Un grupo de venezolanos celebran la "caída del régimen de Maduro", en la Puerta del Sol, a 3 de enero de 2026, en Madrid.
Una visión optimista sobre el futuro de Venezuela
Delcy acabará en prisión o ejecutada. Toda la retahíla de cargos chavistas seguirán una suerte similar. Sólo se salvarán quienes sean útiles a Estados Unidos.
Nos informamos bien si leemos EL ESPAÑOL y atendemos fuentes cualificadas, pero también conviene aprender de la realidad en el supermercado.
Allí conocí esta semana a Rosa, quien lleva veinte años lejos de su tierra, donde trabajaba en un banco por un buen sueldo, tenía una casa preciosa y disfrutaba con su familia y amigos hasta que el régimen dictatorial la obligó a exiliarse.
Ella no estudió Derecho internacional, sino Economía, pero cree que sería justo que alguien le diera la oportunidad de regresar y abrazar a sus hermanos.
Hay casi ocho millones de venezolanos fuera de su país y más de trescientos cincuenta mil en España, diez veces más que hace una década. Desterrados por la situación política y económica en aquella tierra de promisión, tan rica y bella como siempre.
Entre la multitud de la diáspora hay muchos valientes perseguidos por defender la libertad, las ideas democráticas de progreso. Mujeres y hombres que desde el pasado sábado viven expectantes la evolución de los acontecimientos, con más paciencia y menos oportunismo que el mostrado por los presidentes Trump y Sánchez.
Donald Trump comparece junto a Marco Rubio. EP
Pero no sólo nos asombran los "líderes" del mundo libre. Sorprenden también por su miopía tantos "expertos" en redes poniendo el grito en el cielo por la detención de Maduro o la connivencia con Delcy, sin analizar apenas las proyecciones de medio y largo plazo de la operación, el engaño más que probable de la CIA a los maduristas y las prudentes declaraciones de María Corina Machado.
Cierta capacidad prospectiva también parece faltar en las cancillerías europeas e iberoamericanas, al menos cuando se pronuncian de cara a la opinión pública.
Nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores presenta un sesgo aún mayor en contraste con otros gobiernos europeos. Al escuchar sus pronunciamientos parece que el presidente de Estados Unidos fuera el responsable de la dictadura en Venezuela.
Se obvia que Maduro robó las elecciones y desde Caracas contaminaba con redes criminales el resto de la zona, alineado con Cuba y Nicaragua.
También en España, por cierto, financió movimientos políticos con las peores intenciones. Y habrá que investigar las conexiones financieras de las tramas de corrupción desveladas por la UCO con patrimonios ocultos en territorio bolivariano.
Para mostrar otra perspectiva española, ensayo una visión menos distorsionada de los acontecimientos previsibles.
Primero, Roma no paga traidores.
Segundo, la Constitución vigente y los poderes establecidos habrán de desmontarse antes de un año.
Tercero, el resultado no será muy distinto al que existía en Venezuela cuando el siglo pasado las petroleras estadounidenses explotaban el petróleo y pagaban un canon que alimentaba la corrupción y el buen vivir de las élites.
Cuarto, millones de personas volverán a sus casas, se reencontrarán con sus familias y no temerán ser aniquiladas por una tiranía depredadora.
"Sin el cambio constitucional no se puede hacer nada de lo que quiere la oposición democrática, ni tampoco es posible realizar los deseos del presidente Trump"
Delcy acabará en prisión o ejecutada, es su destino. Tendrá que decidir si empuña un arma para morir en combate, intenta huir o entrega las llaves de su patria al invasor, con la consiguiente ignominia.
Toda la retahíla de cargos chavistas o maduristas seguirán una suerte similar. Sólo se salvarán quienes sean útiles a Estados Unidos, muy pocos en realidad. Sin duda habrá un relevo de la cúpula militar eligiendo a los generales más inofensivos.
Nuevos políticos distintos a los anteriores abrirán un proceso constituyente tras consulta popular o elecciones no manipuladas. Sin el cambio constitucional no se puede hacer nada de lo que quiere la oposición democrática, ni tampoco es posible realizar los deseos del presidente Trump.
La CIA y sus analistas deben tener claro que este paso es imprescindible para dotar siquiera de una legitimidad aparente a todo lo que ocurra después. Siempre es así, y cuanto antes se haga, mejor será.
Entonces llegarán las inversiones masivas del capital estadounidense, compañías de petróleo, constructoras, el sector turístico y demás.
Muchos empresarios inteligentes comprenderán que es un buen momento para invertir en Venezuela. Ojalá sean sobre todo compatriotas en el extranjero deseosos de regresar, pero no lo harán hasta que Estados Unidos les aplique a Delcy y compañía la técnica de hervir la rana, cociéndolos poco a poco.
Ocho millones de personas es mucha gente. No todos volverán, pero sí al menos la mitad. Primero, los que están más cerca: en Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, por toda América. Luego, los residentes en países europeos.
Cuando ocurra, será muy emocionante. Imaginen que llevan sufriendo años sin poder abrazarse, entrar en las casas de sus padres, caminar por las hermosas playas de su Caribe, sentarse a charlar con los amigos de la infancia.
Miren, creo en el Derecho, una creación humana para que podamos convivir. También pienso en cada venezolana como Rosa y cada hombre como mis amigos Allan o Víctor, que llevan décadas lejos de su tierra por culpa de una gentuza delincuente que les arrebató todo.
Libertad, propiedad y dignidad humana son valores elementales de Derecho natural, la fuente de ese sentimiento universal de Justicia que inspiró desde el principio todo lo demás, desde el Ius Gentium hasta la Carta de Naciones Unidas. Vale.
*** Ricardo Rivero Ortega es catedrático de Derecho administrativo de la Universidad de Salamanca.