Coliseum de A Coruña: 35 años de gran escala
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El Coliseum de A Coruña: 35 años de gran escala
El Coliseum es una obra del arquitecto Salvador Pérez Arroyo en colaboración con el ingeniero Julio Martínez Calzón. Su imagen icónica marcada por un gran arco, está presente en A Coruña desde 1991
A veces, es complicado comprender las implicaciones derivadas de una acción sencilla. La ramificación de respuestas que, como una onda expansiva, se producen a partir de un acto concreto resulta inabarcable, caótica e inasible, por lo que imaginar su magnitud como un conjunto es casi una labor emparentada con la fe. Cuando la escala de un lugar es desbordante, se produce el mismo efecto sobre la percepción humana. La presencia en él es un acto que tiene como consecuencia instantánea la intención de comprenderlo, pero es tal su magnitud y el conjunto de parámetros que operan sobre ella que sobrepasan la capacidad de percepción. Los espacios públicos de gran tamaño como las plazas de algunas ciudades soviéticas, los conjuntos arqueológicos desbordantes como la ciudad de Pompeya o los edificios de escala monumental como la Sagrada Familia de Antoni Gaudí, producen una sensación inicial inconcluyente, basada en la imposibilidad de ser abarcados de manera unitaria.
No es posible comprenderlos con tan solo pasearlos. Es con el trascurso del tiempo que se logra una cierta idea de ellos. El artista Antonio López refería en una entrevista que con cierta asiduidad iba a visitar Las Meninas de Velázquez al Prado, porque “Las Meninas hay que verlas muchas veces”. Y es que no es posible comprenderlas con solo una visita. También tras una de estas ‘visitas’, el arquitecto Óscar Tusquets preguntaba al pintor ¿qué tal había encontrado Las Meninas?, “mucha gente” respondió Antonio López. “En el Prado, claro” respondió Tusquets, “No, en el cuadro” respondió el pintor. Esta afirmación es solo una de las muchas lecturas que permiten comprender la obra.
Si esta complejidad se produce en la percepción de la obra, su génesis es igualmente compleja. Proyectar un edificio de gran escala implica el tejido de una constelación gigantesca de ideas que, además, han de trabajar entre sí y establecer una simbiosis con todos los sistemas del edificio. Para ello, a veces, es necesario subvertir las estrategias proyectuales. Pensar de otra forma y establecer un criterio de trabajo singular.
Foto: Luis Santalla
“Yo no creo en la perspectiva, ni siquiera creo en los volúmenes. Creo que el espacio de hoy está contenido en esta dimensión, y que todo se relaciona con esta condición. Tiene que ver con el atravesar. Nosotros atravesamos una puerta en un instante. Esto es un aspecto muy importante de mi pensamiento” John Hejduk
La gran escala establece un desafío en términos estructurales y morfológicos, pero es una oportunidad para la estética y la función, ya que permiten experimentar con métodos y acciones de gran contundencia. Lo realmente interesante, se produce cuando, a través del proyecto, es posible crear una convivencia natural y simbiótica entre los parámetros que lo componen. Para ello, ha de existir una idea rotunda que sea capaz de convertirse en el elemento central del cual emanen todas las decisiones, pero, también, la clave a través de la cual el visitante, una vez descubierta, sea capaz de comprender todo el edificio. Mediante la idea, todas las ramificaciones son solo consecuencias naturales y predecibles, por lo tanto, comprensibles.
En A Coruña algunos edificios presentan esta dimensión tales como el Estadio de Riazor o el Coliseum. El Coliseum de A Coruña es obra del arquitecto Salvador Pérez Arroyo junto con Javier García Alba, Fernando Río Durán y Berta Rodríguez Rodríguez, en colaboración con los ingenieros de caminos Julio Martínez Calzón, Jesús Ortiz Herrera y Juan A. Domínguez. Construido en 1991, fue inaugurado el 12 de agosto de ese mismo año. Situado en uno de los accesos a la ciudad, próximo a la avenida alcalde Alfonso Molina, se encuentra en la calle Francisco Pérez Carballo, 2. Los inicios del proyecto tienen lugar en 1990, cuando, ante la intención de la corporación municipal de construir un equipamiento de estas características un equipo técnico visitó EEUU para contactar con la dirección del Astrodome de Houston. Este estadio fue el primero del mundo con gran escala y cubierta. En esta misma visita también estudiaron las instalaciones y el funcionamiento del Miami Arena. En la actualidad, el primero se encuentra cerrado y el segundo fue demolido en 2006. El Coliseum se convirtió, tras su construcción, en un referente para los eventos culturales de gran ocupación en la ciudad.
