Maruxa Seijas en su casa en A Coruña
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Maruxa tiene 101 años y lleva toda la vida viviendo en un barrio de A Coruña: "Me crié en A Silva y lloro por ella"
Fue nombrada Republicana de Honra por la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña y recuerda que cuando estalló la Guerra Civil la gente escapaba corriendo al monte
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Hay personas que se convierten en eminencias y María del Carmen Seijas es una de ellas. Maruxa, como la conocen todos en el barrio, es historia viva de O Ventorrillo. Esta coruñesa, nacida en A Silva, suma nada menos que 101 años. Vivió la proclamación de la Segunda República y creció marcada por la represión de la dictadura franquista.
Esta centenaria es una de las hijas pequeñas de una familia de ocho hermanos, muchos fueron represaliados: algunos pasaron por la cárcel e incluso fueron condenados a muerte.
Hoy, es la única que queda con vida, además de sus dos hijas, algunos sobrinos y nietos. "Y aún nos va a pasar ella a todos por delante", bromea su hija, Viruca. De hecho, en el 2025 fue nombrada Republicana de Honra por la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña.
Echando la vista atrás, Maruxa recuerda con cariño su infancia en A Silva, donde fue al colegio y se crio jugando con los niños del barrio cuando era más aldea que ciudad: "Mi abuela y mi madre eran cigarreras. Vivíamos de maravilla para aquellos tiempos". Con 11 años ya trabajaba limpiando pescado.
"La guerra me pilló limpiando cariocas en un callejón que había al lado de mi casa"
Maruxa Seijas, vecina centenaria de O Ventorrillo
Desde hace 60 años vive en las conocidas como Casas de Franco, pero tiene claro que cuando muera volverá a su querida Silva: "Me crié en A Silva y lloro por ella. Es más, quiero que mis cenizas las echen allí".
También rememora que durante los años de la dictadura en A Silva convivieron vecinos con posturas diferentes respecto al régimen: "Todos nos conocíamos. Sabíamos quién era republicano, quiénes eran de izquierdas y quiénes eran de derechas. Había de todo".
Todavía recuerda con 11 años, el 17 de julio de 1936, cuando empezó la Guerra Civil: "Me pilló limpiando cariocas en un callejón que había al lado de mi casa. La gente escapaba corriendo del centro de la ciudad para el monte".
Una centenaria que guarda la historia de una generación
Maruxa perdió a muchos amigos y conocidos como sospechosos de simpatizar con el socialismo. Entre ellos, destaca la muerte de su tío Alejandro Basilio Palacios, marido de su tía María, que fue asesinado en julio de 1937, y ella arrestada en la cárcel provincial. "Cuando los llevaban a la cárcel, mi tío le decía a mi tía 'María, me van a matar, pero no me pongas luto, que yo no muero, que me matan'", relata.
También, su cuñado José Alvedro Villaverde, fue capturado por el ejército nazi y deportado al campo de concentración de Mauthausen (Austria), donde estuvo más de un año y murió en 1943 en la cámara de gas. "Conseguí que le pusiesen una placa en un banco. Nacido y criado en el barrio de Piruleiro de A Coruña".
"Mi madre era tremenda. Le iban todas las vecinas más jóvenes que ella, chicas ya casadas, a pedirle consejos matrimoniales"
Viruca, hija de Maruxa Seijas
"Algún hermano mío vivió escondido en el desván sin que la familia supiéramos que estaban ahí", cuenta. Es más, confiesa que ella misma no supo que su marido, de quien asegura seguir enamorada a día de hoy, era comunista hasta poco después de su fallecimiento: "Me lo dijeron amigos suyos, yo no me imaginaba nada".
Precisamente, uno de sus hermanos, Fernando, vivió el chivatazo que llevó al arresto de cinco barcos llenos de militantes de izquierdas en O Portiño.
Esa noche Maruxa estaba durmiendo con su cuñada y, aunque era niña y se hizo la dormida, recuerda cómo su hermano entró por la ventana. "Escapó nadando y corrió por el monte hasta su casa descalzo. Los escuché a él y a mi cuñada sacando toda la noche las espinas que se le clavaron. Por la mañana cuando me desperté mi hermano ya no estaba. Nadie dijo nada, lo escondieron".
Una eminencia para el barrio
"A Silva era una gran familia", dice. Entre sus lugares favoritos, la fuente de Cancés, donde cogía agua y lavaba la ropa. Pero, lo mejor, sin duda, eran las fiestas. "Eran una preciosidad. Tenían una competición tremenda entre los de la Silva de Arriba con la Silva de Abajo, porque al principio las hacían separadas. Se cantaban insultándose", explica la coruñesa.
Charlar un rato con esta centenaria es más que suficiente para darse cuenta de que se trata de una persona llena de sabiduría y de vitalidad. "Mi madre era tremenda", comenta su hija Viruca. "Le iban todas las vecinas más jóvenes que ella, chicas ya casadas, a pedirle consejos matrimoniales. Ella no era pitonisa ni nada, pero tuvo un matrimonio muy feliz con mi padre", añade. Es más, a día de hoy baja todos los días a un banco enfrente de su casa puntualmente a las 12:00 del mediodía, para charlar con varias vecinas de la zona que acuden para estar con ella y pedirle consejos.
Por último, cuando le pregunto por su receta para llegar a ser centenaria, se ríe y no duda en su respuesta: "Pues no sé hija, comer mucho caldiño y una buena vida, no teníamos mucho, pero conseguimos seguir adelante". En la voz y en los recuerdos de Maruxa pervive la historia de una España muy diferente a la actual: la de la guerra y posguerra que marcó a la generación de nuestros bisabuelos y abuelos.