De izquierda a derecha, Lete, Maricarmen, Fina, Marta y Esther

De izquierda a derecha, Lete, Maricarmen, Fina, Marta y Esther Quincemil

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Toda la vida bajando a la playa del Matadero, de A Coruña: "Aprendí a nadar aquí, cuando todavía se llamaba Berbiriana"

Igual que los Golfiños de Riazor tienen su espacio junto al muro de las Esclavas, al otro extremo del paseo, pasando el Orzán, un grupo del Matadero también ha conquistado el suyo propio

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"No estamos muy bien de la cabeza", ríe Fina al recordar aquel día en que caía la tormenta del siglo y ella y sus amigas se quedaron sentadas en la cuesta del Matadero esperando a que escampara. Como esa, tiene un millón de anécdotas que contar de todos los veranos (e inviernos) que ha pasado en esta playa.

Sus padres vivían en Ángel Rebollo, en pleno corazón de Monte Alto, así que se crió prácticamente en esta playa. No recuerda un verano sin pasar por el Matadero. "Aprendí a nadar aquí", cuenta. Y de eso hace ya mucho tiempo. ¿Cuánto? "Mucho, no hace falta decir la edad", responde entre risas. "Unos setentayalgo".

Pero Fina no es la única que lleva media vida bajando a este rincón del paseo. Desde hace décadas comparte arena con un grupo de habituales que, verano tras verano, ha acabado convirtiéndose en una pequeña familia. Esther, Rosi, Marta, Julia, Carlos o Ana, son solo algunos de los de siempre.

No son los Golfiños de Riazor, pero también tienen su rincón asignado. Nada más bajar al arenal, a la derecha, junto a la cuesta de acceso, aparece una hilera de toallas colocadas estratégicamente para que el grupo no se disperse. Son unos diez. "Hay gente que se nos ha ido yendo, pero aquí seguimos", cuentan.

Y por si quedaba alguna duda de que ese es su sitio, una toalla lo deja bien claro: "Este sitio en el muro del Matadero es de Maricarmen". "Me la regalaron por mi cumpleaños", explica ella misma. En su caso lleva cerca de veinte años bajando a la playa cada día que sale el sol.

La toalla de Maricarmen en la playa del Matadero

La toalla de Maricarmen en la playa del Matadero Quincemil

A su lado están Marta y su madre, Esther. "Llevo viniendo desde los 15 años y ahora tengo 42. Soy la heredera", responde entre risas. Al otro lado, algo más callado, está Lete. Por el tono de piel se intuye que tampoco ha faltado a muchas de las citas invernales. Porque, por mucho sol que haya hecho en esta primera quincena de junio, ese bronceado no se consigue en solo dos semanas.

A la izquierda, Lete

A la izquierda, Lete

Lo cierto es que tienen una esquina privilegiada. Siempre da el sol y, cuando sube la marea, ni siquiera tienen ni que moverse. Por eso, el primero que llega cada tarde guarda sitio para el resto. "Aquí hay que ser rápido y renunciar a los quehaceres para coger sitio", cuenta Fina mientras el resto ríe con ella. Y es que como vengas un día soleado, aquí no cabe ni un alfiler.

De la playa de la Berbiriana a "la playa de invierno"

"Antes esta playa era más familiar. Ahora vienen muchos jóvenes", comenta. Algunos la han bautizado como "la playa de invierno". Mientras que en Riazor o el Orzán el viento y el frío se notan más, el Matadero, más recogido y protegido por los muros, resulta perfecto para esos días en los que refresca.

Aunque no siempre fue así. Los que llevan más tiempo recuerdan la playa cuando todavía se llamaba Berbiriana. El nombre de Matadero llegó después, por el antiguo matadero municipal que se levantaba donde hoy se encuentra el hotel Meliá María Pita.

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"Cuando hacían las matanzas, la sangre a veces llegaba hasta la playa", recuerda Fina. Por aquel entonces ni siquiera existía el muro. "Bajabas directamente. No había ni paseo", explica. "Donde está ahora la Sirena antes había una casa", añade Maricarmen.

Entre todas han visto evolucionar la playa durante décadas. Conocieron un Matadero sin cuesta de acceso y fueron adaptándose a los cambios que trajeron el paseo, el muro y las sucesivas transformaciones del entorno. También han creado una pequeña familia. Tanta que celebran juntos la Navidad y el Fin de Año.

El grupo del Matadero celebra Fin de Año en la playa en 2016

El grupo del Matadero celebra Fin de Año en la playa en 2016

"El año pasado hizo sol y bajamos con nuestros gorros de Papá Noel. Nos comimos las uvas aquí por la mañana", recuerda Marta entre carcajadas.

Porque da igual que sea enero o agosto. Si por la ventana asoma un rayo de sol, allí están ellos, en su rincón de siempre. Después de tantos años, se han ganado la mejor posición de la playa. Igual que los Golfiños de Riazor tienen su espacio junto al muro de las Esclavas, al otro extremo del paseo, pasando el Orzán, los del Matadero —aunque nunca hayan tenido apodo— también han conquistado el suyo.