Todo el mundo sabía, desde Triana a Los Remedios, que Morenito de Bonilla iba a ser el triunfador de la feria. Desde hace tiempo, su toreo clásico, elegante y tranquilo, había calado en el corazón de los aficionados andaluces, cansados ya de otros Espadas con un repertorio amortizado que no gusta ya ni en Dos Hermanas. Tampoco estaba la afición con la de Salobreña, algo pasada de arrogancia en su pose; sus faenas cuajadas de capotazos tremendistas carecen luego de una muleta templada. Otros carteles venían ya predestinados a ver más cemento que aficionados.

Sin embargo, nadie se esperaba este triunfo tan arrollador que le ha llevado a abrir la Puerta del Príncipe de par en par. Luego, a hombros, fue llevado por el paseo de Cristóbal Colón hasta San Telmo. Su faena ha sido para recordar. Empezó recibiendo de verónica, y eso ya valía una oreja. Luego galleo y chicuelinas, para después hilvanar prodigiosos naturales y derechazos enlazados. Cuando la faena parecía tocar a su fin, él seguía inspirado y continuaba. Otra, y otra: 55, 56, 57 y 58. El presidente, antes de que apareciera un solo pañuelo, ya le había otorgado las dos peludas y el rabo.

Ahora el resto de los espadas de país ya tienen un referente. Un poco de gimnasio para que quede mejor el traje; una sonrisa amable y practicar desde el centro del ruedo el pase de derechas y los naturales. Parece fácil.   

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Detrás de esta viñeta están Benjamín y Mercedes. Son padre e hija. Benjamín dirige el estudio Arquitectos San Lorenzo 8. Mercedes es ilustradora y diseñadora gráfica. El texto queda a cargo de Paula, la hija mayor, que se dedica a la seguridad alimentaria. La idea de cada semana: un asunto de familia.