Victoria desde la galería de su casa en la plaza de Lugo
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Victoria lleva 91 años viendo cambiar la plaza de Lugo de A Coruña desde su ventana: "Antes había un ruido infernal"
Llegó a la plaza de Lugo con cuatro años y ha visto hasta tres reformas del mercado, además de la transformación de un barrio que hoy recuerda desde la galería de su casa
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A sus 95 años, Victoria Nieto recuerda al detalle cómo era la plaza de Lugo de A Coruña cuando llegó con apenas cuatro años. Desde la galería de su casa señala con el dedo cada uno de los edificios que la rodean. "Ahí antes estaba Maristas y eso era un chalé", cuenta emocionada. Han pasado nueve décadas desde entonces y todavía tiene mucho que contar sobre los cambios que ha vivido desde esa misma ventana.
En todo este tiempo ha visto el mercado en todas sus versiones. Desde cuando se dividía en tres pabellones hasta el que tenía "forma de hórreo". Siempre con la misma vista privilegiada que le ha concedido vivir en un cuarto piso, pero también desde abajo. Porque, para qué ir a comprar a otro lado teniendo el mercado de la plaza de Lugo a tiro de piedra.
Victoria llegó a la plaza de Lugo en 1935. El edificio lo construyó su padre y en él vivieron todos sus hermanos. A ella le tocó el cuarto y durante años vivió allí con su marido y sus cuatro hijos. "Aquí llegamos a estar 20 personas solo en esta casa. Con la guerra, unos familiares tuvieron que huir de Asturias y los acogimos aquí", explica. Y, aunque la vivienda es grande, lo cierto es que llegaron a quedarse justos de espacio.
En todos estos años, Victoria ha visto la evolución no solo de un barrio, sino de toda una ciudad. Cuando llegaron a la plaza de Lugo, alrededor del mercado todo eran coches y gente pasando sin parar. "El ruido que había era infernal". Su edificio no fue de los primeros en llegar. "La Casa Viturro ya existía y la Cortés también", cuenta mientras señala ambos edificios desde el ventanal de su casa.
También vivió los cambios de ubicación de colegios, como el de Maristas, que pasó de las calles Teresa Herrera y Betanzos a las afueras de la ciudad. Las generaciones más nuevas quizá ni siquiera sepan que el colegio que hoy se encuentra a las afueras estuvo antes en pleno centro, justo donde ahora está la inmobiliaria Rías Altas.
Vistas desde la casa de Victoria
Y a no muchos metros de allí, en la calle Payo Gómez, también cuesta recordar, y mucho menos imaginar, que la Casa Araujo antes era un chalé. Lo que ahora puede parecer impensable, una vivienda unifamiliar en pleno centro de la ciudad, era la realidad de aquellos años en los que Victoria todavía era una niña.
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Pero esos no fueron los únicos cambios que pudo ver desde su ventana. El más notable de todos fue el del mercado. Y no una ni dos veces: Victoria ha vivido hasta tres reformas.
"Primero estaba dividido en tres pabellones. En el primero vendían carne, entre otras cosas. En el segundo podías encontrar prendas de ropa hechas de encaje o incluso botijos. Y el tercero era el del pescado", cuenta. Y no solo lo explica con palabras. Mientras habla, camina por la casa en busca del calendario de 2026 del Ayuntamiento, donde una fotografía de 1910 refleja gráficamente cómo era el mercado en aquella época. Y, efectivamente, nada que ver con lo que vemos ahora.
Imagen del primer mercado de la plaza de Lugo de A Coruña.
Después pasó a tener forma de "hórreo", tal y como recuerda Victoria. "Durante la reforma íbamos a comprar a uno temporal de la plaza de Pontevedra", explica. Se refiere a las obras de 1958, cuando la nave central fue sustituida por otra más funcional.
Aquella reforma aguantó hasta 2001, cuando el mercado volvió a cerrar sus puertas para acometer una reforma integral que duraría hasta 2005. El resultado fue el edificio que vemos hoy en día y que, desde la ventana de Victoria, se presenta como un gran tejado unificado.
Y desaparecieron los coches
Ya nada tiene que ver la plaza de Lugo que conoció Victoria cuando llegó en 1935 con la de ahora. Lejos quedó aquel tránsito constante de coches frente a su puerta. La peatonalización permitió liberar de vehículos toda esa zona. Y menos mal. "Antes no había tantos coches como ahora", reconoce. Porque, a sus 95 años, hay algo que valora más que nunca: la tranquilidad.
Aunque eso no significa que Victoria se haya quedado anclada en el pasado. Va a clases de informática, utiliza WhatsApp a diario e incluso maneja Excel. Mientras los edificios de su barrio han ido cambiando y el mercado se ha transformado una y otra vez, ella sigue aprendiendo cosas nuevas. Y lo hace sin perder de vista todo lo que ha vivido desde aquella galería a la que llegó siendo una niña.