Paul Jorgensen posa para Quincemil en un entrenamiento complementario.

Paul Jorgensen posa para Quincemil en un entrenamiento complementario. Quincemil.

Basquet Coruña

Paul Jorgensen, 24 horas pensando en baloncesto y una confesión: "En A Coruña a la gente le importas de verdad"

El escolta del Leyma Coruña comparte su rutina en el día internacional del baloncesto, su pasión desde niño y su profesión

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No es sencillo conseguir tus sueños. Muchas rutinas conviven atrapadas con una realidad muy alejada a la que planteamos cuando uno levantaba dos palmos del suelo y soñaba lo que quería ser de mayor.

No es el caso de Paul Jorgensen, jugador de Leyma Coruña. Desde pequeño, visualizaba poder dedicarse al baloncesto profesional y, gracias a una gran capacidad de trabajo, ha logrado hacer de ese deseo su realidad, ahora en la ciudad donde nadie es forastero.

Jorgensen aterrizó en el equipo naranja este mes de julio, procedente de Fuenlabrada. Escolta de 1,88 de altura, nació en New York. Con un carácter afable, rápidamente ha sabido ganarse a la afición y a sus compañeros, donde todos han llegado por primera vez para ocupar el vestuario local del Coliseum.

Antes de entrenar: "Buenos días, que tengas un buen día"

Ser jugador profesional de baloncesto no es solo tirar a canasta. Detrás, hay una larga rutina que se inicia con el toque del despertador. A las 8:30, puntual como un reloj, ya suena. Incluso en un 21 de diciembre, el día internacional del baloncesto, es innegociable. Salvo días puntuales.

Antes incluso de pensar en entrenamientos o partidos, lo primero es un mensaje sencillo y constante: "Buenos días, que tengas un buen día". Es para su novia, un pequeño ritual que marca el inicio de una jornada medida al milímetro, tanto en lo físico como en lo mental. Ella reside en Madrid por cuestiones laborales y, tras poder vivir juntos en su etapa anterior, ahora es media península la que los separa.

"Si entrenamos a las once intento llegar a las diez y media"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

Una vez saludada, toca poner el cuerpo en orden. Rutinas de respiración, estiramientos suaves y concentración, una tarea que le lleva unos treinta minutos con la que prepara el cuerpo y la cabeza para lo que viene.

"Intento pensar en lo que voy a hacer durante el día", explica en conversación con Quincemil.

A continuación, un vaso de agua con creatina y electrolitos y un desayuno que apenas varía: tres huevos, un plátano y un aguacate. A veces, un café. Solo si hace falta un empujón extra porque el día viene cargado, como lo ha sido la última semana de actividad.

El propio entrenamiento

El Coliseum es su segundo hogar, y cuando no, la Polideportiva les acoge con los brazos abiertos. Cuando hay gimnasio a las once, Jorgensen llega media hora antes.

Trabajo individual, bote, técnica, detalles que no siempre se ven, pero que sostienen el rendimiento. Porque el pleno de victorias no es fruto de la casualidad.

"Soy un freak del baloncesto. Yo veo todos los partidos que puedo"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

Luego, una hora de preparación física y, después, pista. Entre una hora y una hora y media de entrenamiento colectivo, que él suele prolongar con más tiros. Repetición, constancia y paciencia, tres claves de su carrera profesional.

Después de entrenar

El regreso a casa no es desconexión, sino parte del proceso. Coge el coche, aunque le está enamorando el sistema de bicis público de la ciudad. La comida la mide, la elige, sencilla y sin artificios: pollo, carne, arroz, patatas, verduras. Todo pensado para rendir.

Paul intenta comer en casa siempre que puede y mantener una dieta que sigue desde hace años.

A veces, cuando el ritmo lo permite, llega el lujo de tomarse una siesta. Una costumbre muy española que él ha interiorizado. Entre media hora y una hora máximo, y luego café, porque la tarde es larga y sus obligaciones no han finalizado.

"Mi novia viene mucho y cuando viene probamos rutinas diferentes"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

Si por la mañana entrenó, por la tarde o la noche vuelve a hacer algo por su cuerpo. Más tiros, piscina, sauna, estiramientos o pilates.

"Siempre intento hacer dos sesiones cada día", explica. No importa dónde ni cómo, pero sí el objetivo: mejorar. Cuidarse. Alargar la carrera, su pasión, lo máximo que pueda. La Casa del Agua lo tiene cautivado.

Los momentos de ocio

Las noches son tranquilas. Cena, sofá y pantallas. Si hay baloncesto, no hay dudas. Ve partidos de todo lo que puede: ACB, Liga portuguesa, griega.

"Soy un freak del básquet", admite entre risas.

"Yo quiero jugar mucho tiempo y estirar mi carrera"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

Si no hay balón, series. Ahora está inmerso con The Walking Dead. Aunque no siempre coincide con los gustos de su novia, que vive en Madrid y le visita con frecuencia.

"Con ella estoy más tranquilo. Me ayuda a desconectar", confiesa.

La gestión de las distancias

La distancia se nota, pero no pesa. A Coruña le ha dado rutinas, calma y espacios propios. El mar le transmite paz. Le gusta ver a la gente correr bajo la lluvia, seguir con su vida sin excusas. "Eso en Madrid no pasaba tanto", recuerda.

A Coruña le ha conquistado por su gente. Por el trato cercano, por las palabras de ánimo en la calle, por sentir que el cariño es real.

"Me encanta Riazor. Me da mucha paz cuando veo el mar, las olas, me pone muy feliz y contento"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

"Aquí se nota que a la gente le importa de verdad", asegura. Quizás por eso, cuando se le pregunta qué es el baloncesto para él, no duda ni un segundo: "Mi vida".

El día después a la retirada

Cuando no piensa en baloncesto, piensa en el futuro. En cómo cuidar su cuerpo para jugar muchos años, en economía, en inversión, en aprender.

"En A Coruña la gente tiene mucho cariño y se nota cuando te pregunta cosas que le importa de verdad"

Paul Jorgensen, Leyma Coruña

Paul estudió Ciencias Políticas en Washington y Marketing en Butler, aunque ahora todo gira en torno a la pista. Más adelante, ya se verá.

"Entrenador, general manager… algo ligado al baloncesto", dice. En España o en Estados Unidos. Donde esté la oportunidad, afirma. Pero todo con relación con la pelota naranja.