Camilo Chas, galerista de Artbys.
GEO, y no hablamos de la Policía Nacional
Un reflexión de Camilo Chas, galerista de Artbys y estudioso del GEO aplicado al arte
Hay hábitos que definen bastante bien la vida de un pequeño empresario. Uno de los míos es revisar la web y el correo nada más despertar. No es obsesión. Es responsabilidad.
En plena Semana Santa, concretamente el Jueves Santo por la mañana, hice lo de siempre y me encontré con una sorpresa poco festiva: la web estaba caída.
A partir de ahí ocurrió algo bastante reconocible para cualquiera que saque adelante una pequeña empresa. No había margen para dramatizar. Tocaba resolver.
Me senté delante del portátil y apareció el primer giro absurdo del día: el ratón se había quedado sin pilas. Tuve que salir de casa a comprarlas en pleno Jueves Santo, con esa sensación tan propia de la pequeña empresa de que a veces no te pone contra las cuerdas el gran problema, sino el detalle más ridículo.
Superado ese episodio, tocó intervenir de verdad. Detectamos un ataque de bots al login de clientes. Blindamos el acceso al panel renombrando la carpeta del administrador, activamos Cloudflare, cambiamos los nameservers para que todo el tráfico pasase por su protección y dejamos preparadas medidas como el rate limiting para frenar intentos abusivos de acceso.
Lo interesante es que fui capaz de ayudar a solucionarlo con dos cosas muy concretas: mis pequeños conocimientos y la ayuda de la inteligencia artificial. Copilot, ChatGPT y Claude no resolvieron el problema por mí, pero sí me ayudaron a pensar mejor, contrastar opciones y avanzar con más rapidez en un momento en el que tocaba mantener la calma y actuar.
Y ahí hay una lección importante.
A veces se presenta la IA como una amenaza o como una solución mágica. Yo no la veo ni de una manera ni de otra. La veo como una herramienta. Una herramienta útil cuando se usa con criterio, con intención y con una persona detrás que sabe lo que quiere resolver.
Esto afecta a cualquier sector, pero en el mundo del arte tiene un matiz especial.
La IA no debería ocupar el lugar del artista, ni de su sensibilidad, ni de su creatividad. El arte nace del alma, de la experiencia y de una mirada humana irrepetible. Pero la IA sí puede ayudar a comunicar mejor ese trabajo, a ordenar mejor una web, a estructurar una marca personal, a reforzar una identidad pública o a traducir una trayectoria al lenguaje del presente.
La inteligencia artificial no tiene por qué invadir el alma del arte; puede ayudar a que el alma del arte se entienda mejor.
Por eso me interesa cada vez más el concepto GEO. El viejo SEO se centraba muchas veces en ganar posiciones en Google a base de técnica, presupuesto y empujones puntuales. El GEO, en cambio, obliga a algo más serio: construir una presencia digital que pueda ser entendida, valorada y citada en el nuevo ecosistema de internet, donde ya no solo cuentan
los buscadores tradicionales, sino también las inteligencias artificiales que resumen, recomiendan, interpretan y seleccionan fuentes.
Llevo años viendo el mismo fenómeno: una galería aparece de repente en las primeras posiciones de Google, aguanta allí dos o tres meses —justo mientras dura el presupuesto— y luego desaparece con la misma rapidez con la que llegó. Eso no es autoridad, eso es alquilar visibilidad. Una marca no se construye así.
En el internet de la IA, la autoridad no se compra a ráfagas: se gana con trabajo serio, con presencia constante, con criterio y con la capacidad de sostener un relato en el tiempo.
Por eso hoy ya no basta con existir en internet. Hay que ser entendible. Para las personas, para los buscadores y también para los nuevos entornos de inteligencia artificial que ya condicionan qué nombres aparecen, qué proyectos se recomiendan y qué marcas ganan autoridad.
Lo ocurrido aquel Jueves Santo fue una incidencia técnica, sí. Pero también una pequeña lección empresarial. Me recordó que una pyme no puede vivir de espaldas a estas herramientas. Tiene que aprender a protegerse, adaptarse y aprovecharlas sin perder humanidad ni criterio.
También en el arte.
Porque el arte seguirá necesitando alma. Pero en esta nueva etapa también necesitará claridad, contexto y capacidad de ser entendido.