Loli en la Charcutería Loli del mercado de Elviña
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Loli, la primera placera del mercado de Elviña en A Coruña: "Antes venían los abuelos y ahora vienen también los nietos"
Sigue al frente de su charcutería 50 años después, coincidiendo con el 20 aniversario del edificio actual del mercado
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Cada mañana, desde hace medio siglo, Loli asiste a su charcutería en el mercado de Elviña. Lo lleva haciendo desde el 30 de mayo de 1976, mucho antes de que se construyera el edificio actual.
Por aquel entonces, explica Loli, alrededor del mercado "no había prácticamente nada". Aun así, el movimiento ya empezaba a crecer gracias a los vecinos del polígono y de las zonas cercanas.
Cincuenta años después, Loli sigue detrás del mostrador de Charcutería Loli. Y lo hace justo cuando el edificio moderno del mercado cumple este 26 de mayo dos décadas desde su inauguración.
Loli vivió en primera persona el traslado al nuevo edificio, un cambio importante que todavía analiza con una mezcla de reconocimiento y nostalgia.
"El mercado actual y el original no tienen nada que ver", afirma. Reconoce que las instalaciones modernas son mejores en muchos aspectos, pero sigue pensando que el diseño perdió parte de la comodidad del antiguo mercado.
"Yo fui una de las que en su momento protestó para que el nuevo mercado no tuviera más de una planta", explica. En su opinión, el modelo actual dificulta especialmente las compras de muchas personas mayores. "Antes el cliente entraba y lo tenía todo a mano, pero ahora mucha gente mayor entra, pregunta por un producto, y si resulta que está en la segunda planta, ya deciden no subir".
También echa de menos algunos elementos estéticos del antiguo edificio, especialmente las persianas metálicas tradicionales de los puestos, sustituidas hoy por lonas más funcionales pero menos personales.
Solo cierro la charcutería cuando me voy de vacaciones
Loli, de Charcutería Loli
Pese a ello, insiste en que no habla desde la queja permanente. "Las nuevas instalaciones están muy bien, aunque podrían estar mucho mejor si fueran una sola planta".
Durante todos estos años, Loli apenas se ha separado del negocio y tampoco piensa jubilarse a corto plazo. "Esto es lo que me gusta, estoy muy contenta. Solo cierro la charcutería cuando me voy de vacaciones", reconoce.
En un momento en el que gran parte del consumo se desplaza hacia supermercados o compras rápidas online, Loli cree que los mercados tradicionales todavía conservan algo imposible de replicar.
"No es lo mismo una charcutería de un supermercado que una de un mercado tradicional", sostiene. Para ella, la diferencia está sobre todo en el trato. "Aquí el cliente recibe una atención mucho más cercana y procuras buscarle el mejor producto para que se quede satisfecho y quiera volver".
Loli considera que, en esencia, ser placera sigue siendo muy parecido a hace cincuenta años. Admite que actualmente hay algo menos de clientela, pero siente que el espíritu del mercado apenas cambió.
Placeros del mercado de Elviña
Una clientela que ya es familia
Si hay algo de lo que habla con auténtico orgullo no es del negocio ni de haber sido la primera placera del mercado. Es de sus clientes, quienes le dan "la vida". Loli asegura que generaciones enteras crecieron entrando en su charcutería. "Antes venían los abuelos, luego los padres y ahora vienen también los nietos".
Se trata de una relación construida durante décadas a base de rutina, cercanía y confianza mutua. "Es como si fueran mi familia".
Para Loli, esa fidelidad resume toda una vida detrás del mostrador. "Tienes que dar lo mejor de ti cada día y a veces es agotador, pero el resultado vale la pena".
Y concluye con una reflexión que explica con claridad por qué sigue allí: "Creo que mantener la lealtad de los clientes durante tanto tiempo lo dice todo sobre la calidad de un negocio".