Jesús Suárez

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Opinión

Macame Dopazo, una de las mejores CIO de España según Forbes: el reconocimiento a toda una trayectoria

Un texto del comunicador Jesús Suárez

Publicada

Hace unos días Forbes reconocía a María del Carmen Dopazo como una de las mejores CIO de España.

Cuando leí la noticia sentí alegría. Mucha. Pero sobre todo sentí que se hacía justicia.

Porque hay reconocimientos que sorprenden y otros que simplemente llegan cuando les toca llegar.

Este es uno de ellos.

Trabajé con Macame durante catorce años en Hijos de Rivera. Compartimos proyectos, éxitos, problemas, alegrías, preocupaciones y también unas cuantas discusiones. Bastantes más de las que probablemente la gente imagine.

Discutimos sobre tecnología.

Sobre prioridades.

Sobre estrategias.

Sobre formas de abordar determinados proyectos.

Sobre decisiones importantes para el presente y el futuro de la compañía.

Hubo momentos en los que no compartíamos criterios.

Momentos en los que nuestras opiniones chocaban.

Momentos en los que ninguno estaba dispuesto a dar un paso atrás.

Y precisamente por eso creo que estas palabras tienen valor.

Porque admirar a alguien que siempre piensa como tú es fácil.

Lo difícil es reconocer el valor de una persona cuando te ha llevado la contraria, cuando te ha obligado a defender tus argumentos y cuando ha sido capaz de sostener sus ideas con la misma convicción con la que tú sostenías las tuyas.

Y aun así, durante todos esos años, hubo algo sobre lo que jamás tuve una duda.

Su capacidad de trabajo.

Jamás.

Ni una sola vez.

Porque si algo define a Macame es el compromiso.

Las horas.

La dedicación.

La responsabilidad.

La capacidad para asumir problemas que muchas veces nadie veía.

La voluntad de empujar cuando las cosas se complicaban.

La perseverancia para seguir adelante cuando otros ya estaban pensando en detenerse.

Muchas veces la gente ve el premio.

Ve el reconocimiento.

Ve la fotografía.

Ve el titular.

Lo que no ve son las reuniones interminables.

Los problemas inesperados.

Las decisiones difíciles.

La presión.

La responsabilidad.

Los momentos en los que hay que tomar decisiones que afectan a equipos completos y, en muchos casos, al futuro de una organización.

Durante años vi a Macame asumir todo eso con naturalidad.

Y también vi cómo un grupo extraordinario de profesionales ayudaba a construir algo que hoy parece normal, pero que durante mucho tiempo fue un desafío enorme: convertir a Hijos de Rivera en una referencia tecnológica.

Mucho antes de que la transformación digital estuviera de moda.

Mucho antes de que todo el mundo hablara de inteligencia artificial.

Mucho antes de que la innovación se convirtiera en una palabra imprescindible en cualquier discurso empresarial.

Había personas trabajando.

Construyendo.

Aprendiendo.

Equivocándose.

Corrigiendo.

Volviendo a empezar.

Superando barreras.

Sacando adelante proyectos que parecían imposibles.

Y dejando una huella que hoy forma parte de la historia de la compañía.

Por eso estoy convencido de que Macame será la primera en decir que este reconocimiento nunca habría sido posible sin todas las personas que caminaron a su lado.

Porque los grandes logros nunca son individuales.

Nunca.

Detrás de cualquier éxito hay equipos.

Hay compañeros.

Hay profesionales que se dejan la piel cada día.

Y tuve la enorme suerte de compartir camino con muchos de ellos dentro del departamento de tecnología de Hijos de Rivera.

Personas brillantes.

Personas comprometidas.

Personas que ayudaron a transformar una visión en una realidad.

Por eso este premio tiene nombre propio, pero también tiene mucho de reconocimiento colectivo.

Porque detrás del nombre de María del Carmen Dopazo hay cientos de proyectos.

Miles de horas de trabajo.

Y un equipo extraordinario que contribuyó decisivamente a convertir a Hijos de Rivera en un ejemplo tecnológico dentro y fuera de nuestro país.

Pero si me preguntan qué recuerdo con más cariño, no me quedo con ningún proyecto.

Ni con ningún sistema.

Ni con ningún éxito empresarial.

Me quedo con lo que ocurría después.

Después de las discusiones.

Después de los desacuerdos.

Después de defender cada uno nuestras posiciones con toda la intensidad del mundo.

Siempre llegaba el momento de recordar que perseguíamos el mismo objetivo.

Que las diferencias eran profesionales.

Que el respeto seguía intacto.

Y entonces llegaba un abrazo.

Y una Estrella Galicia.

Y la satisfacción de haber superado juntos otro reto más.

Por eso me alegra especialmente este reconocimiento.

Porque no premia un momento concreto.

Premia una trayectoria.

No premia un cargo.

Premia una forma de entender el trabajo.

No premia un éxito puntual.

Premia años de esfuerzo, sacrificio, compromiso, liderazgo y dedicación.

Forbes acaba de reconocer a una de las mejores CIO de España.

Quienes tuvimos la suerte de compartir parte del camino con ella sabemos que ese reconocimiento no nace de un día, ni de un proyecto, ni de una decisión.

Nace de toda una vida profesional construida a base de trabajo.

Y eso, más que un premio, es un legado.