Isabel, de Frutas y Verduras Isabel, en el barrio de Os Mallos (A Coruña)

Isabel, de Frutas y Verduras Isabel, en el barrio de Os Mallos (A Coruña) Quincemil

Ofrecido por:

Comercio

Comercios de A Coruña que cierran por las tardes en verano: "Es una manera de coger vacaciones sin bajar la persiana"

Cada vez más negocios adaptan su horario durante los meses estivales para afrontar la caída de clientes, el cansancio acumulado o las altas temperaturas sin renunciar a mantener la actividad

Te puede interesar: La ferretería de A Gaiteira, en A Coruña, que sigue abierta 60 años después: "Aquí tienes que saber un poco de todo"

Publicada

Con la llegada del verano, numerosos comercios de A Coruña cambian su rutina. Donde durante el resto del año permanecen abiertos mañana y tarde, entre junio y septiembre no es raro encontrar carteles anunciando un horario exclusivamente matinal. Detrás de esta decisión hay motivos que van mucho más allá del calor: menos clientes, jornadas laborales muy largas, mercancía perecedera o, simplemente, la necesidad de conciliar sin tener que cerrar el negocio durante semanas.

Para muchos pequeños comerciantes, el horario de verano se ha convertido en una fórmula para seguir trabajando sin renunciar a descansar unas horas al día. En algunos casos lleva implantado desde hace años y, lejos de ser una medida excepcional, ya forma parte de la identidad del negocio.

En la Frutería Susy, situada en la zona de Riazor, David resume la filosofía con una frase que explica perfectamente este cambio: “Es una manera de coger vacaciones sin bajar la persiana. Para mí las vacaciones significan no trabajar por las tardes”.

Aunque reconoce que "siempre hay personas que se quejan", asegura que la mayoría de la clientela acepta bien el cambio. “Muchos suelen hacerme los pedidos y yo, al cerrar, se los llevo a casa”, explica.

Menos clientes y jornadas maratonianas

En otros negocios, el principal motivo es la disminución de la actividad durante los meses estivales. Es el caso de Frutas y Verduras Isabel, en Os Mallos, donde Isabel recuerda que la decisión nació tras años de comprobar que las tardes dejaban de tener sentido.

"Principalmente, decidimos implantar el horario de verano porque durante todo el año vamos acumulando cansancio. Nos levantamos muy temprano, vamos al mercado a las seis de la mañana y tenemos que tener todo montado antes de las nueve", relata.

A esas largas jornadas se suma un cambio importante en los hábitos del barrio. "Tenemos el negocio en un barrio donde mucha gente tiene aldea. En verano suelen irse allí. Hay mucho jubilado y la mayor parte de nuestra clientela lo es. Casi se despiden en mayo o junio y no vuelven hasta septiembre; algunos, incluso, hasta octubre", explica.

También desaparecen muchas familias cuando terminan las clases escolares. "En verano queda medio desierto", resume.

La consecuencia era clara: "Llegábamos por la tarde y estábamos de brazos cruzados hasta la hora de cierre. Y, precisamente cuando cerrábamos, venía toda la gente de la playa preguntando si estábamos cerrando. Llegó un momento en que pensamos que eso no podía ser".

Descansar sin perder clientela

Además del descenso de ventas, ambos comerciantes coinciden en otro factor: la necesidad de reducir el desgaste tras muchos años al frente del negocio.

"Estábamos dejando de vivir, ya tenemos una edad y los hijos criados, así que no teníamos por qué seguir matándonos de esa manera", afirma Isabel. Por eso decidieron cerrar las tardes "simplemente por cansancio y agotamiento, y también porque las ventas por la tarde habían bajado mucho".

Lejos de provocar un rechazo entre la clientela, asegura que el nuevo horario está completamente normalizado. "Los clientes se han acostumbrado al cambio de horario. Llevamos ya unos años haciéndolo y lo tienen asumido. Cuando llega junio ya nos preguntan cuándo empezamos a cerrar por las tardes", comenta. Incluso señala que "sobre todo la gente joven lo entiende más".

David comparte esa percepción y sostiene que la medida no ha supuesto un problema para mantener a sus compradores habituales. Además, asegura que su negocio depende en buena medida del colegio situado junto a la frutería y que, como en verano está vacío, "no compensa tener abierto el local todo el día”. Eso sí, reconoce que la situación cambia según la ubicación. “Mi mujer, por ejemplo, tiene un negocio en Arteixo y no cierra, porque tiene tanta gente por la tarde como por la mañana".

En el caso de las fruterías, el horario de verano tiene además una ventaja añadida: preservar mejor la mercancía.

"Tenemos mercancía perecedera y la mayor parte de nuestros productos son frutas. La fruta de verano se estropea muchísimo. Tenerla toda la tarde a temperatura ambiente hace que se eche a perder antes", explica Isabel.

Guardar el género en la cámara frigorífica nada más terminar la jornada permite reducir ese deterioro. "La fruta no recupera lo que ya ha perdido, pero, al menos, no va a más", añade.

Un horario que ha llegado para quedarse

Después de años funcionando con este sistema, ninguno de los dos comerciantes se plantea dar marcha atrás.

"Yo ya tengo este horario estival implantado desde hace años, me funciona bien y no pienso cambiarlo", asegura David.

En Os Mallos incluso estudian ir un paso más allá. "Estamos pensando que durante el resto del año también podríamos cerrar una tarde a la semana, por ejemplo un martes o un miércoles, el día que veamos que es más flojo" explica Isabel.

La intención no sería aumentar las vacaciones, sino ganar tiempo para la vida diaria. "Sería para poder hacer cosas juntos, descansar y tener tiempo para gestiones. Llegamos a casa de noche y muy cansados, y así resulta difícil hacer cualquier otra cosa", concluye.