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El edificio Edificio Piñeiro Cabarcos de A Coruña

En la calle Pla y Cancela se encuentra una interesante obra del arquitecto Santiago Rey Pedreira. Construida en 1946, se trata de un edificio común en la ciudad que define una transición de estilos arquitectónicos.

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Los parecidos razonables son una realidad o un entretenimiento al que resulta divertido jugar. Las proporciones de un rostro se pueden asemejar a las de otro y si, además, alguno de sus rasgos característicos como como el color de ojos, pelo o piel con coincidentes, la asociación resulta inevitable. La pareidolia aparece como factor determinante, pero quizás sea la memoria la que determina de forma más consciente esta relación directa. Cuando el parecido razonable aparece entre individuos que no se conocen o que viven alejados entre sí, este se interpreta como una casualidad. Cuando la cercanía entre ellos es mayor, se comienzan a establecer hipótesis. Pero, si este parecido se produce en un objeto inanimado sí se puede trazar una línea de influencia e intercambio. Puede que sea algo sin importancia, pero recordando a Víctor Hugo, la semejanza es algo, en realidad, bastante relevante: “es una cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres”.

“Al final de la Recherche, Proust explica cómo la asociación de ideas que le provoca una piedra en del sendero que se mueve bajo sus pies, la memoria inconsciente que desencadena este accidente banal, le ofrece por fin el argumento literario que tan afanosamente había buscado durante años. Proust, tan culto y refinado, pero tan envidioso de los temas trascendentales y heroicos que sus colegas conseguían poner en pie, encuentra la clave, el descubrimiento persona que nunca antes había sido argumento literario y que constituiría la columna vertebral de su ingente obra. Todo parece indicar que el misterioso mecanismo de creación que se aplica tanto a la ciencia como al arte nace de relacionar dos fenómenos aparentemente inconexos; y cuanto más inconexo aparecen, más imaginación hace falta para descubrir una afinidad oculta, y más original resulta la creación” - Óscar Tusquets, Todo es comparable

En arquitectura, los parecidos razonables, no suelen serlo. Cuando dos edificios presentan un paralelismo compositivo o estético considerable, esta relación suele estar basada en la investigación o en la copia. A veces un mismo arquitecto repite una y otra vez un modelo compositivo basado en su forma de hacer personal como Frank Gehry o Mies van der Rohe, en estos casos el peso del contexto se aligera en favor de la mano del proyectista. En otros casos existen semejanzas en las que cuesta reconocer la autoría, pero es sencillo determinar el estilo o la época en la que fue realizado, como la arquitectura barroca o la modernista, en la que la cercanía lingüística obliga a profundizar más en aspectos como la morfología, la estructura o la función para reconocer al autor. En el peor de los casos se producen copias evidentes u homenajes, confirmados o no.

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La continuidad del racionalismo

Tras la Guerra Civil en A Coruña, y en toda España, se produce un fuerte impacto en todas las actividades referentes a la creación artística. La dictadura impone un conjunto de cánones que detienen algunas corrientes estéticas o compositivas. Esta situación se ve acompañada por la escasez de recursos, y por un estado de ánimo colectivo profundamente deprimido. Así, la arquitectura como algunas otras profesiones creativas se ven reducidas a la esencia de la función y a la cura más o menos efectiva de los daños de la guerra. La arquitectura, como creadora de hábitat o de vivienda, se convierte en un bien de primera necesidad. La urgencia por la vivienda reactiva la Ley Salmón, promulgada durante la Segunda República, y promueve la construcción de una arquitectura racionalista que reduce los costes de construcción. Los arquitectos que desarrollan obras durante la década de los cuarenta, aquellos que no han sufrido un proceso de depuración como le ocurriría a Antonio Tenreiro, siguen un mismo criterio, lo que en ocasiones hace unas obras aparentemente indistinguibles de otras.

