León XIV junto al presidente francés, Emmanuel Macron, durante la visita del Papa a Francia, el pasado viernes.
León XIV le recordó a la Francia laica sus raíces católicas
El Papa recordó que el famoso lema "libertad, igualdad, fraternidad" encuentra en el mensaje evangélico una fuente de inspiración y plenitud.
El discurso de León XIV del pasado 25 de septiembre de 2026 ante las autoridades francesas puede leerse como una síntesis de cultura, dignidad humana, laicidad, educación, tecnología, fraternidad y paz.
Francia aparece ante él no solo como una nación europea, sino como un espacio histórico capaz de poner su tradición cultural al servicio de la humanidad.
En todo su discurso se articula un paso de la cultura a la persona, de la persona a la tecnología, de la tecnología a la ética, de la ética a la fraternidad y de la fraternidad a la paz desarmada y desarmante, para que el mundo tenga vida.
Comenzó el Papa agustino a presentar a Francia como un faro cultural, artístico y espiritual, la ciudad de la luz, además de ser sus raíces familiares normandas y bearnesas, que ha contribuido a forjar la inteligencia de los pueblos mediante la búsqueda de lo bello, lo bueno y lo verdadero.
La restauración de la catedral de Notre-Dame es un símbolo de una esperanza que renace, además de una hazaña técnica, que debe impulsar a todos a trabajar sin cesar con espíritu de unidad.
El cristianismo, la Ilustración y los derechos humanos es una historia de continuidad.
Así, su famoso lema "libertad, igualdad, fraternidad" contiene exigencias éticas universales, que encuentra en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y plenitud.
"Una sociedad verdaderamente libre, dice el Papa, no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias"
"Piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad", al decir de Juan Pablo II, fue la Declaración de los Derechos humanos, proclamados en París.
Retomando a Georges Bernanos y su propia encíclica, Magnifica humanitas (2026), León XIV señaló que la inteligencia artificial y la tecnología deben estar subordinadas a la dignidad, libertad y responsabilidad de la persona.
No se trata de rechazar el progreso, sino de orientarlo éticamente.
Una sociedad verdaderamente libre, dice el Papa citándose a sí mismo, no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias, previniendo las tendencias autoritarias y promoviendo un diálogo ético que enriquece el tejido social.
Es necesario formar conciencias libres en la era de la inteligencia artificial, reclamando un discernimiento ético capaz de distinguir el bien del mal.
La laicidad no debe excluir la religión del espacio público. León XIV utiliza la expresión “justa laicidad”, basada en el diálogo y la cooperación.
"El cristiano que participa en la vida pública desde su conciencia iluminada por la fe no debe ser considerado una amenaza para la unidad nacional; una Iglesia que pretende desinteresarse de las cuestiones temporales no completaría su vocación; y un presidente que pretendiera desinteresarse de la Iglesia y de los católicos faltaría a su deber", había señalado Emmanuel Macron ante los obispos de Francia en 2018.
Agradece el Papa de forma especial la contribución realizada por el Fondo para las Escuelas de Oriente, que ha permitido dar apoyo a siete universidades en el Líbano y la Universidad de Belén.
La solución frente a la guerra, ante la que no podemos quedar indiferentes, no es un equilibrio de fuerzas.
Pasa por una verdadera conversión del corazón y cambio de actitud, trabajar juntos con mayor empeño en la construcción de la civilización del amor, que cese la carrera de armamentos; el diálogo y la justicia, promoviendo el diálogo y la diplomacia; y por la vocación de Francia de seguir siendo un incansable artífice de paz y del multilateralismo, sobre todo, en nuestra querida Europa.
Deseó a este respecto el pontífice que su libertad crezca sin cesar en la búsqueda del bien común.
Que su fraternidad abrace a toda la humanidad.
Y que la igualdad a la que aspiran se establezca siempre sobre los cimientos de la justicia y de la caridad, sin suprimir las diferencias entre las personas, sino haciéndolas fructificar armoniosamente en beneficio de toda la sociedad.
*** Isaac González Marcos, OSA, es profesor de Historia de la Iglesia en la Facultad Teológica de Burgos.