Collage. Colegio de las Josefinas a la izquierda-inferior de la calle Juan Flórez

Collage. Colegio de las Josefinas a la izquierda-inferior de la calle Juan Flórez Nuria Prieto

Ofrecido por:

Conoce Coruña

El colegio de las Josefinas (Siervas de San José) de A Coruña

Desaparecido en la década de los ochenta, este austero edificio es una obra de Eduardo Rodríguez-Losada, una de sus primeras obras. Construido a finales de la década de los veinte, es una obra sencilla que perite comprender la transformación de la calle Juan Flórez.

Publicada

La ciudad contemporánea se puede asemejar a una nebulosa. No existe un orden claro y la superposición e interacción de las diferentes capas históricas crean una percepción a veces confusa y otras extrañamente equilibrada. En esa niebla la arquitectura sirve de orientación porque tiene en su génesis la voluntad de permanencia y sobresale como punto de referencia reconocible frente a una atmósfera cambiante. Cuando alguno de ellos desaparece, con él, lo hace un punto de referencia fundamental.

“Escribir no cura, no alivia, no saca de esa niebla, de esa rebaba que es la vida. (…) Un escritor. No es el que se pasa la vida entre palabras, sino el que se pasa la vida buscando atrapar algo que está a la vez dentro y fuera de él y solo se deja atrapar mediante palabras: no, no es exacto, las palabras no lo atrapan, sino que lo revelan” - Rafael Chirbes

La arquitectura no atrapa a quienes habitan la ciudad, sino que les revela su naturaleza. Los arquitectos construyen la ciudad, dan forma con mayor o menor acierto a las necesidades de quienes la habitarán. Cuando un uso decae poco a poco, algunos edificios desaparecen, otros se mantienen modificando su uso o sufriendo alteraciones permanentes. Otras, no es una acción singular, sino que la propia inercia de la ciudad arrolla algunas áreas urbanas. Hay calles que mutan con el paso del tiempo hasta volverse irreconocibles. Al observar una fotografía antigua, la reflexión en torno al paso del tiempo es inevitable. La fotografía se vuelve un reflejo de quien la observa, que no puede evitar comparar su vida con el tiempo que ha transcurrido en la foto. Conocer el año de una imagen tiene como consecuencia el acto reflejo de situado antes o después del propio nacimiento. Y así, de manera inconsciente se produce la integración dentro de la estructura urbana.

Colegio de las Josefinas

Colegio de las Josefinas vía todocolección

Una calle diferente

En A Coruña, algunas calles se han transformado notablemente consecuencia del desarrollo urbano. Una de las más representativas es la Calle Juan Flórez. En esta calle, escala y estética se han transformado siguiendo el pulso de la propia ciudad. El antiguo Camino Nuevo poblado de edificaciones de pequeño tamaño como viviendas unifamiliares, espacios recreativos y algunas fábricas, se transformó incluyendo edificios residenciales y torres de gran altura. Así, la que era una vía periurbana se convirtió en una calle más, una que además reflejaba la modernidad a la que se estaba acercando poco a poco la ciudad. Este conjunto de cambios provocó la desaparición de muchas de las estructuras originales: primero el tejido fabril, después las construcciones de pequeño tamaño y finalmente los espacios de recreo. Algunas de estas obras como la Casa Escudero o parte de la plaza de San Pablo mantuvieron su presencia y se adaptaron al proceso de modernización. Otras desaparecieron rápidamente.

Uno de los edificios desaparecidos de esta calle es el colegio de las Siervas de San José. Situado en el número 70 de la calle Juan Flórez este colegio femenino fue obra de Eduardo Rodríguez-Losada, uno de los arquitectos más prolíficos de la ciudad y que, debido a los años en los que estuvo en activo, fue el responsable de parte de la identidad estéticas de muchas zonas. Construido en torno al año 1928 (aunque la congregación se había asentado en la ciudad diez años antes), este conjunto escolar fue derribado a finales del año 1980. La ubicación del colegio seguía los parámetros conceptuales actuales, es decir, se situaba en una zona periférica al núcleo urbano de tal manera que el centro escolar se pudiese beneficiar de zonas al aire libre y de la naturaleza próxima. Independientemente del tipo de enseñanza proporcionada por el colegio, los espacios abiertos eran necesarios para el esparcimiento de los colegiales y la higiene del edificio. El colegio, fue en su momento uno de los colegios femeninos más populares de la ciudad. Tras su desaparición la congregación se trasladó a un centro benéfico en la calle Violetas, en el Barrio de las Flores y en 2014 abandonaron la ciudad.

