Casa del Ratón Pérez en Vilalba (Lugo)

Casa del Ratón Pérez en Vilalba (Lugo) Cedida

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La Casa del Ratón Pérez se esconde en Vilalba (Lugo): así es el santuario gallego de los ratones

Begoña suma una colección de hasta 500 figuras de este característico roedor

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Begoña ha convertido su hogar en un santuario para ratones. Con una colección que supera las 500 figuras, tiene roedores de todos los tamaños y colores. Entre todos, suman más profesiones que la mismísima Barbie. Y es que esta vecina de Vilalba (Lugo) esconde un rincón único en el jardín de su casa donde los monigotes viven en armonía. Sin embargo, hay uno que destaca por encima de todos: el Ratón Pérez. Y no es un secreto para nadie en su localidad, pues Begoña ha creado una casa que, poco a poco, ha logrado convertirse en una pequeña joya que atrae a curiosos de todas partes de la comunidad.

Para quién que se pregunte donde está la casa del guardián de los dientes gallego, su guarida se esconde en la casa de Begoña. Su ubicación es desconocida para proteger la intimidad del roedor y de la familia que lo acoge, pero el Instagram del personaje está abierto a solicitudes para los que quieran dar con su paradero.

Aunque el afán de la lucense por los roedores no se sabe muy bien de dónde viene, lo que sí recuerda es la primera vez que sintió la ilusión por compartir su arte. "En el paseo hacia la playa había un castaño centenario que tenía un agujero. Mi madre decía que lo había provocado un tractor al chocar. Con el tiempo se fue haciendo más profundo, y un día decidí montar ahí una primera casa para el Ratón Pérez", explica. 

Begoña lo llevó en secreto. "No sé muy bien porqué, pero así lo decidí", confiesa. Desde su casa observaba cómo la gente se paraba a cotillear la casa del Ratón. "Solo veía los culos de la gente agachados para ver qué había dentro. Me hacía mucha ilusión", explica. Pronto llegó a oídos de gente de diferentes puntos de Galicia, que se pasaban por ahí solo para visitar la casa del guardián de los dientes de leche. 

El problema vino cuando la gente empezó a vandalizar su obra. "Meaban en el árbol, robaban las figuras o la ropa que llevaban puesta", explica. Todo lo que había en ese rincón lo había hecho ella: los muñecos con lana cardada y la ropa tejida a mano. Por ello, era muy doloroso para Begoña ver como destruían su creación. 

Casa del Ratón Pérez en Vilalba.

Casa del Ratón Pérez en Vilalba. Cedida

Frente a esta situación, la artista tomó la decisión de trasladar su arte a un lugar más seguro, un jardín privado donde podía continuar con su proyecto sin miedo a lo que pudiera pasar, aunque eso supusiera perder el anonimato. "Así que, trasladamos la casa a la finca. Ahora tiene su casita, antes era un árbol", cuenta.

Este nuevo espacio, en su finca particular, le permitió expandir la imaginación. No solo construyó la casa del Ratón Pérez, sino que también incluyó a otros roedores célebres como Gerónimo Stilton y Ratatouille. Su jardín se convirtió en un santuario de figuras, escenas, y un sinfín de pequeñas historias que los visitantes pueden visitar en Vilalba.

Un arte que enamora a Luiz Zahera

Lo que comenzó como una simple atracción local, pronto se convirtió en un fenómeno que trascendió Vilalba. Begoña creó un pequeño "museo" de ratones que hasta alcanzó la fama en los medios de comunicación. "Vino la Televisión de Galicia y grabó a Luis Zahera junto a la casita. Yo soy anti todo esto, no me gusta mucho que me saquen en la tele", confiesa.

"Nosotros hacemos todo de forma altruista. A veces la gente trae cartas y dibujitos de los niños. He de tener unas 2.000 cartas, todas con ilustraciones muy bonitas", dice con orgullo. Y es que todas esas cartas las responde y las envía de vuelta por correo postal. "El cartero un día me dijo: '¡Qué difícil es ser Ratón!'", ríe Begoña.

La colección sigue creciendo

"Cuando voy a viajar, siempre me traigo algo de ratones", asegura. Este año, por ejemplo, trajo recuerdos de Alsacia, concretamente ratones que encontró en el mercado. "Cada vez que viajo, traigo algo nuevo. El año pasado fui a Colmar, y volví con una maleta enorme llena de ratones", dice Begoña entre risas. Además, en ocasiones ha recibido paquetes anónimos con pequeños roedores, una de las tantas muestras de cariño que la gente le envía.

El verdadero espíritu de la casa del Ratón Pérez es la generosidad. "No cobramos nada por la entrada, lo que damos es gratis", asegura. Aunque algunos puedan pensar que hay un precio por ver el museo, Begoña no está interesada en el lucro. "El valor está en la sonrisa de los niños, en el agradecimiento de la gente", comenta con humildad.