El edificio Piñero Cabarcos, situado en la calle Pla y Cancela 27, en su intersección con la calle Inés de Castro, es una obra de Santiago Rey Pedreira construida en 1946. Al observarla de una forma superficial, podría atribuirse a cualquier arquitecto en ejercicio de esta década. La necesidad de utilizar el racionalismo como lenguaje y estética hace que estas obras se acerquen entre sí, incorporando cuando es posible algún ornamento propio del eclecticismo de años previos. En este caso, el edificio proyectado por Rey Pedreira se teje dentro del estilo racionalista, estableciendo una continuidad con etapas anteriores. Sin embargo, el aspecto más interesante de esta obra es un gesto habitual de Rey Pedreira en sus primeros años: el uso de la curva. El edificio resuelve una esquina de una manzana, redondeando la arista de la esquina tal y como era común durante el modernismo, racionalismo o eclecticismo. Pero su volumetría es más radical, dentro de la forma cúbica que proporciona la extrusión en altura de la parcela, el arquitecto inserta dos cilindros: uno en la esquina otro cerca de la medianera que da hacia la calle Inés de Castro.

Foto: Luis Santalla

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Foro: Luis Santalla

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Curvas y rectas

La composición volumétrica revela una búsqueda de movimiento en el edificio que no altera la esencia programática del mismo ni su presupuesto, sino que, optimiza el espacio interior. El edificio cuenta con cuatro plantas y un bajo que resuelve la diferencia de cota entre ambas calles. Para acentuar la volumetría Rey Pedreira incluye cornisas para separar cada una de las plantas, de tal manera que las líneas horizontales curvas subrayan más aún su gesto. En los lienzos de fachada planos, las cornisas se trazan en continuidad de tal manera que el contraste ente curvo y recto resulte más perceptible. Los huecos del edificio presentan un diseño notable a pesar de la sencillez del conjunto. Todos ellos siguen las mismas proporciones geométricas, uniendo dos de ellos cuando es necesario como en las ventanas que dan hacia la calle Inés de Castro. Pero añade un hueco singular en la proximidad de la medianera, esta línea de huecos incorpora ventanas tipo ojo de buey, propias de los barcos. Este gesto permite al arquitecto añadir un hueco de dimensiones más pequeñas sin alterar el ritmo y módulo de los huecos, de tal forma que no hay ventanas especiales más allá de este pequeño grupo. Su colocación tampoco altera la composición de la fachada, y además, es un sencillo gesto para adaptarlo a la memoria del lugar, relacionada con el mar sin recurrir a la galería, que implicaría un sobrecoste.

La estructura del edificio es de hormigón, lo que permite crear esta morfología volumétrica tan singular y reducir los costes. La obra recuerda a otros edificios de vivienda del racionalismo coruñés, como la casa Bendamio (calle Rosalía de Castro 1-3) de Eduardo Rodríguez-Losada, el número 5 de la calle Francisco Mariño o el edificio Vázquez en Juan Flórez ambos del arquitecto Antonio Vicens Moltó. La casa Piñeiro Cabarcos fue reformada en 1969 manteniendo su esencia arquitectónica.

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Sincronicidad

En la ciudad puede haber lugares que se parecen a otros, en A Coruña abundan los edificios-proa, o las curvas racionalistas, también las reinterpretaciones de las galerías o el muro cortina como piel brillante que casi recuerda a los animales marinos. Pero hay lugares que siempre recuerdan a otros, que parecen esconder una extraña conexión entre ellos.

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"Una joven a la que estaba tratando tuvo, en un momento crítico, un sueño en el que le daban un escarabajo dorado. Mientras me contaba este sueño, yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí un ruido detrás de mí, como un golpeteo suave. Me di la vuelta y vi un insecto volador golpeando contra el cristal de la ventana desde el exterior. Abrí la ventana y atrapé a la criatura en el aire cuando entró volando. Era la analogía más cercana a un escarabajo dorado que se encuentra en nuestras latitudes, un escarabajo escarabaeido, el común cetonia dorada (Cetonia aurata), que, contrariamente a sus hábitos habituales, evidentemente había sentido la necesidad de entrar en una habitación oscura en este momento particular. Debo admitir que algo así nunca me había pasado antes ni después." - Carl Jung

La sincronicidad de Jung es una forma de leer la realidad. Quizás, la ciudad genere este efecto de manera honesta, pero en realidad, detrás de esa idea hay un conjunto razones amplio y razonado que construyen un escenario perceptivo muy diferente. La ciudad se sustenta en una memoria que genera cicatrices. Unir cada una de ellas a través de un relato es la labor de quien la mira con ojos curiosas mientras la pasea.