María Elena Piñeiro delante de frascos de perfume en su negocio.

María Elena Piñeiro delante de frascos de perfume en su negocio. Quincemil

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Piñeiro, los olores que se despiden del Agra, en A Coruña: "Me voy contentísima con todo el mundo"

María Elena Piñeiro se jubila a finales de mayo y pone fin a un negocio de perfumería donde aún se venden colonias descatalogadas, fragancias del pasado y "de nuestros mayores", que no se encuentran en ningún otro lugar

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Las leyes naturales de la vida dictan que todo lo que empieza en algún momento acaba. Entre el origen y el final puede pasar poco o mucho tiempo, pero a todo le llega la hora de la despedida, que está muy cerca, después de 44 años de actividad, para la perfumería Piñeiro, en el barrio coruñés del Agra do Orzán.

Piñeiro se apellidan él y ella, el matrimonio que abrió este negocio en la calle Fuente Álamo unos años antes de que El Corte Inglés desembarcase en la ciudad, en septiembre de 1986.

En los grandes almacenes comerciales solicitaron ambos un puesto de trabajo, ella mientras preparaba oposiciones de Filología Románica. El elegido fue él, para la sección de perfumería, y ella, María Elena Piñeiro, dejó de estudiar y se quedó en la tienda, siempre sola.

Hasta el día de hoy. Con 68 años, llega la jubilación. El cierre estaba previsto para comienzos de mayo, el lunes 4, pero se pospone a finales de mes. La emoción supera a esta mujer solo con ver aproximarse la fecha del adiós, también al recordar anécdotas con clientes, incluso cuando pulsa el pulverizador de algún perfume o colonia y en el lugar flotan olores de otro tiempo.

Frascos de las clásicas colonias Floïd y Varon Dandy.

Frascos de las clásicas colonias Floïd y Varon Dandy. Quincemil

"Esta ha sido mi segunda casa. Para mí esto no es un trabajo porque he disfrutado atendiendo al público con cariño, ganando experiencia yo misma, diseñando el escaparate, apuntándome a cursos relacionados con comercio... Me marcho contentísima con todo el mundo", confiesa María Elena.

Olores clásicos

En Piñeiro, donde además de perfumes se vende aún cosmética y artículos de regalo (bolsos, gafas, chales, bufandas, neceseres), no huele a una fragancia por encima de otra, tampoco a una mezcla de varias. Los olores están guardados en frascos, muchos que ya no se distribuyen ni se encuentran en otras tiendas. Pero cuando se sueltan unas gotas en el ambiente huele a la nostalgia del pasado.

Piñeiro ha sido "de olores clásicos": La Maja, Chapé, Varon Dandy, Floïd. Aún vende cajas con colonias y aguas de masaje de estas marcas. "Traía los olores nuevos que demandaba la gente, pero tenía algo distinto a los demás: los olores de siempre, los que usaban nuestros mayores, y que se siguen vendiendo porque recuerdan a los padres o abuelos y los pide el cliente".

Escaparate de la perfumería Piñeiro en al Agra do Orzán.

Escaparate de la perfumería Piñeiro en al Agra do Orzán. Quincemil

"Sin estos perfumes, no habría sobrevivido a Arenal", admite la propietaria de Piñeiro, que hacía provisión de marcas antiguas o que se iban a descatalogar: "Cuando los demás ya no las tenían, yo las seguía vendiendo". Olores fuertes, picantes, a madera penetrante, "totalmente distintos a los de ahora".

"No tendré ningún mal recuerdo de este lugar", asegura María Elena, que trata de controlar su emoción incluso al recordar un par de episodios que le hicieron pasar un mal rato: aquella señora a la que accidentalmente le cayó en la ropa esmalte rojo; aquel chico al que un frasco de colonia resbaladizo le estropeó el traje.

"Me emociono porque me da pena irme. Estoy muy agradecida a todos. Ahora lo que venga, vendrá". El bajo de Fuente Álamo quedará vacío, creará un pequeño vacío en el Agra.