Foto: Nuria Prieto
Foto: Nuria Prieto
Un equipo de gran trayectoria
El edificio fue proyectado por un equipo con gran experiencia profesional. Salvador Pérez Arroyo (Madrid, 1945) es autor de obras tan singulares como el Auditorio de la Casa de Campo, el Planetario del parque Tierno Galván, o el Faro de Moncloa en Madrid, así como el Palacio de los deportes de Gijón o el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha. El ingniero de caminos Julio Martínez Calzón (1938-2023) fue colaborador habitual de José Antonio Fernández Ordóñez (1933-2000) y en su práctica profesional desarrolló del cálculo y diseño estructural de obras tan interesantes como el puente del Centenario de Sevilla, el puente de Tortosa, el puente del río Urumea en San Sebastián, así como de edificios como el Palau Sant Jordi del arquitecto Arata Isozaki, el Auditorio Nacional de música de García de Paredes, el palacio de Congresos de Salamanca de Navarro Baldeweg o la Torre de la Collserola de Norman Foster.
Faro de Moncloa por Carlos Delgado via wikimedia common
Palau St Jordi por Germán Ramos via wikimedia commons
Un arco icónico
El edificio basa su diseño en un gran arco tensado de 32,50m de altura que sostiene la estructura. Este elemento es símbolo, pero también razón estructural de un edificio de grandes luces que ocupa 1900m. El presupuesto se estimó en 2800 millones de pesetas. La estructura del edificio es mixta, incorporando soportes y un gran arco de hormigón armado junto con una subestructura metálica ligera. Los arranques del arco, de carácter masivo, debido a las necesidades de estabilización del elemento, utilizan los huecos que se generan en su entorno para usos auxiliares del edificio como taquillas, pequeñas salas auxiliares y circulaciones.
El área para la arena permite, en base a las grandes luces de la estructura la creación de un espacio para grandes eventos, especialmente conciertos, así como corridas de toros, donde la flexibilidad del edificio permitía un ruedo de 45m de diámetro con un callejón de 2m. La condición de espacio multiusos permite que el edificio se adapte a cualquier circunstancia funcional, no solo relativa a eventos de ocio, si no a cualquier situación que implique alta ocupación, como exámenes multitudinarios o situaciones de emergencia. Su aforo permite una horquilla de entre 8500 y 11.000 personas.
La materialidad del edificio es neutra, y se integra dentro de una tradición de internacionalización estética en la que esta tipología de edificios crea espacios de identidad indefinida. Esta condición permite que el edificio sea más accesible a usuarios no familiarizados con él y de cualquier parte del mundo. La internacionalización de la arquitectura a través del equipamiento despega la obra del lugar, pero al mismo tiempo, la convierte en un elemento vanguardista y de vocación cosmopolita en favor de la dinamización urbana. La envolvente del edificio se reviste mediante chapas metálicas de aspecto laminar en un tono gris muy claro que lo integra dentro del área comercial próxima, pero lo destaca del entorno con discreción. La envolvente reviste de forma homogénea el volumen del edificio, incluso la bóveda central y el arco sustentante. El resto de la envolvente se cierra mediante un acristalamiento de grandes dimensiones que permite la entrada de luz natural al espacio central. Inaugurado en 1991 el Coliseum se ha convertido en un edificio público ineludible en la ciudad, y el lugar donde han tenido lugar grandes conciertos que ya forman parte de la historia de A Coruña.
Foto: Luis Santalla
Foto: Nuria Prieto
Una sección
El paso del tiempo sobre la arquitectura dibuja un paisaje interpretativo basado en el análisis y la lectura. Con el paso del tiempo, incluso aquellos edificios de escala monumental o compleja son por fin comprendidos en sí mismos y en la onda expansiva de influencia que fueron capaces de generar. El tiempo acomoda la mirada incluso a las escalas más desbordantes.
Foto: Luis Santalla
“Espacio y tiempo, por lo tanto, no superan el gesto del arte con su posterioridad tiránica, sino que se doblegan a él y vuelven sobre sí mismos, casi simulando las condiciones de la puntualidad y presencialidad pura […] El arte que crea su cosmos se hace naturaleza” - Trattato
La ciudad es una construcción colectiva del ser humano, en la que éste siempre se encuentra presente convirtiendo a la sociedad que la habita en guardiana de su cultura e identidad. El paso del tiempo no permite que esta se disuelva, sino que la integra, sea cual sea su escala, dentro del tejido urbano. El arquitecto John Hejduk afirmaba que le gustaría hacer “una sección de un pensamiento”, como si este fuese más relevante para la descripción de un edificio que su propia estructura o su espacio. A veces, podría ser interesante hacer una sección del pensamiento urbano para comprender qué es lo que le ocurre a la ciudad a través del tiempo y la memoria.