenta. Para lograr la residencia, tuvo que volver a Suiza durante cinco años, con contratos de nueve meses cada año, para sumar un total de 45 y obtener el permiso.

En aquella época fue pintor, gruista o conductor de un autobús del personal.

Un matrimonio gallego casado hace 50 años en Suiza

También fue entonces cuando conoció a la que sería su mujer, gallega como él y natural de Ourense, que había emigrado junto a su madre a los 17 años.

Este año ambos celebran sus bodas de oro, después de 50 años casados que esperan poder celebrar en Arbo, "se Deus nos deixa".

Teño papeles de persoas ás que lles teño prestado cartos para volver a casa porque non teñen. Colgan vídeos en redes que é todo mentira

José Gil, gallego inmigrante en Suiza

Ella trabajaba en hostelería, en un negocio de unos dueños de unas fábricas. José, con experiencia también como camarero, comenzó a trabajar para ellos en Zurich por sus buenas condiciones.

Su siguiente trabajo, coincidiendo con la importación de computers, fue con IBM. El siguiente fue ya en el sector de la banca, en UBS, donde estuvo unos 29 años.

La vida siguió y aquí "tiven dous filliños e agora tres netos, dous grandes e unha pequeniña", cuenta con emoción José.

Durante años la morriña estaba presente y "houbo intentos de querer volver. Nunca marchei, pero había ideas de querer volver", reconoce. La niña fue uno de los motivos para quedarse en el país: "Houbo que dicirlle que non se preocupara, que non marchábamos e que ela aproveitara os estudos. E nada, aquí nos quedamos".

Ahora, su hija es directora de la Fiscalía de menores del cantón de Aargau.

Generaciones de cultura y asociación gallega

La siguiente generación, la de sus nietos, es suiza de nacimiento pero gallega de cultura.

"Un dos netos é gaiteiro e unha nena é pandeireteira", presume orgulloso, señalando también que "falan galego perfectamente, coma min" pese a que entre ellos y sus amigos se comunican en alemán.

Parte de este fenómeno se explica por el labor que José Gil llevó a cabo en el movimiento asociativo entre trabajadores y gallegos en Suiza.

Nunca marchei, pero había ideas de querer volver a Galicia

José Gil, gallego inmigrante en Suiza

"Éramos unha cantidade enorme de temporeiros", rememora, citando luchas como la recuperación de los fondos de pensiones para los inmigrantes —de las que todavía hace charlas informativas hoy en día—, el momento en el que Suiza se anexionó a la Unión Europea en 1992 o la creación de As Xeitosiñas, que preside desde 1989.

José lamenta que ahora las asociaciones ahora son "malas", no como hace décadas, en una época "fabulosa, porque eramos todos galegos de orixe e levábamolo na alma. As Xeitosiñas son fillas daquela emigración, que viña cun contrato de traballo sen dereito á reagrupación familiar".

Este gallego, que fue presidente de la promoción de la cultura gallega en Zúrich antes de su dimisión en 1983, explica que el germen asociativo fue en aquellos años, cuando comenzaron a organizarse citas con música y otros elementos de la cultura de Galicia.

José nunca ha perdido la conexión con su tierra y, aprovechando los avances en las conexiones, cuenta que ahora no se pierde la Fiesta de la Lamprea de Arbo: "Collemos o avión o venres á noite e volvemos o domingo á noite".

A kilómetros de distancia, tanto con el trabajo asociativo como a nivel económico, recuerda que "axudamos moito a crecer esa Galicia".

Las oportunidades de la emigración

Desde los años 70, tanto España como Galicia han pasado por un "cambio abismal", pero también ha sido muy pronunciado el cambio en la emigración a Suiza.

"Vivín moi de preto toda a emigración. Agora, que me doe a alma, teño aínda papeles dalgunhas persoas ás que lles teño prestado cartos para volver a casa porque non teñen. Colgan vídeos en redes que é todo mentira", denuncia.

José GIl, gallego emigrado a Suiza.

José GIl, gallego emigrado a Suiza. Cedida

Antes, "cando eu viña, unha empresa facíase responsable de min. Dábame un contrato de traballo, un sueldo e unha barraca para vivir nela e mesmo adiantos para enviar a casa. Despois dun tempo, tiñas o permiso e xa podías quedar no país. Agora non. Agora chegas e hai unha empresa temporeira, danche traballo, pero non todo o mes. Non che dan casa. Viven por alí como poden, ata cinco persoas nun pisiño cun solo baño e ducha e o pasan moi mal", lamenta.

Haciendo una comparativa con España, reclama que "sexa a persoa que da traballo a que pida os papeles". En Suiza, este mismo mes se llevó a cabo un referéndum sobre la posibilidad de frenar la inmigración que finalmente fue rechazado.

Lejos quedó ya esa inmigración reglada que le dio oportunidades a José.

"Suiza sen min tería sido a mesma Suiza. Eu sen Suiza non sería o mesmo que son. Niguén me regalou nada; os suizos fixeron os reloxos e eu fixen as horas, pero grazas a Suiza eu puiden desenvolverme e facer o que fixen e dedicarme a tantísimas cousas", resume.