Parte de la facha del Cine Ciudad de A Coruña

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El desaparecido Cine Ciudad situado en la Ciudad Vieja de A Coruña

El Cine Ciudad, que posteriormente sería la discoteca 1900, ardió un 10 de Enero de 1985. Un lugar cargado de emociones, en plena Ciudad Vieja, y que sin embargo es una arquitectura sin arquitectos

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El arquitecto Bernard Rudofsky estudió la ‘arquitectura sin arquitectos’, es decir aquellas obras que alrededor de todo el mundo emergían de la cultura popular, no de forma inmediata sino a través de la sedimentación del conocimiento y la experiencia. Muchas de las obras estudiadas por Rudofsky contienen elementos que provienen de la sabiduría del tiempo. Los asentamientos de las comunidades populares, pero también las ciudades fueron objeto de análisis y de aprendizaje, para establecer una comparación constructiva y crítica con respecto a la ciudad contemporánea. Su trabajo es excepcionalmente relevante para comprender la forma en la que se construye el hábitat de manera natural. Las transformaciones urbanas, en ocasiones, nacen de esta naturalidad, la que sólo generan la función y la estética en relación estrecha.

“Andar a través de ella, sentarse en su suelo, es una experiencia mucho más inmediata que mirar fotografías de esta misma casa. Ninguna colección de pinturas, cerámicas u objetos japoneses podrá desprender una atmósfera tan japonesa como esta vivienda. El visitante de esta casa se llevará consigo unas impresiones que ninguna descripción podrá reemplazar […] someterse al ritual de quitarse los zapatos es muy diferente a leer sobre ello […] esto, es un desafío para el visitante; éste se enfrenta, no a un objeto extraño, sino a una costumbre extranjera […] él aprende sobre una costumbre a la vez que la experimenta” - On exhibition design, Bernard Rudofsky

La historia de las ciudades es compleja, construida mediante capas que se superponen, que se intersecan y transforman creando un complicado entramado en el que algunas transformaciones cuentan con resultados predecibles, pero otras no. Modificar un elemento urbano puede, desde el proyecto, generar una condición de mejora, puesto que en el contexto inicial se comprende a la perfección el problema existente y, por lo tanto, es más fácil intuir el efecto de la propuesta arquitectónica o urbanística. En otras ocasiones, cuando el contexto no resulta tan claro, es el proyecto el que genera un conjunto de parámetros para estudiar los posibles efectos sobre la transformación urbana más allá de los cambios inmediatos. La ciudad es un organismo en constante transformación, cualquier pequeño cambio describe una marca en su piel, algo que con el tiempo se determinará si es benigno, vírico…si hay que amputar o si como se preveía desde el proyecto evoluciona favorablemente renovando la energía y el funcionamiento de la ciudad.

Arquitectura sin Arquitectos, Bernard Rudofsky via jbono

Arquitectura sin Arquitectos, Bernard Rudofsky via jbono

Cosas que se dan por hechas

Si bien, hay arquitectura sin arquitectos, como postulaba Rudofsky, hay acciones de pequeño impacto inicial basadas en decisiones sin ambición transformadora que, sin embargo, determinan un cambio que la sociedad percibe como identitario. El cambio de uso de un local, una decisión en términos de tejido urbano relativamente menor puede llegar a crear una transformación profunda, porque el uso y la estética resultan ser las dos variables más estrechamente conectadas con el ser humano. El ser humano fundamenta su comportamiento en la función y la estética, en cuya mezcla se establecen las emociones, los afectos, el criterio o la formación profesional. El resto de las cosas, mundanas como diría el personaje de Jep Gambardella en la Gran Belleza (Sorrentino, 2013), se dan por hechas. Quizás pueda ser más sencillo seguir las palabras poéticas de Rudofsky: “la vida como viaje: el viaje como estilo de vida”.

Hay pequeños comercios de la ciudad que desaparecieron. La memoria popular construida a base de valiosos recuerdos individuales determina una latencia, la de una fotografía emocional que no volverá. Pero su ausencia de presente, como concepto instantáneo, no evita que la nostalgia busque su traslado inmediato, su recuperación no sólo física, sino emocional. Este efecto no es posible, pero sí la traslación de una atmósfera única, porque esta sí se puede replicar. En otras ocasiones, no resulta posible, por lo que se produce una transformación en la que la memoria solo se constituye como etapa. La contemporaneidad lee el pasado como una biografía de lo aparentemente inerte. La vida conceptual de la ciudad.

“ Viviendo aquí día a día, crees que es el centro del mundo. Crees que nada cambiará nunca. Luego te vas: un año, dos años. Cuando regresas, todo ha cambiado. El hilo está roto. Lo que has venido a buscar no está ahí. Lo que era tuyo ya no existe. Tienes que marcharte durante mucho tiempo... muchos años... antes de poder volver y encontrar a tu gente. La tierra donde naciste. Pero ahora, no. No es posible. Ahora mismo estás más ciego que yo.” - Cinema Paradiso, Giuseppe Tornatore 1988

Cine ciudad

En la calle Travesía de Zapatería, en la ciudad vieja coruñesa, se encontraba el cine Ciudad. Situado muy próximo a la plaza de Azcárraga este emplazamiento contaba con las condiciones adecuadas para ubicar una pequeña sala de cine. Activa desde 1950 a 1971, se convirtió en una sala de cine de barrio sin intervención profunda más allá de una pequeña adaptación. La década de los cincuenta fue la del cine, en términos arquitectónicos, este tipo de edificios o locales proliferaron en todas las ciudades proporcionando el acceso al cine a toda la población. Los cines de barrio se multiplicaron, se estableció la sesión continua o doble sesión que, a pesar de la censura (en la España bajo la dictadura) democratizaba las películas.