Un edificio austero

El edificio fue construido en un austero estilo neogótico, carente de la ornamentación que posteriormente desarrollaría Rodriguez-Losada en su obra, salvo por su última etapa racionalista. El estilo neogótico era habitual en los centros de enseñanza, especialmente en los religiosos, ya que reforzaba la relación directa con la iglesia, al tiempo que proporcionaba una mirada honesta y austera. El edificio estaba formado por un volumen en ‘U’ lo que permitía generar en el interior un patio-jardín protegido para las alumnas. El edificio se presentaba como una construcción muy compacta tan solo perforada por un conjunto de ventanas de pequeñas dimensiones y proporciones casi cuadradas. La posición del edificio se encontraba retranqueada respecto del Camino Nuevo, creando un pequeño espacio de transición hacia el centro protegido por un murete. La fachada principal del colegio era completamente plana, solo reforzada por algunas líneas verticales que funcionaban como columnas impostadas. Este detalle proporcionaba monumentalidad al centro dotándole de rigor, este efecto se veía reforzado por la presencia de un zócalo pétreo que ocupaba toda la primera planta. El edificio se remataba con una cornisa ornamentada con una balaustrada. Esta lógica: zócalo, cuerpo, cornisa, era una estrategia compositiva muy habitual antes de la llegada del racionalismo y que, Rodríguez-Losada utilizó continuamente a lo largo de toda su carrera.

Collage. Colegio de las Josefinas a la izquierda-inferior de la calle Juan Flórez

Collage. Colegio de las Josefinas a la izquierda-inferior de la calle Juan Flórez Nuria Prieto

El edificio, sin embargo, se abría hacia el patio interior mediante una arquería en la planta baja, y galerías abiertas en las plantas superiores. La arquería de la planta baja era sencilla, y producía un fuerte contraste frente a los huecos de fachada que eran austeros y de menor tamaño. Estos huecos situados en la fachada, aunque muy sencillos veían reforzada su presencia mediante la adición de un pequeño arco ojival que los coronaba en la última planta. La construcción del edificio era modesta y sencilla, con revocos pintados. La ornamentación se reducía a las balaustradas y algunos elementos decorativos en la fachada.

El jardín interior del edificio era una composición al modo italiano o francés, que priorizaba el orden y la estética frente a la naturaleza abierta de los jardines ingleses. El jardín incorporaba plantas locales, pero también palmeras, en torno a las cuales se organizaba el conjunto del jardín. También un pequeño huerto. Desde el jardín se podían contemplar los molinos de Santa Margarita, así como el colegio Dequidit que contaba también con un frondoso jardín poblado de árboles.

Las imágenes del edificio muestran una ciudad muy diferente a la actual, en la que apenas algunos elementos singulares como los molinos de Santa Margarita, la casa Alonso o el edificio del Notariado, por entonces ya construidos permiten establecer una orientación fácil. La plaza de toros y otras pequeñas edificaciones desaparecidas crearon un vacío que pronto se rellenó con el crecimiento urbano y el auge de la modernidad.

Enfermedades

La construcción de la ciudad es una actividad orgánica, colectiva y dotada de una inercia que a veces se convierte en imparable. La vida humana empuja la cultura como constructo social, a veces a patadas, otras discretamente, buscando igualarse con la tendencia global que se establece en el mundo, algo que, desde principios del siglo XX es más que imparable debido a la globalización. En ese camino, la ciudad se transforma, algunos edificios desaparecen, otros se construyen.

“La vida humana es ciertamente cosa miserable: la atraviesa como un viento tempestuoso una incontenible avidez de ganancias ¡Ojalá todos los médicos se unieran contra ella para curar un mal que es más grave que la locura, pues lo solemos considerar como una bendición siendo como es una enfermedad y la causa de numerosos males!” - Hipócrates

La mirada pesimista ante un progreso que en su camino destruye parte del pasado parece lo más adecuado y, sin embargo, se convierte en lastre. La destrucción patrimonial no es deseable, ya que este significa la identidad cultural de un tiempo, sin embargo, ciertas transformaciones son necesarias para que el hábitat no se quede congelado en una época que no le corresponde. Vivir un anacronismo crea un hábitat cercano a la enfermedad.