El piloto indio Smit Machchhar.
Algunas preguntas duras sobre el atentado en el avión de Fly Dubai
Este ataque puede ser el inicio de una nueva etapa del terrorismo internacional.
Una combinación de enorme alivio y profundo orgullo envuelve a Israel tras el desenlace positivo de los complejos hechos a bordo del vuelo de Fly Dubai.
Ahora que se sabe con certeza lo que en Israel se supuso de antemano (que el copiloto que trató de asesinar al capitán y estrellar el avión era un yihadista fanático), es natural que Israel respire aliviado. Se salvaron las vidas de casi ciento ochenta pasajeros, la mayoría israelíes, gracias a la actitud heroica tanto del capitán como de varios civiles israelíes que tomaron el control de la situación.
El piloto Smit Machchhar, aún malherido por los golpes de hacha de su subalterno Hamam al-Hamami, logró arrastrarse hasta la puerta de la cabina y abrirla, lo que permitió que cuatro de los pasajeros israelíes intervinieran y dominaran al atacante, atándolo con cables de audífonos, estabilizando el avión que caía en picado e incluso prestando atención médica al capitán para frenar su sangrado.
Todo esto antes de que uno de los pilotos que se hallaba a bordo para tomar el vuelo posterior al que iba a aterrizar en Tel Aviv se hiciera cargo y lograra aterrizar a salvo en Arabia Saudí.
Pero que el drama haya terminado bien no significa que, tras el alivio inicial, se pueda realmente respirar tranquilos. Son varias las luces de alarma que lo sucedido ha encendido. Y lo central es saber que todo este drama podría haber sido evitado.
El propio primer ministro Netanyahu confirmó que hubo una "brecha" de seguridad. Lo patético es que ahora todos los marcos relevantes en el asunto en Israel se acusan mutuamente de negligencia por no haber visto en las listas, que deberían haber sido revisadas minuciosamente, que el copiloto era de Omán.
Benjamin Netanyahu junto a Yaniv Hayun, uno de los pasajeros del avión de Fly Dubai.
Para colmo, ya había sido rechazado por dos aerolíneas por su radicalismo: en su propio país natal y en Marruecos, donde tras tres meses de instrucción no fue aprobado.
Formalmente, el Ministerio de Transportes de Israel, a cargo de los vuelos del exterior, debería haberlo visto, pero ahora alega que no es un organismo de inteligencia. El Mossad, sin duda, debería haberlo sabido.
Pero el problema original radica en el hecho de que Fly Dubai, contrariamente a lo prometido, empleó para un vuelo a Tel Aviv a un copiloto de un país que no tiene relaciones diplomáticas con Israel. Y se investiga si, de hecho, esto ya puede haber sucedido antes.
Más allá de entender cómo pudo pasar esto, la preocupación inmediata es por el conocido efecto de réplica o imitación, el fenómeno por el cual extremistas se sienten inspirados por una determinada situación (en este caso, el intento de secuestro del avión) y tratan de emularlo.
El serio problema al respecto es que eso no necesariamente se lleva a cabo con un despliegue enorme de una gran infraestructura, y puede tratarse de una iniciativa de un individuo que actúa en forma aislada, lo que también puede haber sido el caso de Fly Dubai.
Este punto también está por verse. Netanyahu dijo que se investiga si el copiloto estaba involucrado con Irán, lo que por ahora no se ha confirmado.
Sea como sea, diversos expertos de seguridad dicen que es imperioso analizar el hecho pensando en lo que podría haber ocurrido y no solamente en el hecho de que se evitó una catástrofe. Es indudable que lo sucedido requiere un ajuste en todas las medidas de seguridad, aunque al menos en Israel, y especialmente en su aerolínea nacional El Al, el control es estricto y la alerta es constante.
Pero, evidentemente, también aquí hubo fallas, y datos que se deberían haber tenido en cuenta fueron pasados por alto.
Esto nos recuerda una advertencia fundamental que solía recalcar el primer ministro Itzjak Rabin, en gran medida por sus años al frente de las Fuerzas de Defensa de Israel: "No podemos aceptar el concepto de que 'todo estará bien', como si los problemas se resolvieran por sí solos. Eso siempre es fuente de situaciones negativas".
Este ataque puede ser el inicio de una nueva etapa del terrorismo internacional y también en las exigencias al mundo libre. El mundo ya conoce la amenaza del secuestro de aviones. Israel lo vivió en repetidas ocasiones.
Un hito especial ocurrió hace cincuenta años, con el secuestro del avión de Air France con numerosos israelíes a bordo, desviado a Entebbe en Uganda por terroristas palestinos, y luego su heroico rescate por Israel el 4 de julio de 1976.
Un avión de Fly Dubai como el que se ha visto implicado en el ataque terrorista.
Y cómo olvidar las Torres Gemelas y el tercer avión sobre el Pentágono, hace veinticinco años. ¿Acaso alguien puede asegurar que en estos mismos instantes no haya alguien planeando algo similar?
Otro gran desafío es cómo garantizar que las buenas relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, importantes estratégicamente para ambos países, se mantengan a pesar de lo ocurrido.
Hasta que se revisen ciertos reglamentos y el modus operandi de los vuelos, parece que estos quedarán suspendidos. Cabe recordar que Fly Dubai tiene diez vuelos por día a Israel y que siguió volando también en épocas tensas de guerra, alarmas y misiles. Aquí nadie lo quiere alterar (salvo el terrorismo islamista, ya sea promovido por los sunitas de Catar o por los ayatolás de Irán).
Pero, ineludiblemente, al menos por un tiempo, la situación cambia.
Si el copiloto agresor tuvo algo que ver con elementos interesados en sabotear los Acuerdos de Abraham, en cuyo marco se estableció una importantísima relación estratégica entre los EAU e Israel, la investigación lo dirá. Que esos elementos existen es indudable.
Para terminar, un punto ambivalente.
Los israelíes que llegaron a Arabia Saudí contaron el muy buen trato que recibieron de los equipos locales. Eso es positivo. Por otro lado, Riad no permitió que los aviones israelíes volaran al reino para devolver a los israelíes a casa, lo que para Israel era importante simbólicamente.
Resulta bastante molesto que Arabia Saudí pida ayuda a Israel para lidiar con la amenaza de los hutíes y, por otro lado, no haya dado ese permiso a aviones israelíes.
Sea como sea, lo importante ahora es trabajar para que no se repita el intento de secuestro de un avión. Evidentemente, el problema central es cuando se trata de una iniciativa particular que se maquina en el cerebro del agresor, y más aún cuando es el propio copiloto.
Al menos, Israel puede respirar tranquilo por haber frustrado un ataque que podría haber terminado en tragedia.
*** Jana Beris es periodista.