Las mundanizaba despegándolas del aura de sofisticación que los estrenos creaban en los cines principales, donde estos eventos se equiparaban a un estreno de ópera o teatro. El cine de barrio promovía la memoria colectiva, de tal forma que cada película habitaba la memoria de quien la veía de forma simultánea en un conjunto de personas, ya que sólo existía un momento para verlas, generando una emoción colectiva que derivaba en una inercia. Es decir, el evento, aunque alejado del clasismo y el fasto, seguía siendo un evento, pero esta vez compartido por la sociedad que entonces comentaba, opinaba, debatía y de alguna manera, incluso formaba su criterio cultural en función de todas las ideas que flotaban durante un tiempo en la ciudad. Al igual que un acontecimiento deportivo, el cine creaba una emoción colectiva, compartida y transversal.

Cine Ciudad vía Facebook

Cine Ciudad vía Facebook

El cine, con una disposición sencilla y funcional solo respondía a la función, integrándose estéticamente en el barrio para crear el espacio mágico que siempre fue propio del cine. Tras su cierre a principios de la década de los setenta, el local modificó su uso. Entonces, la discoteca 1900 ocupó el espacio del cine hasta 1985. Fue brevemente utilizada como bingo. La transformación de cine a discoteca apenas desarrolló más que un cambio de uso, pero una modificación radical de su estética. A veces, un cambio no implica una transformación. La sala de proyección sirvió como espacio para la discoteca, para congregar a un grupo amplio de personas sin riesgo. El tratamiento del espacio fue meramente superficial, determinado por un reajuste decorativo, pintura y adecuación estética a la década de los setenta y ochenta, en las que el cambio político en el país liberó también la imagen que definía la atmósfera de los espacios de ocio.

El 10 de enero de 1985 sufrió un devastador incendio que arruinó el inmueble anulando evidentemente el uso del local. Este tipo de eventos lamentables resultaron ser muy comunes en discotecas de la década de los ochenta o noventa, puesto que las adaptaciones de los espacios se realizaban de forma muy rica, pero se adaptaban a una normativa que no contemplaba determinadas situaciones de alta concentración ni la composición de según qué materiales que no sólo eran inflamables, sino que al quemarse emanaban gases que podían empeorar de forma inmediata la situación de emergencia, no sólo por el humo, sino por componentes químicos específicos. Esta serie de siniestros provocó varios cambios de la normativa de incendios para contemplar ciertas situaciones concretas especialmente las relativas a los medios de evacuación, el uso de determinados materiales como acabado o como aislamiento acústico. En la actualidad, las restricciones normativas son garantistas de una reducción de los siniestros o, al menos, buscan garantizar la evacuación eficiente de los ocupantes de tal forma que en caso de daños, estos resulten ser únicamente materiales. El incendio de la discoteca 1900 fue una noticia notablemente trágica, recogida por la prensa local en el momento con una combinación de tristeza, rabia y sorpresa.

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Otros cines desaparecidos de la ciudad

Las pequeñas emociones

La ciudad cambia con el paso del tiempo. Carente de edad relatable más allá de lo que refleja la historia, comprender la ciudad como ser vivo permite ver una realidad compleja. Los cambios de uso en la ciudad, sin proyecto, sin pretensiones definen una morfología de crecimiento natural en la que parece no suceder nada realmente transformador.

“Pasado, presente y futuro eran para él un desierto sin entidad, y la vida era demasiado escasa, demasiado pequeña, demasiado estrecha para él. No había ningún sentido para él, y a su vez, él no significaba nada para nadie. De sus grandes ojos salía un torrente de pesadumbre ultramundana o inframundana. Un dolor infinito hablaba en sus cansados y laxos movimientos. No estaba ni vivo ni muerto, no era joven ni viejo. Me parecía tener cien mil años, y me parecía como si tuviera que vivir eternamente para no estar eternamente vivo. Moría a cada instante, y, sin embargo, no podía morir. No había para él tumba con flores.” - Ribert Walser, El Paseo, 1998

La ciudad es un ser estable cuya identidad la construyen quienes la habitan. Sin ciudadanos, esta tan solo sería una entidad sin carácter, sin tiempo, sin vida. Los pequeños cambios describen una latencia de fondo, una vibración que muestra el pulso más ligero de la ciudad, es decir, el que es frágil y cambiante. La arquitectura sin arquitectos es la que dota de un pulso suave y una inercia constante al devenir de la vida en la ciudad. La memoria colectiva construye un relato que recoge el pulso y mantiene la inercia viva a través de las fotos, las historias personales y los relatos de quienes aún recuerdan lo que aquellos pequeños lugares les hacían sentir.